Coprolalia diputadil

Por Armando Cerrato 

Quizá inducida por el ruido extremo de vuvuzelas, silbatos y otros instrumentos productores de ruidos estrepitosos, a la diputada Olivia Marcela Zúniga del partido Libertad y Refundación (LIBRE), se le desató un fuerte ataque de “coprolalia” o “cacolalia” en contra de sus hermanos diputados de otros partidos políticos durante el desarrollo de sesiones del Congreso Móvil celebrado en Gracias, Lempira, en conmemoración anual a la identidad nacional, recordando la gesta heroica del cacique lenca “Lempira” que opuso resistencia guerrera a la colonización española.

“Coprolalia” o “cacolalia” es definida por la psicología general como la tendencia patológica a proferir obscenidades. La coprolalia también se puede relacionar con el síndrome denominado de “tourrete” que es caracterizado por uso sin control de palabras obscenas, comportamiento compulsivo e impulsividad.

El comportamiento fuera de tono contagió a otros bochincheros de LIBRE que en su afán agresivo intentaron dañar a los diputados de otros partidos y les salió el tiro por la culata porque Sergio Castellanos demostró ser un mal bombero al manipular un extintor y dañar con su contenido químico a varios de sus compañeros, enviando al hospital al más agresivo de todos, Edgardo Castro, alias “El Chele”, quien casi se asfixia al respirar fuerte cantidad de CO2 emanado del extintor.

Otros diputados de LIBRE resultaron golpeados por acción de guardias de seguridad del Poder Legislativo que protegían a los miembros directivos que estuvieron a punto de ser golpeados con sillas y otros instrumentos contundentes por un grupo de parlamentarios de LIBRE, que previo al inicio de la sesión ocuparon el estrado principal y eran arengados obscenamente por la hija de Berta Cáceres.

A los parlamentarios de LIBRE en insurrección legislativa hace más de dos meses no les interesó que en la agenda de la sesión que trataron de sabotear se estuviesen aprobando decretos para favorecer al magisterio nacional, al transporte y a los caficultores nacionales, todos ellos en serias dificultades económicas y sociales por efecto de la economía nacional, necesitada de las reformas planteadas para garantizar la subsistencia de miles de familias.

A los insurrectos legislativos sí les interesó apelar a la bondad, comprensión y desprendimiento conciliador del presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva Herrera, para que junto con el resto de su junta directiva les hiciese efectivo el pago por el tiempo no trabajado y los relajos constantes en el desarrollo de sesiones, en que incluso hubo intentos incendiarios en el hemiciclo.

La guardia del Congreso fue tratada de “perros hijos de p… y come m…” por la diputada Olivia, quien cree a pie juntillas que gritando “fuera JOH” va a provocar la renuncia del mandatario Juan Orlando Hernández Alvarado, a motivar a los entes investigadores nacionales a develar de una vez por todas quiénes fueron los autores intelectuales del asesinato de su madre Berta Oliva Cáceres, distinguida nacional e internacionalmente como feroz defensora del ambiente.

En la cárcel y siguiéndoseles juicio se encuentran varios de los autores materiales y supuestamente algunos intelectuales del asesinato de la ambientalista, quien se oponía fuertemente al desarrollo del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca.

Olivia Marcela Zúniga Cáceres ya ha protagonizado otros escándalos en Tegucigalpa y frente a las instalaciones de la Corte Suprema de Justicia, mientras en el interior se desarrollaban audiencias contra los supuestos asesinos de su madre; sin embargo, para varios analistas su indignación y su odio desmedido hacia la institucionalidad y las buenas costumbres no justifican sus ataques de “coprolalia” o “cacolalia”, o “síndrome de tourrete” y mucho menos su agresividad violenta y semiletal contra compañeros de “trabajo” en supuesto beneficio del pueblo en general, sin distingos de colores políticos, doctrinarios, de género, religión o etnia.

Licenciado en Periodismo