Por: Carlos López Contreras
A fines de los ochenta, Honduras desarrolló la industria de la maquila, la cual ha ofrecido más de cien mil empleos directos y otros indirectos, más la actividad económica correlacionada (servicios profesionales, bancarios, inmobiliarios, de la construcción, transporte, de comercio, etc.)
Ese desarrollo se debió a una legislación apropiada, respeto a los derechos adquiridos, al desarrollo de la infraestructura al menos en la costa norte, una mano de obra económicamente competitiva y con aptitud de ser eficiente, más un pacto de caballeros entre los dirigentes sindicales y el gobierno de evitar las huelgas en las nuevas empresas, porque esa es una industria en la que la puntualidad en el cumplimiento de los contratos con sus plazos de entrega son cruciales.
De la observancia de esos requisitos dependen la vida o la muerte de las empresas maquiladoras, y por supuesto los puestos de trabajo de los operarios, los ingresos de sus familias y la dinámica de la economía en general. Porque los distribuidores en el extranjero operan sobre la base de la eficiencia y la puntualidad en la entrega de las mercancías.
No admiten demoras por toma de carreteras.
La modalidad de entrega de mercancías a último minuto también está en relación a los cambios del gusto de los consumidores, lo cual significa que la empresa maquiladora debe tener el recurso humano capaz de adaptarse a esos cambios o fabricar nuevos productos.
La competitividad de la mano de obra, también depende de la actuación política del gobierno. Es aconsejable que funcionen las leyes del mercado en la maquila donde los salarios son más elevados que en otras actividades, resultando fácil encontrar su punto de equilibrio, favoreciendo la competitividad económica de la mano de obra y del país en el mercado global. La maquila es una actividad muy sensible y fundamentalmente orientada hacia la exportación.
En el fenómeno de la globalización, como en todo, hay países ganadores y países perdedores,
Se acepta sin discusión que, a escala mundial, el gran ganador de los últimos 30 años es China, con régimen comunista en lo político pero que, en el campo económico, el capitalismo ha tenido un desempeño envidiable. Y este fenómeno en gran medida se debe a la decisión política de la dirigencia de ese país que se apartó en lo económico de la ideología comunista y decidió “que no importa si el gato es negro o blanco; lo importante es que cace ratones”.
Y los chinos se preguntaron a sí mismos, ¿qué es lo que necesita el capital de inversión para que se establezca y produzca en China? Y la respuesta que arbitraron fue: “somos el país con una inmensa población con capacidad de producción eficiente y la más barata del mundo”.
Y así se volcaron en China inmensos capitales de inversión, tecnología, empleo y una dinámica económica con un crecimiento de 8, 9 y 10% anual de forma sostenida durante los últimos 25 años.
La República Popular China que a fines de los años 70 tenía un sector privado de 3 ó 4%, hoy representa más del 65% y con vocación de continuar creciendo, porque ha sido decisivo para sacar de la pobreza extrema a unos 300 millones de chinos.
¿Le habrá hecho daño la privatización?
El gobierno chino lo tiene muy claro: sostener su crecimiento y extender los beneficios al resto de su población depende de la educación, en todos los niveles, pre-escolar, primario, secundario y universitario.
Mientras en Honduras en la década de los 70, la Universidad estatal se oponía a la apertura de universidades privadas, en China, con el giro a su desarrollo que le dio el gobierno, promovió el ingreso de universidades extranjeras de Europa y Estados Unidos para que extendieran títulos como que lo hacían en sus países de origen. Porque China formaba buenos ingenieros y científicos, pero carecía de buenos administradores y buscó lo mejor que había en el mundo para formar profesionales en las escuelas de negocios.
¿Permitirán en China a los encapuchados que se tomen las universidades estatales o le prendan fuego a las comidas rápidas?
Otro fenómeno es el de Irlanda que, según el profesor Lester Thurow, habiendo sido pobre toda su vida, en comparación con los ingleses y el resto de los europeos, cuando entró en la Comunidad Económica Europea, luego convertida en la Unión Europea, también se preguntó, ¿por qué Irlanda no despega económicamente? Y se dio cuenta que tenía empresas modestas grabadas con el 40% de impuestos que multiplicado por cero daba cero. Entonces pensaron, “si ponemos cero de impuestos, multiplicado por cero, también da cero”1.
Y es lo que hicieron, induciendo a las empresas que querían establecerse en Europa a preferir Irlanda porque tenía cero impuestos sobre la renta y un promedio similar al resto de Europa en ingenieros, científicos y otras profesiones. Y llegó la inversión, la tecnología, muy buenos salarios y la dinamización de la economía al extremo de superar a los ingleses medios.
Yo creo que para que un país se desarrolle y crezca económicamente, debe conservar las actividades económicas en que es competitivo y buscar otras actividades que agregar y, además, incrementar el valor agregado de lo que ya produce.
Se ha criticado la maquila, calificándola como industria golondrina; que produce deformación en el trabajador; pero conviene recordar que, después del huracán Mitch, prácticamente solo la industria de la maquila continuó trabajando, produciendo y exportando y sosteniendo a las familias que dependían de esa actividad. No es ético, entonces, despreciar una actividad productiva con un discurso demagógico.
Profesor Lesther Thurow en San Diego, 2004.