Por: Marcio Enrique Sierra Mejía
Quienes opinamos a favor de la democracia en Honduras, como la forma de gobierno del Estado donde el poder es ejercido por el pueblo, mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de decisiones politicas para desarrollar nuestro país, enfrentamos dilemas reflexivos sobre las desigualdades estructurales que existen en el mercado sobre las que se sustenta actualmente, y que es una de las causales más incidentes, de los distintos escenarios social y económicamente conflictivos que nos demuestran, la débil y poca capacidad real de nuestra democracia, en la creación de espacios de participación democráticos, de la ciudadanía en general, al experimentar cotidianamente la negación de sus derechos fundamentales.
En tanto las desigualdades de ingresos y de capital persistan en grados desproporcionados en la democracia que estamos edificando, su efectividad como forma de organización política es dudosa, precisamente porque la democracia liberal, no logra demostrar la efectividad práctica del principio de igualdad que sustenta.
Estamos observando que en el mercado capitalista que, se rige por protocolos neoliberales, las desigualdades respecto al trabajo y respecto al capital alcanzan extremos ridículos y francamente desequilibrantes. Las desigualdades en los ingresos del trabajo y del capital vigentes en la época actual y en nuestra sociedad, que pueden medirse estadísticamente, demuestran desigualdades asombrosas, generando dudas sobre la democracia que estamos apoyando. En otras palabras, la suma total de los ingresos del trabajo y del capital se redistribuyen desfavorablemente en nuestra sociedad y afectan directamente el desarrollo democrático de los hondureños. Lo cual puede comprobarse, al medir estadísticamente la proporción relativa que representan los ingresos de diez altos funcionarios anualmente con respecto al presupuesto nacional, comparados con el volumen que absorben la masa salarial de segmentos de ingresos bajos de 1,000 funcionarios, por ejemplo. Similar situación ocurre con los ingresos de capital; la posesión de la riqueza en más del 40% se concentra en no más de siete grandes empresas.
Por otra parte, tales diferencias abismales se producen en condiciones de un mercado laboral que no da oportunidades laborales y está plagado de desempleados que caen progresivamente en un marginamiento estructural. Y precisamente, es esta masa de personas marginadas las que nutren el neopopulismo fomentado por las fuerzas politicas socialistas que estigmatizan a la democracia liberal y pregonan su desestabilización. Asimismo, también aprovechan la incidencia negativa que ejerce el crimen organizado y la debilidad del Estado de derecho para aumentar su deterioro. Tal parece, que la democracia de Honduras, se ha convertido en el eslabón débil de las democracias en América Latina, y que dada las condiciones “deficientes o hasta catastróficas” que privan en ella, el empeoramiento se hace posible.
El crecimiento económico de Honduras no nos lleva automáticamente a la estabilidad política y a un desarrollo social más equitativo. Da la impresión que el gobierno debe ocuparse con mayor tolerancia e inteligencia a estos temas específicos. De lo contrario, la situación política se hará “muy dispar” provocando que el proceso de cambio se estanque.
Enfrentamos una democracia “defectuosa” que requiere “cambios que apunten a fortalecer la democracia, los instrumentos jurídicos deben diseñarse y redactarse con responsabilidad legislativa y ejecutiva que a través de un lenguaje con enfoque de derechos humanos sean pertinentes para vigorizar el estado de derecho haciéndolo verdaderamente funcional en el sector de la población al cual se dirige” (Sosa Veroy, 2019).
Nuestra democracia como forma de organización política idónea para desarrollar a Honduras necesita ser corregida para que siga siendo la forma de organización política que nos cohesione socialmente y nos conduzca hacia una convivencia sana y pacífica.
Es imprescindible identificar los sesgos y desviaciones que la afectan tales como: la contradicción igualdad versus desigualdad; el conflicto político y sus puntos de vista diferentes; el pluralismo y su relación con la razón y la verdad; el uso y buen manejo del internet y las redes sociales; la fragmentación social y los compromisos segmentados, y finalmente, el proceso de modernización con relación a los procesos de descentralización, identidad nacional, la soberanía, el ejército, el currículo escolar y los símbolos.
Si el Estado de Honduras conjuntamente con la sociedad civil no son capaces de ofrecer a las mayorías mejores condiciones sociales; nuestros ciudadanos irán aumentando la pérdida de la confianza en las instituciones democráticas y debido a ello, el caldo de cultivo para los movimientos neopopulistas. En consecuencia, las élites politicas y empresariales tienen que dejar de ser reacias a introducir las reformas pertinentes para combatir la injusticia social.