Por: Ángela Marieta Sosa
Especialista en derechos humanos
Ilustrando brevemente el significado de tan común refrán, contaba Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843- Madrid, 1920, novelista, dramaturgo y articulista español, máximo representante de las corrientes realista y naturalista en la narrativa española) en sus episodios nacionales que, un día, Fernando VII se encontraba acompañado de su ayudante momentos antes de asistir a una importante reunión. Influido por el nerviosismo de querer vestir al monarca a toda prisa, el ayudante no atinaba a realizar correctamente su tarea, por lo que el rey le espetó: “Vísteme despacio que tengo prisa”, siendo esta frase hoy en día una más de nuestro refranero habitual.
También se les ha asignado esta frase a otros personajes históricos como Napoleón Bonaparte o Carlos III. Lo que sí parece un origen claro de esta frase, al menos en su sentido, es el mandato que el emperador romano Augusto le hacía a sus ayudantes: “Apresúrate lentamente”. Según Suetonio -un historiador romano posterior a Augusto- en su momento, el emperador aconsejó lo siguiente: “Caminad lentamente si queréis llegar más pronto a un trabajo bien hecho”.
Indistintamente de quien pronunciara estas palabras llenas de sentido común, “que no es tan común”, existe una característica circunstancial parecida tanto en Napoleón, Carlos III y Fernando VII, y es que los tres tenían poder público, bien sea como monarcas o gobernante, claramente preferían que las acciones se hicieran despacio pero seguras en su resultado, mas no rápidas y equivocadas, pues había que repetirlas gastándose el tiempo de manera ineficiente, finalmente podrían tardarse lo mismo, pero al hacerlo despacio garantizaban menos desgaste emocional para ambos (sastre y modelo).
Entonces, Honduras, está en un momento muy importante, en el que necesita estrategias políticas bien diseñadas, para poder accionar responsablemente, con un margen de error mínimo y con prevención de todos los escenarios posibles que se planteen, “despacio que tengo prisa” se traduce en el contexto actual, a la necesidad de que tanto el gobierno como la sociedad civil, tomen acciones conjuntas ante la coyuntura, pero, dentro de una visión pragmática que lleve la democracia convertida en oportunidad y solución, a cada hogar, a cada escuela, a cada hospital y que, busque la construcción de una cultura de paz y de respeto a los derechos humanos garantizados.
Factores en educación, salud, autonomía universitaria y hechos como la manipulación mediática, desinformación por redes sociales, manifestaciones violentas de inconformidad, que surgen como incómodas peleas con estilete, que son una evidencia de necesidad de atención y de propuestas de solución a corto, mediano y largo plazo.
No es de sabios políticos, creer que por la disminución de protestas y de asistentes a las calles para manifestarse, el problema estructural está resuelto, y sobre todo en el campus universitario, en donde las siete facultades por medio de sus juntas directivas de asociaciones de estudiantes, están asistiendo con mucha desconfianza, a una especie de grupos focales improvisados y propuestos por el rector, para que puedan expresar sus razones de inconformidad. El punto aquí es que los estudiantes no descartan una táctica distractora de las autoridades, que no han sido capaces de respetar los derechos de participación garantizados de los jóvenes y mucho menos de sostener la paz.
La democracia posee mecanismos de solución de conflicto que desde el gobierno se han estado implementado, sin embargo, deben fortalecer la estrategia de inclusión y selección de los participantes, mapeando líderes prosociales y líderes antagónicos para que se puedan sentar a negociar, mediar y conciliar con acuerdos concretos, factibles y realizables progresivamente.
Cuando el contexto político es apremiante y son necesarios los cambios que apuntan a fortalecer la democracia, los instrumentos jurídicos deben ser diseñados y redactados con la responsabilidad legislativa y ejecutiva que ameritan, utilizando un lenguaje con enfoque de derechos humanos que sea pertinente al derecho que se garantiza y que sea verdaderamente funcional en el sector de la población al cual se dirige.
Finalmente debemos comprender, lo importante de convencer a los que no creen, fácil es andar entre los afines haciendo más de lo mismo, el desafío aquí es, entrar a convencer en espacios y a las personas que no creen en la democracia, porque ya no la ven, ni la sienten como una solución a sus necesidades.