Mosquitos y diputados

Por: Benjamín Santos

Que no se sientan ofendidos los diputados ni los zancudos. El titular obedece a la necesidad de abordar en un solo artículo dos problemas que nos han preocupado en la semana que termina, un problema político con el Congreso Móvil y cuya sesión se realizó en Gracias Lempira, el otro problema es de salud con el aumento de los casos de dengue y otras enfermedades producidas por el zancudo. El único vínculo que veo entre ambas situaciones es que ocurrieron en la segunda semana de julio que estamos terminando, aunque puede haber otros.

El Congreso Móvil nos lleva a otra vinculación de carácter cívico. En el mes de julio se celebra la fiesta cívica dedicada al cacique Lempira y además por pura casualidad en ese lugar nació el Presidente de la República. Y digo por casualidad, porque nadie elige el lugar donde va a nacer. El Congreso como órgano del Estado y los diputados han merecido siempre de parte de la población un gran respeto. Antes acudían a las sesiones con frac que aumentaba la solemnidad de los actos y el respeto a los legisladores. Ahora los padres de la patria o patricios como se llamaban los integrantes del Senado romano por ser descendientes de los padres fundadores, se han ido despojando de esos atuendos y han quedado a veces peor vestidos que los mismos electores, excepto quienes todavía usan saco.

Pero además de los aspectos puramente externos, hay otras razones por las cuales la figura del legislador ha caído tan bajo en la opinión general: una de esas razones es haber sustituido la calidad por la popularidad como criterio de su elección, basta ser popular por alguna razón, aunque sea alejada del quehacer legislativo, para que se induzca a los ciudadanos a votar acudiendo generalmente a la solidaridad partidaria o a otras solidaridades menos la religiosa por el momento. Quizá la otra causa que tiene que ver también con los criterios de elección, es votar por personas vinculadas con actos de corrupción en los cargos desempeñados o la falta de honradez en su vida privada.

Lo que ocurrió en Gracias en la semana que termina tiene que ver con esas causas, porque en el mismo partido Libre que promueve la insurrección legislativa, hay diputados honorables así como hay otros que se exceden hasta parecer una chusma. ¿Cuál es el efecto a mediano y largo plazo de esa conducta? Además del desprestigio del Congreso y de los diputados, está la aprobación de decretos legislativos sin el debate previo que es indispensable para el conocimiento público y para el logro de sus objetivos. ¿Y recuerda usted, estimado lector cuál fue la causa de esa conducta? Pues exigir el nombramiento por el Congreso de los candidatos que propone Libre para integrar los nuevos órganos electorales. Ese objetivo no resiste una comparación en importancia con el propósito legislativo que se propuso en la agenda.

¿Y qué decir de los mosquitos? La proliferación de esos bichos en todo el territorio ha puesto manos arriba a las autoridades de salud que de todas maneras, aunque tarde, hacen lo que pueden. Igual que lo que pasa con los diputados el problema tiene que ver con la cultura. Si todos los hondureños tuviéramos el buen hábito de crear las condiciones para que el animalejo que produce el dengue no se reproduzca, no estaríamos amenazados con una epidemia generalizada. Aún amenazados como estamos por la pandemia, hay hondureños que se niegan a que fumiguen su casa cuando el deber de todo ciudadano es hacer lo que le corresponde a tiempo y con los medios adecuados. La pasividad frente al peligro aduciendo una fe ingenua que le deja todo a Dios, es parte de nuestra cultura.

¿Qué podemos hacer con diputados que actúan caprichosamente como niños y con mosquitos que actúan con toda libertad contra la salud de la población? Pues ya hemos adelantado que todo pasa por el nivel cultural. Hay que crear la cultura del aseo y el orden en la población para evitar la proliferación de las plagas y llevar la cultura política, que también es un conjunto de valores, principios y hábitos a los electores para que sepan seleccionar a quién integrar la clase dirigente del país. En ambos aspectos hemos retrocedido. Guerra a los malos diputados y a los mosquitos.

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