José María Leiva Leiva
El cine funciona como una herramienta de las ciencias sociales debido a que es un testimonio sobre fenómenos sociales, económicos, culturales y políticos. En este último campo, Luis Estrada Rodríguez, es hoy en día un cineasta incómodo y provocador, conocido por sus filmes de crítica abierta hacia el sistema político mexicano y los temas polémicos que giran alrededor de éste, contadas con sátira y humor negro. Así mismo, la crítica destaca como puntual antecedente “La sombra del caudillo”, considerada como “la película maldita del cine mexicano”, ya que estuvo censurada por 30 años, de 1960 a 1990.
La cinta dirigida por Julio Bracho, está basada en la novela de Martin Luis Guzmán, y narra de forma crítica la historia de una sucesión presidencial que ocurrió durante los primeros años posteriores a la Revolución mexicana en los años 20. Se afirma, que aunque los nombres de los personajes de la vida real fueron cambiados, su identificación en la película resulta evidente. En palabras de la columnista Jimena Lagunés, “La sombra del caudillo”, con 59 años de antigüedad, “muestra a una clase política muy parecida a la que retrata Luis Estrada en sus películas: Políticos en burdeles, con amantes, bebedores, el gusto por las cosas lujosas y sobre todo, la falta de escrúpulos para llegar al poder…

“Es alarmante, –concluye Lagunés-, que hayan pasado tantos años entre los acontecimientos de la época histórica narrados en el filme de Bracho y los mostrados en la actualidad por Estrada Rodríguez, y seguimos en la misma inestabilidad política, agravada por el surgimiento de nuevos partidos políticos, el narcotráfico y la mediocracia”. Desde luego, la crítica no se ahorró palabras para ensalzar la obra de Bracho, que lo encumbraría en la cima del cine de oro mexicano.
Y con justicia la calificó como “Un thriller político de una manufactura sobresaliente, dirigida con mano firme y montada con soberbia. El reparto entero borda cada uno de sus papeles. Los diálogos son brutalmente incisivos. Posee quizás las secuencias más valientes del cine latinoamericano de los sesentas. Una película con muchos pantalones. Trascendente y brillante ejercicio cinematográfico”.
En relación a Luis Estrada, sus obras “La Ley de Herodes” (1999), “Un mundo maravilloso” (2006), “El Infierno” (2010) y “La dictadura perfecta” (2014) son un testimonio acerca de la pobreza, la corrupción política, los torcidos mecanismos de poder, los medios de comunicación y el narcotráfico. Como ya se ha dicho en otras ocasiones, “obviamente se trata de una situación con claras connotaciones universales, pues va más allá de la realidad local mexicana, adquiriendo un tono de crítica al burocratismo, la corrupción y el funcionamiento de las instituciones del Estado al servicio de unos pocos privilegiados”.

“De hecho, sus historias se podrían haber ambientado en muchos otros lugares de la América Latina actual, con idénticos resultados”. En este sentido, hablamos de efectivas sátiras corrosivas que desnudan unas culturas politiqueras que conciben al Estado como botín”. Son culturas que entienden el acceso a la administración del estado como una oportunidad para robar y hacerse rico, y no como un servicio público a la ciudadanía. Sin duda, uno de los problemas más graves para el desarrollo y la reducción de la pobreza que enfrentan nuestros subdesarrollados países tienen que ver con este tipo de cultura y prácticas políticas, y Honduras no es la excepción.
Por otro lado, “El candidato” (2016), dirigida por Álvaro Velarde, hace referencia a los episodios más delirantes de la política peruana de los últimos años y a la vez nos muestra cómo los políticos están más preocupados por las promesas y el desprestigio de sus oponentes que en formular un plan de gobierno. Todo ello visto, en la carrera por la presidencia a la que optan cuatro contendores: un ex presidente con muchos anticuerpos; el corrupto que está en funciones y se quiere reelegir; un ingenuo académico y un ex militar con ínfulas de revolucionario.
Película divertida, subversiva e inteligente. Lo más increíble es que los personajes y situaciones están basados en la vida real. Por supuesto, tiene un mensaje continental que sirve para reflexionar sobre nuestras frágiles democracias y la tendencia cada vez más en alza a escoger caudillos en vez de ideas. Por último, en la cinta italiana “La hora del cambio”, del dúo cómico Salvatore Ficarra y Valentino Picone, asistimos a un pueblo imaginario de Sicilia que harto de vivir en un caos derivado de saltarse las normas de convivencia urbana y vecinal con la complicidad de su corrupto edil municipal, deciden por un cambio que se opera en los siguientes comicios electorales.

El candidato electo lleva orden y legalidad. Pero ello, ha sido solo un espejismo e intenciones tibias de los electores, ya que toda la ciudad e incluso el país entero están llenos de deshonestidad. Por ende, su política acaba siendo vista como una amenaza por los vecinos, que presionan para echarlo, haciendo que finalmente renuncie. El filme nos deja una ejemplar moraleja: ¡Cuidado! Pues a los que viven en el desorden, en la anarquía y la inmoralidad no les gusta que se les impongan reglas que dictaminen lo contrario. La manga de politiqueros del suelo patrio, están retratados en todas estas cintas. Es cuestión que las vean y se identifiquen con el siniestro personaje que les toca.