LAS escalofriantes cifras que suman cada día que pasa. La autoridad de salud –a través del Departamento de Epidemiología– registra 85 muertes sospechosas por dengue grave a nivel nacional, de estas, 48 fueron confirmadas a través de pruebas de laboratorio. La mayor parte de los fallecidos son niños. En las últimas horas se agregan a las estadísticas de muerte por dengue grave, la de un niño y una mujer. El niño ingresado a una clínica en Colón –informa la directora del hospital– “tenía seis días con dengue y cuando llegó, presentaba un cuadro avanzado de dengue grave y con signos de alarma; tenía una fuerte hemorragia y tuvo dos paradas cardíacas”. ¿Cómo fue que esta epidemia llegó a los niveles de tragedia y espanto de ahora? Pese a que la autoridad de salud asegura que hubo campaña anticipada para eliminar criaderos de zancudos. Ahora, cuando la epidemia es alarmante, suenan las bocinas de alerta en 128 municipios a lo largo de la geografía nacional que reportan alta incidencia de la enfermedad.
La alcaldía municipal del Distrito Central avisa que acaba de sacar una ordenanza que “a partir de la fecha multará a los propietarios de solares baldíos que sirvan de criaderos de zancudos transmisores de dengue”. Pero ¿por qué hasta ahora si eso debe ser responsabilidad desde siempre? Los propietarios de predios no ignoran que deben hacer limpieza y la autoridad municipal debe estar vigilante –en todo tiempo– que cumplan, tanto en lugares privados como públicos. Esta es una calamidad que ocurre todos los años, y nadie desconoce que así como el gobierno tiene obligación de enviar cuadrillas de fumigación, cada cual debe velar por la higiene y la salubridad en sus negocios y en sus propios domicilios. No solo hoy nos quejamos de la indolencia de vecinos de la ciudad que agarran la capital como si fuera un enorme basurero. Tiran desperdicios por todos lados. Desde sus vehículos particulares los propietarios, desde los buses y los taxis, conductores como pasajeros, van arrojando los desechos de lo que comen por las ventanas. La advertencia sobre la sanción a los terrenos ociosos, es “debido a la declaratoria de emergencia a nivel nacional por causa del dengue grave que ha cobrado la vida de 48 personas, una de ellas en la capital hondureña”. Cuando es obligación de todas las alcaldías, dentro de su circunscripción municipal, tomar providencias, enviando supervisores a distintas localidades neurálgicas, para aplicar las sanciones a los propietarios de predios abandonados, como organizar cuadrillas, junto a las brigadas sanitarias, asistiendo en la limpieza de áreas proclives a la contaminación.
“En las próximas siete semanas –anuncia la autoridad– los casos de dengue alcanzarán los picos más altos, por lo que la fumigación y las labores de limpieza para eliminar al zancudo transmisor de la enfermedad se intensificarán en los 20 municipios más afectados”. Acaban de habilitar jornadas nocturnas de fumigación. Les avisamos que por aquí no han pasado todavía. Todos los días salimos al patio con botes de Raid a espantar zancudos. Aunque pareciera que la plaga es resistente y más bien asume que es loción lo que estamos rociando. Cuando vengan con el veneno que los intoxique –así como el extintor ese con que se gasearon los mismos diputados en el Congreso Móvil– avisan. Para cerrar las ventanas de las casas y esconder los chuchos y otras mascotas. O cuando escuchemos el zumbido de las bombas de fumigación –contrario al zumbido de la nube de zancudos– con gusto les transmitimos la novedad que pasaron ya por estas colonias. Dicho lo anterior, el dengue no es broma. El dengue mata. Es una cruzada en la que todos deben poner su cuota de contribución.