QUÉ mala campaña le hacen estos uñas largas a los cientos de miles de hondureños que cruzaron la frontera y se ganan la vida honestamente. La policía del condado de Fort Bend, en Houston, Texas, acaba de desmantelar una banda de ladrones migrantes hondureños. Les seguían el rastro sospechosos de cometer una serie de robos en varios complejos de apartamentos de la ciudad. Este caso, dará pie a las generalizaciones. Generando una mala atmósfera a la comunidad de hondureños residentes en los Estados Unidos, desgraciadamente en el peor de los momentos, cuando los indocumentados pasan en vilo por la amenaza de deportación. Resulta que varios de los sujetos arrestados son reincidentes. Antes fueron deportados y volvieron a ingresar.
Los maleantes –según pesquisa realizada por la autoridad– operaban en banda, “monitoreando los condominios de la zona, en donde viven principalmente personas de origen indio, asiático y de Oriente Medio; esperaban que las residencias quedaran vacías y se metían a robar”. Ya habían afinado la táctica para cometer los atracos. “Los robos ocurrían entre las 9:00 de la mañana a las 2:00 de la tarde donde los sospechosos golpeaban las puertas, luego hacían palanca con un destornillador y saqueaban la casa en cuestión de minutos”.
Decimos que este caso de la banda de hondureños es penoso además de inoportuno, ya que seguramente será utilizado como ejemplo para señalar indebidamente a compatriotas esforzados, trabajadores y decentes que ya días están en el limbo. Así como fue utilizado ese caso de la tal “Lady Frijoles”, que al propagarse un video quejándose de la ración de frijoles que le dieron en su trayecto, lo interpretaron los mexicanos como muestra de desagradecimiento a la solidaridad que, hasta ese momento, mostraban a las caravanas. De una actitud gentil, al inicio, aquello se fue tornando en manifestaciones hostiles hacia las romerías. Ahora que AMLO negoció con POTUS hacer del territorio mexicano una gran muralla de contención, a cambio de evitar las sanciones arancelarias, la travesía de los migrantes hacia la “tierra prometida” se ha vuelto una infernal pesadilla. Mientras le duró la fama a “Lady Frijoles” –objeto de la sorna en corridos mexicanos– celebraba la gracia de su repentina notoriedad. Hasta que fue arrestada y separada de sus hijos acusada de supuestas amenazas a la arrendadora de la casa donde pernoctaba. En un acuerdo alcanzado con la fiscalía, se declaró culpable “de agredir a la mujer que le rentaba la vivienda en Houston, Texas”.
Con ello evita un juicio en que se jugaba hasta 20 años de cárcel, a cambio de la confesión, una multa de $1,000 y la obligación de tomar un curso para controlar la ira; debiendo además mantenerse alejada sin establecer contacto con la víctima”. La doñita, entre lágrimas, le dijo a la juez que “su único deseo era estar con sus hijas y regresar a Honduras”. Retomando el caso de la banda de rateros hondureños. Uno de ellos, que ya había sido deportado, a las semanas de haber reingresado le picaban las manos por delinquir y ya andaba en las mismas pillerías. Ya tienen otro caso emblemático que mostrar. “Es simplemente asombroso –comentó el alguacil– que la deportación no le impidió a los seis sospechosos regresar a este país ilegalmente una y otra vez y sin vergüenza cometer crimen tras crimen”. “Se necesita hacer algo con respecto a nuestra seguridad fronteriza”. Triste para la comunidad hondureña. A causa de esos que ensucian la imagen nacional sin consideración alguna a los cientos de miles de sus compatriotas a los que dañan.