Por Carlos López Contreras
Ex Canciller de la República
En Honduras se habla mucho el inglés, en parte porque es el país centroamericano con mayor número de escuelas bilingües; con esa base, desde 1990 hubiera sido tan fácil y económico capacitar para la producción a nuestra juventud para disponer de una mano de obra calificada que nos habilitara para disfrutar de las mismas oportunidades que otros países dentro y fuera de la región, en el campo de la maquila con mayor valor agregado. De esta suerte, habríamos podido atraer también una parte de los llamados “call centers” que ya aparecían en la visión futurista de don Juan Canahuati.
Lo anterior no significa que nuestra juventud quedaría confinada a la maquila, que es el punto de arranque de la industrialización. Porque los jóvenes con urgencia inaplazable de emprender la aventura intelectual y de coronar una profesión universitaria, su trabajo de transición en la maquila o en los “call centers” les brindarían la base económica para pagar sus estudios y, simultáneamente, Honduras avanzaría en su crecimiento, desarrollo económico y mejora social.
Michael Porter, profesor de la Escuela de Negocios en Harvard es una autoridad sobre el mercado global, donde las personas y empresas productoras de mercancías o proveedores de servicios, tienen que aspirar a ser el mejor en su campo; especializarse y ofrecer el mejor producto al menor precio o el mejor servicio, igualmente a precio competitivo, porque es la única posibilidad de supervivencia en un mercado competitivo a escala global.
Quizás los hondureños todavía no nos hemos enterado plenamente de esta realidad. Pero según Porter, ya pasó la época en que un empresario podía tener un banco, un periódico, una línea aérea, una hacienda ganadera y, además, bienes raíces; ya pasó esa época, porque ahora ese empresario no será eficiente en todas sus actividades. Hay que estar conscientes que con la competencia que se viene encima o que ya está encima, cada quien tiene que identificar cuál es su campo de especialidad, aquél en el que nadie lo puede superar o donde la competencia será muy reñida; y que debe cerrar aquellas actividades donde se ve desbordado por la competencia o que, si no lo hace, ese empresario o su descendencia terminarán siendo empleados de la competencia que los absorberá.
Con el mercado global, ya no existe el mercado cautivo. Todos competimos por calidad y precio.
Cada país tiene que identificar sus ventajas comparativas. Y en aquello en que es competitivo, establecer la cooperación de las empresas en cadena o “clusters”, no de negocios aislados.
Cita, por ejemplo, el caso de Italia donde están bien organizados los clusters. Italia, por ejemplo, tiene una buena industria ganadera que produce leche y productos lácteos de óptima calidad con precios remunerativos; a su vez, la calidad de la carne kianine tiene fama mundial; la piel del ganado es procesada en curtiembres de insuperable calidad, la cual surte la industria del calzado que tiene una de las calidades artesanales con pocos competidores en el mundo; Italia tiene, además, los diseñadores que marcan la moda en calzado, vestimenta de piel, y en todas las manifestaciones de la moda; y, como si fuera poco, tiene en Milán, el espectáculo de las pasarelas de la última moda, solo compitiendo con París y Londres. Y sirviéndole como un marco general, está la industria turística italiana que también es una de las más desarrolladas del mundo.
También cita el profesor Porter el caso de Bélgica, donde se producen alrededor de 500 tipos de cervezas y todas tienen sus consumidores porque son especialistas en su campo.
En un mundo globalizado, los hondureños tenemos que verificar en qué tenemos ventajas comparativas, en qué especialidades le haremos la competencia muy reñida a otros países. Tenemos que descubrir los nichos donde los hondureños somos predominantes.
Y acompañando estas investigaciones, la capacitación para la producción y la formación de nuestra niñez y juventud con una educación de calidad para el futuro.
Solo así podremos superar nuestro subdesarrollo y subirnos en la plataforma del futuro, que nos conduzca al bienestar, pleno empleo y paz social.