“En campos de Flanders” 2/2

Por Francisco Zepeda Andino
Cnel. ® FAH

Cuando nos referimos en al artículo anterior a la insensatez e inutilidad de una guerra, debemos recordar que el próximo 14 de julio se cumplirán 50 años del día cuando la República de El Salvador nos agredió militarmente. Cabe preguntar: ¿Qué ganó o que ventaja obtuvieron los salvadoreños con el conflicto? Ninguna. Los más de 100 soldados hondureños muertos en combate y otros varios cienes de civiles asesinados por la tropa invasora, no murieron en vano. Defendían su tierra como era su deber.

El Cementerio Militar alemán Langemark es uno de los más impresionantes del área. Guarda los restos de 44,000 soldados y 7,000 todavía no han podido ser identificados. No hay lápidas individuales como se estila en otros cementerios sino que en cada fosa yacen hasta 20 combatientes y así están grabados sus nombres en las placas de granito negro con letras blancas. Honduras tiene una deuda pendiente al no haber hecho esfuerzo alguno por recobrar los restos de los humildes y bravos soldados caídos en julio, 1969 y darles el honor y descanso que merecen.

Otro distintivo muy especial de Langemark es tener 3,000 tumbas de los llamados “estudiantes”. Eran los jóvenes de escuelas secundarias, entre 15 y 18 años, azuzados por profesores de extremo nacionalismo, que los empujaban a presentarse voluntariamente, para defender la madre patria, sin tomar en consideración lo cruel y mortal de la guerra. Se les dio el nombre de “Kriegsfreiwilliger” o “voluntarios de guerra”. El escritor alemán Erich María Remarque describe lo anterior en la novela “Sin novedad en el frente”, basada en su experiencia personal al haber sido reclutado a sus 18 años, herido en combate y retirado del frente.

En el cementerio también destacan cuatro esculturas juntas de tres soldados y un civil, representando a los muertos en el conflicto.

El “Memorial Puerta de Menin a los Desaparecidos”, ubicada en Ypres, es el tributo a las tropas inglesas, australianas, canadienses, de la India, sur-africanas e Indias Occidentales, cuyos 55,000 nombres están grabados en sus paredes y se desconoce dónde descansan sus restos. Especial mención se debe dar al nombre del teniente escocés Walter Scott Stuart Lyon, poeta, caído en combate el 8 de mayo, 1915, y de una familia con 5 hermanos, 3 murieron durante la guerra. Todavía se siguen encontrando restos humanos en los campos de Flanders y si son identificados, su nombre es retirado del Memorial.

La crueldad humana no tiene límites. El uso de gas venenoso, cloro, fosgeno y gas mostaza, no solo fue usado por los alemanes sino también por franceses e ingleses. No hay un dato exacto de cuántos civiles y militares murieron a consecuencia de ataques con gas en la Primera Guerra Mundial, pero se estima una cifra de entre 30,000 a 90,000 y si creemos que es cosa del pasado, Siria e Irak están allí para recobrar la memoria.

¿Por qué los feroces ataques y contraataques en el área de Ypres? El plan de ataque alemán (Schlieffen) contemplaba un avance fulminante por la parte norte de Francia, evadiendo el grueso del ejército francés concentrado en el área centro-sur de Francia. Para ejecutar su plan, los alemanes pidieron a Bélgica dejar pasar sus tropas hacia la frontera francesa y al negarse estos, en un ataque sorpresivo y vertiginoso comenzado el 4 de agosto, avasallan Bélgica y Luxemburgo, llegando a las cercanías fronterizas, pero son detenidos en la “Saliente de Ypres”. A mediados de septiembre, 1914, los alemanes logran llegar hasta 70 kilómetros de París, pero no logran sobrepasar la línea de defensa en los campos de Flanders y la guerra adquiere la infame característica de “la guerra de trincheras”, con “su punto máximo de brutalidad y mortalidad”, extendiéndose desde el Mar del Norte hasta la frontera de Suiza.

La posición estratégica del pueblecito de Ypres, en los campos de Flanders, lo convirtió en escenario de uno de los capítulos más sangrientos en la Primera Guerra Mundial.

El “Museo de la Guerra”, localizado en Viena, Austria, tiene una inscripción que dice: “La guerra pertenece solo a museos”.

“Lleva la pelea a tu enemigo:
a ti de tus manos cayendo nosotros tiramos
la antorcha; sea tuya y levantes en alto
si tú pierdes fe en nosotros que morimos
no dormiremos, aun si amapolas crecen
en campos de Flanders”.
John McCrae, (1872-1918).