Por Rafael Jerez Moreno
Twitter: @RafaJerezHn
Aspiraciones e ideales son el norte de aquellos a los que se les denomina ilusos e idealistas. Estos pasan a un segundo plano si no se acoplan al realismo del “así funcionan las cosas”. Pragmáticos. De cualquier manera, en ambos casos, si nos remitimos a lo que se dice públicamente, no hay puntos de discordia en el bien que todos dicen querer para el país. Si se pasara del dicho al hecho cuántas cosas se habrían hecho.
La preocupante diferencia entre lo que es y lo que creo, ha generado un sempiterno campo de batalla que ha trascendido la clásica rivalidad entre políticos y ciudadanos. Todos contra todos. Aunque los hechos estén claramente expuestos en la mesa, creo lo que quiero creer porque es conveniente para mí, aun cuando sé que no es lo mejor para el país, y así lo haré saber porque entre más personas piensen como yo, una mentira repetida muchas veces, en verdad se convertirá. No solo los partidos políticos se han comportado así. A medida que la crisis extiende sus tentáculos más actores alzan su voz, lo que antes defendían o callaban ya no es potable para sus intereses, es ahí cuando lo que creo encuentra en lo que es, un aliado coyuntural.
La abrumadora carga que trae consigo el presente ha producido un borrón y cuenta nueva en la memoria histórica del hondureño. No recordamos -o no queremos recordar- de dónde venimos, nos preocupamos excesivamente por lo que tenemos de frente, sin comprender que lo se viene unas cuadras más adelante es igual de importante. Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Nosotros somos aficionados incondicionales de ver la misma película, una y otra vez. Se nos olvida que el elenco ha sido el mismo, los actores y actrices solamente han cambiado de papel. Pero más importante todavía es, comprender que un circo sin audiencia no sobrevive, y no solo se trata de que cada uno abra los ojos, sino de entender que hay personas que, por muy nobles que sean, el sistema les impedirá tan siquiera querer abrirlos. Y en lugar de ayudarles, nos empeñamos en empobrecerlos más, porque entre menos piensen, menos competencia habrá.
Quizás para cuando usted esté leyendo estas palabras estaremos atravesando otro episodio de crisis, o quizás no, lo único cierto en estas épocas convulsas es la incertidumbre. No sabemos qué futuro nos espera pero sí sabemos en manos de quién está ese futuro. Y es en ese momento que tendremos que reflexionar sobre lo que debe ser. Aunque queramos evitarlo, lo que fue es inmutable, lo que es todo lo conocemos y lo que debe ser lo tenemos claro. Podremos caminar hacia el cambio del que siempre hablamos cuando seamos consecuentes entre lo que creamos, lo que queremos y lo que hacemos. O simplemente, cuando entendamos que vivimos en sociedad. Al final, patria no solo soy yo, ni es solamente usted. Somos, y así debemos trabajar.