POR si ya olvidaron cómo el maleficio económico, el FMI y sus tías las zanatas tumban gobiernos. Lo que quizás recuerdan muchos argentinos ahora con la noticia del fallecimiento del expresidente Fernando de la Rúa sea cuando el líder de la Unión Cívica Radical, dejaba el poder marchándose en helicóptero de la Casa Rosada. La crisis se desencadenó rápidamente. Una recesión heredada. El escandaloso retiro en las cuentas de ahorro en el diciembre negro, de multitudes temerosas a perder su dinero. El “corralito” impuesto por el gobierno queriendo evitar la fuga masiva de capitales. Para lidiar con el grave deterioro económico el FMI exigía al gobierno medidas de ajuste draconianas a cambio de un “blindaje” destinado a alejar el fantasma del cese de pagos. El FMI suspende un préstamo millonario al gobierno por incumplimiento de las reformas económicas.
Una huelga general arrincona al gobierno. Desbordadas las protestas y la represión en las calles y una tendalada de muertos, el gobierno, queriendo evitar los saqueos a los comercios y los asaltos a los edificios públicos, impone el estado de sitio. La dimisión, produjo la sucesión de cinco presidentes en menos de dos semanas. A los meses de asumir el peronista Néstor Kirchner –de manos del otro peronista que fungió en el período provisional– con una irónica mueca de un beso y un leve movimiento de la mano gesticulando un “chau” al Fondo Monetario, con un solo pago de $9,800 millones, cancela lo adeudado al organismo internacional. Por supuesto que esa no era ni la ínfima parte de la deuda externa argentina, pero el solo gesto cayó en la sociedad como esperado alivio. Néstor ya había anunciado la reestructuración de deuda en Dubái quitándose de encima dos terceras partes de los acreedores. Pasaron 10 años de distanciamiento entre los Kirchner y el FMI. Se dijo que los recursos salieron de las reservas del banco central, sin embargo lo que se mantuvo discreto fue que su socio venezolano y líder de la revolución de siglo XXI, compró bonos argentinos excediendo la suma de $5,600 millones. ¿Semblanzas de solidaridad o de caridad? Quién sabe. El economista Lucas Llach explica cómo funcionaba la “bicicleta chavista” como un “próspero negocio en Caracas”. “El gobierno venezolano compraba los bonos argentinos y luego les pedía a algunos bancos de inversión (elegidos a dedo) que le estructuraran una nota. Una nota es un bono cuyo rendimiento dependía, en este caso, de la canasta de bonos que el gobierno venezolano compró”.
“Luego de que esa nota estaba estructurada, el gobierno venezolano se la vendía a los bancos de Venezuela al tipo de cambio oficial por cada dólar más una prima. Aunque los bonos estaban nominados en dólares, la nota se pagaba en bolívares, con lo cual la excusa para hacer esta transacción era absorber bolívares y mantener viva la cotización del dólar paralelo”. “Cuando los “bancos elegidos” compraban la nota, lo que hacían era traspasarla a una cuenta de valores en el exterior. Lo que existe en Venezuela es control de cambios, pero no controles sobre los activos financieros, con lo cual nada ilegal estaba sucediendo”. “Una vez que la nota estaba en una cuenta en el exterior, el banco elegido vendía la nota al banco de inversión que la reestructuró al tipo de cambio paralelo, ganándose en la operación la diferencia entre el cambio oficial y el paralelo. El banco de inversión solo es un intermediario del gobierno, y por ello gana su comisión correspondiente por estructurar y gestionar la liquidez del papel”. En Argentina el velatorio del exmandatario coincidió con el día de la independencia. Macri, sin pronunciar palabra alguna, acudió después de encabezar los desfiles. Colorín colorado, hasta aquí el cuento del helicóptero y la bicicleta.