Por José María Leiva Leiva
No son pocas las películas que retratan los temas de denuncia social y política. En palabras de la columnista mexicana Jimena Lagunés escritas en Twitter, “el poder del cine como medio masivo, no ha mermado, ha evolucionado”. Para el caso, considera que la censura cinematográfica más bien da popularidad envés de contrarrestar. Cita como ejemplo, la película “La sombra del caudillo”, dirigida por Julio Bracho en 1960, aunque se estrenó hasta 1990 en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
Basada en la novela de Martin Luis Guzmán, la película “contó con el apoyo del gobierno para su filmación, pues se les permitió utilizar las locaciones del Castillo de Chapultepec y la Cámara de Diputados”. La película relata como el presidente elije al sucesor presidencial “sin importar los asesinatos políticos que tengan que realizarse para conservar el poder, en complicidad de los medios escritos, políticos y generales”.
En la actualidad, Jimena Lagunés, en relación a esta denuncia social y política, cita las obras de Luis Estrada, que han intentado ser censuradas en vano. “Estrada -dice-, utiliza la sátira como pretexto para denunciar y suavizar el mal gusto de la clase política mexicana”. Se refiere en concreto a “La ley de Herodes” (1999), “El Infierno” (2010) y “La dictadura perfecta” (2014). Películas que “reflejan cómo se unen los mecanismos de poder, los políticos, los medios de comunicación y el narcotráfico por la corrupción”.
Agrega Lagunés, que “La sombra del caudillo”, con 59 años de antigüedad, “muestra a una clase política muy parecida a la que retrata Luis Estrada: Políticos en burdeles, con amantes, bebedores, el gusto por las cosas lujosas y sobre todo, la falta de escrúpulos para llegar al poder… es alarmante que hayan pasado tantos años entre los acontecimientos de la época postrevolucionaria narrados en el filme de Bracho y los mostrados en la actualidad por Estrada, y seguimos en la misma inestabilidad política, agravada por el surgimiento de nuevos partidos políticos, el narcotráfico y la mediocracia”.
Como ya se ha dicho en otras ocasiones, “obviamente se trata de una situación con claras connotaciones universales, pues va más allá de la realidad local mexicana, adquiriendo un tono de crítica al burocratismo, la corrupción y el funcionamiento de las instituciones del Estado al servicio de unos pocos privilegiados. De hecho, sus historias se podrían haber ambientado en muchos otros lugares de la América Latina actual, con idénticos resultados”. En este sentido, hablamos de efectivas sátiras corrosivas que desnudan unas culturas politiqueras que conciben al Estado como botín”.
Son culturas que entienden el acceso a la administración del Estado como una oportunidad para robar y hacerse rico, y no como un servicio público a la ciudadanía. Sin duda, uno de los problemas más graves para el desarrollo y la reducción de la pobreza que enfrentan nuestros subesarrollados países tienen que ver con este tipo de cultura y prácticas políticas, y Honduras no es la excepción.
Por otro lado, “El candidato” (2016), dirigida por Álvaro Velarde, hace referencia a los episodios más delirantes de la política peruana de los últimos años y a la vez nos muestra cómo los políticos están más preocupados por las promesas y el desprestigio de sus oponentes que en formular un plan de gobierno. Todo ello visto, en la carrera por la presidencia a la que optan cuatro contendores: un expresidente con muchos anticuerpos; el corrupto que está en funciones y se quiere reelegir; un ingenuo académico y un exmilitar con ínfulas de revolucionario.
Película divertida, subversiva e inteligente. Lo más increíble es que los personajes y situaciones estén basados en la vida real. Por supuesto, tiene un mensaje continental que sirve para reflexionar sobre nuestras frágiles democracias y la tendencia cada vez más en alza a escoger caudillos en vez de ideas. Por último, en la cinta italiana “La hora del cambio”, del dúo cómico Salvatore Ficarra y Valentino Picone, asistimos a un pueblo imaginario de Sicilia que harto de vivir en un caos derivado de saltarse las normas de convivencia urbana y vecinal con la complicidad de su corrupto edil municipal, deciden por un cambio que se opera en los siguientes comicios electorales.
El candidato electo lleva orden y legalidad. Pero ello, ha sido solo un espejismo e intenciones tibias de los electores, ya que toda la ciudad e incluso el país entero están llenos de deshonestidad. Por ende, su política acaba siendo vista como una amenaza por los vecinos, que presionan para echarlo, haciendo que finalmente renuncie. El filme nos deja una ejemplar moraleja: ¡Cuidado! Pues a los que viven en el desorden, en la anarquía y la inmoralidad no les gusta que se les impongan reglas que dictaminen lo contrario. La manga de politiqueros del suelo patrio, están retratados en todas estas cintas. Es cuestión que las vean y se identifiquen con el siniestro personaje que les toca.