El esplendor de la ciudad colonial de Gracias, Lempira: A los pioneros del Festival Internacional de Poesía en Los Confines

Rubén Darío Paz*

Durante el intrincado proceso colonial, a esta sección geográfica inicialmente se le designó como Gracias a Dios y abarcaba un área extensa del occidente de Honduras, tanto que, en fechas posteriores al momento de reorganizar la política administrativa del siglo XIX, de los dominios de Gracias a Dios, se adjudicaron tierras para crear tres nuevos departamentos La Paz, Copán e Intibucá.

El ahora departamento de Lempira, tiene 28 municipios, algunos son referentes por su trayectoria como Erandique, en parte porque en sus cercanías se encuentran los sitios de Piedra Parada, Congolón y Coyucutena, vinculados a la historia de la resistencia indígena colonial. Algunas minas de ópalos en sus dominios, también le han generado notoriedad, aunque escasos dividendos. Destacan en el casco urbano de Erandique, el dinamismo de sus habitantes, una plaza comercial sustancial, además de ser uno de los pocos pueblos de Honduras, que conservan tres iglesias coloniales y un cementerio indígena en el barrio Gualmaca en funcionamiento. Piraera, La Campa, San Manuel de Colohete, San Sebastián, San Andrés, San Francisco, Santa Cruz, La Iguala, Belén, Tambla y San Marcos Caiquín, tienen iglesias sorprendentes, algunas con elementos propios del estilo barroco provincial. Gualcinse, además de ser un antiguo referente, conserva una iglesia particular, su torre central está adornada con platos de losa, tan similares a la iglesia de Suchitoto en las cercanías de la ciudad de San Salvador en el vecino país.

Candelaria, Virginia, Mapulaca, La Virtud, Valladolid, Tambla, Guarita, San Juan Guarita, Tomalá, Talgua y Cololaca, conocidos como “pueblos de la frontera”, lentamente han experimentado ciertos cambios. Valiosos proyectos de inversión se han llevado a cabo, su comercio casi siempre es sabático. Numerosas familias han emigrado sobre todo por condiciones climáticas de precariedad, impactos más visibles en rubros como la agricultura de subsistencia.

En el otro extremo La Unión, San Rafael, Lepaera, Las Flores más la ciudad de Gracias complementan los 28 municipios del departamento. En los primeros tres destaca el rubro cafetalero, sin embargo, es notoria la pujanza comercial y el crecimiento que muestra Lepaera, convertida en las últimas décadas como la segunda ciudad del departamento.

Gracias; su cabecera
Durante muchas décadas los pobladores únicamente designaron al departamento como “Gracias”, pero fue durante la dictadura de Carías Andino, que se le señaló como departamento de Lempira.

La actual ciudad de Gracias, fundada inicialmente como Gracias a Dios, en una clara remembranza del fervor católico imperante entre los conquistadores españoles del siglo XVI.

Su ubicación privilegiada, plagada de buenas tierras, fuentes de aguas y otros recursos naturales abundantes, más el hecho de estar equidistante entre dos grandes centros poblacionales como Guatemala y Comayagua, durante el largo periodo colonial, le dieron a Gracias mucho renombre, con mayor incidencia entre el siglo XVIII y XIX, justo cuando se construyeron la mayoría de edificaciones religiosas y civiles que le dan un carácter imponente a la mencionada ciudad.

Gracias, es una de las primeras villas fundadas en el occidente de Honduras, aunque de los sitios originales donde sucedió dicha acción, apenas quedan restos arqueológicos, algunos camino a San Juan de Opoa, otros en las sinuosas riberas del río Higuito, sin que se hayan realizado estudios que nos ofrezcan precisión. Inéditos aportes vinculantes a una serie de encomenderos se destacan en el libro de Marie Leroy; Gracias (1536-1700); del centro a la periferia.

La ciudad actual ocupa una ligera planicie en las proximidades de lo que ahora se conoce como La Reserva de Hombre y de la Biosfera Cacique Lempira, Señor de las Montañas, categoría recientemente otorgada por la Unesco. Se trata de un área que comprende 168,634.01 hectáreas y se extiende entre los departamentos de Lempira, Copán y Ocotepeque, igual de importante es el hecho de que ahí se encuentran los cerros de mayor elevación en el país.

Este importante reservorio natural, cuenta con bosque nublado y coníferas de altura, más un sistema hídrico que comprende nueve microcuencas. Su diversidad biológica y abundantes ecosistemas, le convierten en un sitio favorable para el ecoturismo, avistamiento de aves y por supuesto en un lugar atractivo para la investigación científica. A pesar de una serie de ventajas, también es cierto que aún sus pobladores en su mayoría, desconocen la trascendencia de ser un habitante de la biosfera o al menos vivir en sus proximidades. Hacen faltan programas que orienten y difundan la diversidad de los recursos existentes, al igual de la implementación de estrategias responsables que les permitan a los educadores hacer conciencia de lo que se tiene.

Ciudad de plano en parrilla
La tradición urbanística española se refleja en el plano renacentista que aún conserva la ciudad de Gracias. Amplias avenidas y calles parten desde una “gran plaza mayor” y en uno de los costados la iglesia dedicada al patrón San Marcos Evangelista. De manera transitoria la villa fue sede de la Audiencia de los Confines y por ello el extinto maestro Martínez Castillo sostenía, “para 1543 la Villa adquirió la categoría de ciudad, por residir en ella una pequeña corte compuesta por la familia del adelantado don Francisco de Montejo, de manera efímera la ciudad de Gracias fue sede del más alto tribunal de justicia denominado Audiencia de los Confines, que dejó de funcionar para 1547”.

La plaza principal o parque Ramón Rosa
Es de dimensiones considerables, amplias avenidas y reforestado. Se destaca un quiosco que luce restaurado, ahí funciona la oficina de información turística. En una de sus esquinas a manera de homenaje se levanta una escultura al héroe indígena Lempira.

Se encuentra en dicho parque un monumento al escritor Jeremías Cisneros, escultura en busto, elaborada por algún principiante, sin mayores esfuerzos estéticos y no creo que sea digna de tan distinguido intelectual. Sería oportuno, replantear por parte de las autoridades educativas o un grupo de docentes, la creación de un monumento distinto, ahora que Honduras han surgido otros talentosos escultores. En los parques y plazas de Honduras son frecuentes los monumentos a la Madre y a Francisco Morazán, sin embargo, pocos alcanzan calidad estética. Cuesta creer que no haya un reglamento de selección por parte de las autoridades o gobiernos locales, para instalar “monumentos” en lugares públicos.

Su alcaldía municipal
En el otro extremo del parque central y calle de por medio, se erigió la Alcaldía Municipal. Edificio elegante de una sola planta, entejado a dos aguas y dos fachadas neoclásicas, tan frecuentes en Honduras a mediados del siglo XIX. El inmueble advierte todo un proceso de remodelación, su interior exhibe dos corredores espaciosos en forma de L, y aún conserva las subdivisiones iniciales. Destaca en su fachada principal a manera de homenaje la siguiente leyenda “La Corporación Municipal de la Ciudad de Gracias al Capitán Juan de Chávez”. (Homenaje de administración 1536 – 1936).

La iglesia y su incidencia
La presencia temprana de la Iglesia Católica quedó evidenciada desde el momento en que se organizaron los primeros barrios y a la fecha se conservan nombres de tradición católica como: San Sebastián, El Rosario y Las Mercedes.

No tardaron en construir conventos, iglesias y en fomentar cofradías con el ánimo de realizar festejos, que a la fecha nos siguen mostrando un valioso sincretismo. Una de las edificaciones mejor logradas lo constituye la iglesia de La Merced, dañada por varios temblores, mismos que fueron más evidentes con el terremoto de 1915. La historiadora Olga Joya, al referirse a la fachada de esta iglesia abunda en detalles que vale la pena compartir. “La fachada principal de influencia barroca presenta dos cuerpos con remate mixtilíneo y linternilla. En el primer cuerpo se aprecia el acceso principal con arco de medio punto rehundido que descansa sobre pilastras con alero. Sobre el vano se aprecia el escudo heráldico de los mercedarios encerrado en un cordón que crea el contorno de la Cruz de Malta sobre un fondo de motivos florales y vegetales en ambos cuerpos. Dos pares de columnas fajadas con basa almohadilla flanquean la puerta y las hornacinas poli lobuladas que resguardan la estatuaria de los mártires mercedario s. En el centro del segundo cuerpo se aprecian una ventana poli lobulada que absorbe a la luz que alumbra al altar mayor; sobre esta se levanta una hornacina donde se ubica la imagen de San José y el Niño portando el lirio florido y en el remate la Virgen de La Merced con el niño, mismo que se flanquea con volutas a ambos lados de la hornacina y, en los extremos, dos ángeles de cuerpo entero resguardan el nicho de la Virgen. Sobre todo, esto, un campanario de cubierta semi esférica coronado con una cruz de hierro”. En la actualidad gracias al concurso de varias organizaciones nacionales e internacionales se ha iniciado un proceso de restauración meritorio. Conserva en su interior una serie de retablos en maderas policromadas, lienzos y esculturas propias del siglo XVIII, que lo ideal sería conservarlas en un Museo Regional de Arte Religioso, de lo contrario se corren riesgos innecesarios de perderse, pues los saqueos a las iglesias han sido numerosos.

San Marcos patrón de la ciudad
A un costado de lo que fue la “gran plaza”, convertida a finales del siglo XIX en parque Central, en uno de sus laterales se encuentra la iglesia dedicada a San Marcos Evangelista. Este edificio evidencia varias etapas de reconstrucción pues a nivel de fachada sufrió enormes daños durante el renombrado terremoto de 1915. Sus líneas neoclásicas son elegantes y en su fachada frontal, se encuentra esculpido el patrón de la ciudad. A pesar de que el interior de esta iglesia fue remozado, ahí se encuentran una serie de piezas dignas de conservar, destacándose la imagen estofada del patrón San Marcos, de alto valor artístico, que no se repite en nuestro país.

La iglesia de San Sebastián
La ahora Plaza de San Sebastián, ocupa un lugar privilegiado y en sus cercanías se localiza la emblemática Casa Galeano. Alberga una cuantía de bienes culturales significativos y reivindica trascendencia mágico-religiosa porque en sus alrededores se lleva a cabo el tradicional guancasco, entre los vecinos de Gracias y el barrio de Mexicapa (antiguo pueblo de indios mejicanos, que el crecimiento de la ciudad absorbió). Se tiene referencia sobre la ermita de San Sebastián a finales del siglo XIX, pero por los frecuentes sismos fue necesario edificar la iglesia actual que data de 1930, el objetivo de su construcción era buscar un sitio para albergar numerosos bienes del resto de la ciudad, mientras en ellas se realizaban muchas reparaciones.

La iglesia de Santa Lucía en el barrio de Mexicapa
Algunos especialistas consideran que los antiguos pobladores de este barrio, localizado a un kilómetro de la ciudad de Gracias, eran de origen tlaxcalteco. Sin duda es destacable la sobriedad de esta iglesia, en parte por los distintos procesos de restauración. En su fachada principal se advierten dos cuerpos y un remate poli lobulado. En el remate se observa una flor de seis pétalos encerrada en un círculo que en la iconografía cristiana representa la identificación de las sepulturas de la familia de cristo. Destacan además dos altas torres campanarios de base cuadrada. El amplio patio de frente y alrededores se convierte en un importante escenario de participación, mientras se lleva a cabo el reputado guancasco en honor a la Virgen de Santa Lucía, a inicios del mes de diciembre.

Gracias trasciende a nivel nacional
Al valorar los centros históricos del país, nos enteramos que cada uno de ellos tiene elementos particulares para destacar, pero por su extensión e incidencia en la vida nacional, Gracias, ostenta una posición cimera en el escenario. Aquí se encuentran diferentes muestras de arquitectura habitacional, otras con la dicha de que fueron habitadas por personajes que incidieron en los destinos del país, tales como la Casa de Juan Lindo, otrora presidente de El Salvador y Honduras respectivamente, además de ser un gran impulsor de la educación universitaria en ambos países. A Lindo no se le ha hecho justicia en materia de educación, pues su obra sigue siendo un interesante libro sin lectores.

La casa de José María Medina, quien fuera presidente de Honduras en varias ocasiones, polémico e incidente personaje a lo largo de varias décadas en la Honduras del siglo XIX. La casa de este expresidente se localiza entre la avenida de José María Medina y la calle Jeremías Cisneros. En su interior aún se distinguen amplios corredores y vistosos jardines.

La Casa Galeano
Se encuentra a inmediaciones de la Plaza de San Sebastián, perteneció a la familia Galeano. Posee dos fachadas de estilo neoclásico, aunque los registros de edificación datan de inicios del siglo XX. Aquí funciona el Centro de Interpretación de la Mancomunidad Colosuca. El edificio luce impecable y en él se llevan una serie de eventos académicos y culturales como el renombrado Festival Internacional de Poesía de los Confines, actividad que ha devuelto la esperanza a numerosos intelectuales en el país, y que resuena fuera de nuestras fronteras.

La otrora Escuela Normal Mixta “Justicia y Libertad”
Considerada como un bien público por el Estado de Honduras, es una edificación de la segunda mitad del siglo XIX. Ahí funcionó la Escuela de Música fundada en 1878. En 1880 se inauguró la Escuela Normal de manera transitoria pues pronto se le cambió a la categoría de Colegio Nacional de segunda enseñanza. Durante la administración Gálvez Durón, el edificio fue remodelado. A partir de los años ochenta funcionó la Escuela Normal Mixta “Justicia y Libertad” y ahora las oficinas del Telecentro de la UNAH, entre otras.

La Fortaleza de San Cristóbal
Ubicado hacia el oeste de la ciudad, sobre la parte alta del cerro de San Cristóbal, desde ahí se tiene una vista imponente en varias direcciones. Su estructura responde a lineamientos militares, pues sirvió en varias ocasiones para repeler movimientos de tropas tan frecuentes a finales del siglo XIX en Honduras.

La ya citada historiadora Olga Joya, nos recuerda “su construcción fue ordenada en 1850 por el presidente Lindo, en una hacienda que era de su propiedad debido a las amenazas de invasión que habían de Guatemala y El Salvador en el marco de las luchas de liberales y conservadores que asolaron a la Centroamérica en el siglo XIX”.

Como pasa con la mayoría de proyectos en Honduras, la edificación se realizó 14 años después, ya cuando José María Medina estaba en el poder y se concluyó para 1875. Su estructura actual luce restaurada y sus alrededores bien protegidos. Ahí descansan los restos del expresidente Juan Lindo con un epíteto sugerente.

El cementerio de Gracias
Con la implementación de la reforma liberal en Honduras, el año de 1876 se empezó a crear los cementerios municipales. Antes de esas reformas las normativas de enterramiento eran potestad de la Iglesia, razón por la cual, en numerosas iglesias antiguas, se encuentran algunos restos. Personas vinculantes a la Iglesia o colaboradores cercanos, fueron enterradas en selectos lugares dentro de las iglesias. Posteriormente a iniciativas de las mismas autoridades eclesiásticas, se construyeron cementerios en patios cercanos a las mismas iglesias. En Honduras tenemos interesantes cementerios, que podrían constituirse en alternativas de estudios generacionales o arquitectónicos, sin embargo, a la fecha no existen lineamientos, ni “buena voluntad” para conservarlos, e insertarles en un proceso de restauración o al menos declararlos “bienes de interés nacional”. Santa Rosa de Copán, Corquín, Antigua Ocotepeque, Trinidad, Santa Bárbara, Trujillo, Tela, La Ceiba y Gracias en Lempira, podrían convertirse en referentes para estudiosos o en atractivos turísticos.

Gracias hoy, constituye un destino turístico apreciable. Magníficos proyectos de restauración, amplia oferta hotelera, agenda cultural versátil y una exquisita gastronomía, le han convertido en un sitio atractivo. Le complementan la cercanía de numerosos pueblos como La Iguala, La Campa, Colohete, Caiquín, San Sebastián, entre otros, que de manera sosegada se han venido insertando y ahora muestran cascos urbanos remozados. Celebramos en la ciudad de Gracias la presencia de instituciones educativas a nivel superior, como la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán.

Al valorar los aportes de intelectuales y artistas originarios del departamento de Lempira, no podemos soslayar a los siguientes gracianos “Alejandrina Bautista (verso y prosa), Aída Castañeda de Sarmiento (novelista). Víctor Cáceres Lara (cuentista e historiador), Jeremías Cisneros (prosista), Héctor Pérez Estrada (escritor), todos ya fallecidos al igual que el laureado novelista Roberto Castillo Iraheta, originario de Erandique.

Siguen destacando Alexis Ramírez (poeta), Jaime Enrique Rivera (historiador), Alexis Ramírez (poeta), Marvin Valladares Drago (escritor), Jaime Rodríguez (historiador). En las artes plásticas destacan César Rendón, Eduardo “Mito” Galeano, Byron Mejía, Porfirio Benítez y Fausto Tábora, este último radicado en San Juan, Intibucá. Dagoberto Posadas y Cristian Gavarrete oriundos de Lepaera. De San Francisco era Ventura Ramos (escritor y beligerante periodista). Provienen de Gualcinse los escritores Israel Serrano y Armando Ramos. Especial agradecimiento a Julio César Enamorado, por su colaboración.
Mejocote, Gracias, junio 2019

*Rubén Darío Paz. Se desempeña como Director de Gestión Cultural en el Centro Universitario Regional de Occidente- Universidad Nacional Autónoma de Honduras- CUROC. Docente investigador en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán en la ciudad de Santa Rosa de Copán. Historiador, egresado del doctorado de Antropología Cultural en la Universidad de Salamanca, España. Ensayista y fotógrafo. Es miembro de Número de la Academia de Geografía e Historia. Correo [email protected]