Por: Benjamín Santos
El viernes de la semana antepasada recibí de manos del doctor Leiva su último libro, Una vida de película y he querido tomar ese acto como motivo del presente artículo para no referirme a las tragedias ocurridas en la presente semana, especialmente la tragedia ocurrida en el mar cercano a Gracias Dios y la muerte del exalcalde de la capital a cuyos dolientes hacemos llegar nuestro sentimiento de pesar. Lo hago también como una excepción a lo que es una regla en la conducta del hondureño, reconocer más los defectos que los méritos ajenos.
Conocí al doctor Leiva en el Colegio Nacional de la Defensa cuando por circunstancias de la vida me tocó presentarme para recibir el curso anual que se sirve o se servía en esa institución. Se integra cada grupo con 20 candidatos seleccionados de las Fuerzas Armadas, 20 del gobierno civil y 20 de la sociedad especialmente de los partidos políticos. Creo que yo formé parte de este último grupo y la persona a quien le tocaba entrevistarme para levantar el expediente de ingreso fue al doctor Leiva. Fue la primera conversación que sostuvimos y tuve la impresión que simpatizamos mutuamente. Mi permanencia en el curso fue muy breve, porque fui llamado para dirigir la campaña de un partido político.
Luego me encontré al doctor Leiva como coordinador de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad Católica y me llamó para que me integrara como miembro del cuerpo docente del área que dirigía. Yo había regresado de ser director del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos con sede en Guatemala, cargo que desempeñé durante seis años. La oferta me llegó como anillo al dedo, porque era como darle continuidad desde la cátedra al trabajo que había desempeñado. Luego el doctor Leiva dejó el cargo y yo continué sirviendo las materias que se me asignaban hasta hace apenas dos meses en que me retiré por razones de salud.
Mientras trabajaba en la UNICAH me incorporé como catedrático en la Facultad de Derecho de la UNAH hasta que fui destituido sin jubilación por el grave delito de haber cumplido 70 años. Debo dejar constancia de qu el Claustro de Profesores me ofreció su asistencia técnica, pero dije que no demandaría por ninguna razón a la que había sido mi alma máter. En ese mismo ambiente volví a relacionarme ocasionalmente con el doctor Leiva ya que trabajábamos en la misma unidad académica, pero en áreas diferentes por las materias que nos tocaba impaprtir.
Hay otra coincidencia con el doctor Leiva que conviene mencionar. Los dos escribimos en el mismo periódico, LA TRIBUNA, cada quien en su materia de preferencia. En lo personal no podría competir en el análisis de obras de cine, una de sus preferencias. Una vez me contó que su afición al cine nació cuando era niño porque el dueño del cine en Santa Bárbara le dejaba entrar gratis por ser hijo del médico del pueblo. En mi caso crecí en una familia campesina nunca me dejaron ir al cine hasta que me vine a trabajar de profesor a la capital cando cumplí 20 años. Aún hoy el cine no es una de mis aficiones preferidas, porque lo que no se aprende de niño en materia de diversiones sanas ya no se aprende.
Debo mencionar una experiencia más con el doctor Leiva. En lo personal pienso que Leiva no nació para político. No tiene la facultad o el defecto de fingir, de decir lo que no siente o de ocultar lo que realmente piensa o siente. Para el político eso es a veces necesario si lo que piense o siente lo desviaría del propósito que se ha propuesto. Sin embargo una vez el doctor Leiva aceptó formar parte de un partido y ser candidato a diputado. No sé cómo recordará la experiencia, pero a mí me quedó la impresión que sus aficiones más notables son el cine y la cátedra, no la política.
Si cada persona es una unidad bío-psico-social y espiritual, es difícil conocer a fondo a una persona. Sin embargo me atrevo a decir que en la personalidad del doctor Leiva coinciden una gran emotividad con una gran inteligencia que según el vaso prevalece una u otra… Quien quiera conocer en detalle una vida ejemplar, que lea Una voda de película.
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