Publicación reciente: “General Gregorio Ferrera (1880-1931)” Obra histórica del género biográfico de Jesús Evelio Inestroza.

Prólogo de Darío Euraque

Esta extraordinaria biografía que tengo el honor de prologar lleva años y años de investigación, reflexión y revisión. Sin embargo, la misma surge no solo de su visión académica de la historia, sino que, desde su niñez, en el occidente de Honduras, Jesús Evelio Inestroza fue interpelado por la complicada memoria local de sus ancestros.

Así lo recuerda Inestroza: “Durante la década de 1960, desde mi niñez, en Jesús de Otoro, departamento de Intibucá, en el occidente de Honduras, comenzó a desarrollarse en mí una fascinación por los relatos de guerra en aquella región muy colmada por su cultura indígena, lenca, antiguos pobladores conquistados por los españoles. La década de 1960 fue mi época escolar. Entre los otoreños, como nos llamábamos en nuestro pueblo, los relatos de guerra fueron una apología que los ancianos hacían en las conversaciones de los jefes militares de Jesús de Otoro. Mi abuelo materno participaba en esas tertulias lugareñas. Se llamó coronel Julián Manzanares Gámez. Fue oficial del general Vicente Tosta, oriundo de Jesús de Otoro y el mejor militar de Intibucá, sino de Honduras, hasta su deceso en 1930. Mi abuelo materno combatió bajo el mando del general Tosta en algunas campañas en la década de 1920, igual que su hermano Luis. Mis ilustres antepasados glorificaban, con íntima satisfacción los sangrientos combates contra las fuerzas de, en un momento amigo y luego enemigo, del general Tosta, el general Gregorio Ferrera.” 1

A mediados de la década de 1990, publiqué un ensayo titulado, “La construcción del Mestizaje y los Movimientos Políticos en Honduras: los casos de los generales Manuel Bonilla, Gregorio Ferrera y Tiburcio Carías Andino”.2 La biografía de Inestroza en efecto dialoga directamente con aquel ya viejo ensayo, y con otras historiografías a nivel latinoamericano, sobre todo la historia de movimiento sociales, caudillismo y sus dimensiones etno-raciales. Aquel ensayo de la década de 1990 a su vez “conversaba” con ideas que este autor rescató de argumentos primero planteados por el gran historiador hondureño, don Medardo Mejia (1907-1981) en la década de 1960. Por su vigencia, los siguientes párrafos, con origen en aquel viejo texto, se presentan enseguida para primero contextualizar la extraordinaria biografía que nos ofrece Jesús Evelio Inestroza.

Según, don Medardo, la historiografía tradicional explicaba hasta la década de 1960 el ascenso al poder por parte de Manuel Bonilla, especialmente en 1903, en base a su as­tucia militar y/o su legítima popularidad ante sus seguidores den­tro del Partido Nacional al cual pertenecía.

Don Medardo agregó otro elemento al ya elaborado escenario: el factor racial, categoría importante en la historia de Honduras, aunque menospreciado y/o mal entendido. Don Medardo no restaba importancia a la audacia militar y a la cultura personalista y caudillista de los dos Bonillas y Arias. Empero, afirmó que el odio y la oposición de que fue objeto Manuel Bonilla, especialmente por parte de Policarpo Bonilla, se revestía de prejuicios raciales. Según don Medardo, Policarpo Bonilla, representante y descendiente de im­portantes familias de ascendencia española residentes en Teguci­galpa, con orígenes en la época colonial, personificaba animosidades raciales que Manuel Bonilla, también oriundo de Olancho, sin duda percibió. Aún más, don Medardo declaró en aquel ensayo que Manuel Bonilla era negro y que sus seguidores, en su mayoría «plebeyos y peones,» se identificaban con el negro Bonilla en tomo al elemento racial.

Diferencias personalistas y políticas, igual que en el caso entre las dos Bonillas, nos decía la historiografía en la década de 1990, y aún la actual, sirvieron para dividir a Policarpo Bonilla y Juan Ángel Arias; este último, a su vez, descendiente de familias con pretensiones aristócratas y con linaje racial; aunque elementos de la familia Arias en el siglo XIX parecen haber estado «curtidos» de sangre africana, o así lo afirmaban sus enemigos. Para las elecciones presidenciales de 1923 Carías surgió como el candidato del Partido Nacional y Policarpo Bonilla y Juan Ángel Arias representaban a facciones del Partido Liberal. Para ese entonces Carías habían ya heredado el legado caudillista de Manuel Bonilla.

Ahora bien, según la innovadora tesis sostenida por don Medardo a fines de la década de 1960, el legado heredado par Carías incluía sus vínculos raciales y plebeyos con los seguidores de Manuel Bonilla. Según don Medardo, Policarpo Bonilla y Juan Ángel Arias odiaban a Carías no solo a raíz de disputas políticas entre caudillos militaristas sino que aquellas disputas se entrelazaban con la misma aversión racial que antes le proyectaba a Manuel Bonilla. Al respecto, considérese la siguiente apreciación sobre Carías y sus seguidores nada menos que de Ángel Zúniga Huete: “El señor Carías y sus secuaces no desmienten su abolengo indo­ africano. Pareciera que, como sus ancestros, profesan el culto a huichilobos, la divinidad azteca que, como el molub de las cartagineses, nutria sus entrañas con sangre y corazones humanos, y en cambio, protegía al pueblo y sostenía el gobierno”.

Ante los ojos de Policarpo Bonilla, Arias y Zúniga Huete, este último el más importante ideólogo del Partido Liberal de aquella época, Carías sufría el peso de ascendencia plebeya, parecía «indio” y carecía de vínculos con las «mejores familias» de Tegucigalpa y el interior. Además, señaló don Medardo, que después de la muerte de Bonilla en 1913, sus seguidores se asociaron con Carías y por lo tanto el grupo de oficiales de Carías consista en gran parte de, en las palabras de don Medardo, «negros» y «seminegros.» ¿Qué hay de cierto en esta hipótesis?, me preguntaba yo a mediados de la década de 1990. La dimensión etno-racial de los movimientos que llevaron al poder a Manuel Bonilla en 1903 en delante aún carecen de investigación. Sin embargo, esta biografía del general Gregorio Ferrera por fin perfila el elemento etno-racial de este caudillo y sus seguidores indígenas con sutileza y fuentes primarias consultadas. La lectura minuciosa de la misma lo demuestra con detalle.

Hace ya más de treinta años, Mario R. Argueta publicó lo que sigue siendo el único ensayo historiográfico sobre el género biográfico en la historia de Honduras.3 Argueta actualizaba entonces la producción biográfica hasta los primeros años de la década de 1980. En ese ensayo Argueta plasmó apuntes para valorar el texto de Inestroza desde el punto de vista del género biográfico en sí.

Desde la década de 1980, otros y otras autores y autoras complementaron los aportes biográficos de Argueta. De nacionalidad hondureña, los aportes biográficos de Leticia Oyuela, Juan Ramón Martínez, José Antonio Funes, Alexis Machuca, Víctor Ramos, Leonel Alvarado, Rolando Sierra, y Rina Villars representan enormes avances en el género en Honduras. Simultáneamente, biografías sobre hondureños y hondureñas por extranjeros y extranjeras también superaron las limitaciones destacadas por Argueta en 1985, como son los aportes por Louis Bumgartner, William Lewis, Janet Gold, Thomas J. Dodd y María de los Ángeles Chapa.

Con su biografía del general Gregorio Ferrera, Inestroza no solo se integra a las listas anteriores, sino que con frecuencia supera muchas de las biografías destacadas, en particular en su fundamento en fuentes primarias, desde la extraordinaria variedad de archivos nacionales y locales y regionales investigados, incluso una muestra fotográfica preciosa, hasta la muy rica lista de entrevistas de historia oral realizadas en el occidente de Honduras, región donde nació y vivió la mayoría de sus 41 años Ferrera. Es más, como se anticipó, con su biografía sobre el general Ferrera, Inestroza ubica a este caudillo hondureño, un tanto indígena y un tanto mestizo, en diálogo con una vieja historiografía sobre los caudillos latinoamericanos y los movimientos sociales que los sustentaron en sus logros, desaciertos y tragedias entre los 1880s y 1930s. En la biografía por Inestroza encontramos rasgos de lo mejor y peor de Emiliano Zapata, y Augusto César Sandino y muchos otros caudillos populares en América Latina durante las primeras tres décadas del siglo pasado. En ese sentido, el aporte de Inestroza no solo profundiza el género biográfico en Honduras y Centroamérica, sino que es un claro aporte a la historiografía latinoamericana sobre el caudillismo de la región.4

Una clasica introduccion, Caudillos, Dictators in Spanish America, editado por Hugh M. Hamill (Norman: University of Oklahoma Press, 1992