Por: Juan Manuel Aguilar F.
INTRODUCCIÓN
Cualquier trozo de piel que el hombre aprovecha de algún animal, anteriormente constituyó parte de este, en otras palabras fue su piel. Actualmente obtenemos pieles de gran variedad de ovejas, cabras y cerdos. Otras provienen de especiales salvajes, terrestres y marinos: el ciervo y sus parientes, búfalos, cocodrilos, morsas, tiburones, ballenas y osos. Existen pieles de animales exóticos: serpientes, largos, camellos, elefantes, avestruces y hasta ranas (1). Atendiendo a los tipos de pieles y cueros, de la misma manera habrán de seleccionarse los artículos a confeccionarse: carteras, monederos, billeteras, abrigos etc.
No se puede usar la piel del animal cuando ha sido desprendida de su cuerpo. Pronto se pudrirá, reduciéndose y no es agradable estar cerca cuando esto sucede. La piel tendrá que ser sometida a tratamiento especial para evitar su descomposición y hacerla adecuada a un sinnúmero de usos. Lo que hace que la piel no llegue a podrirse se denomina “curtido”. En el curtido tenemos la opción en dejarle o quitarle el pelo. En lo primero obtenemos pieles, en el segundo cueros (2). A los últimos, adicionándoles otros procesos especiales logramos la suela. Aparte de los medios utilizados para curtir pieles y cueros el proceso no ha terminado, resta efectuar el secado, almohazado, teñido y presionado. Estas actividades toman el tiempo necesario (3). Desde la antigüedad el hombre aprovechó las pieles y cueros. Tribus nómadas confeccionaron tiendas movibles de pieles a fin protegerse de la intemperie. En el siguiente periodo con la incipiente agricultura y domesticación de animales el hombre se vuelve sedentario y continuó utilizando pieles y cueros, confeccionando más objetivos utilitarios: correas, cubiertas, vestimentas etc.
Para que el hombre haya confeccionado lo referido anteriormente, fue necesario haber observado -por mucho tiempo- que las pieles expuestas al sol y al calor del fuego tendían a endurecerse. Con el correr de miles de años también notó que las pieles crudas con untos de sustancias provenientes de raíces, cortezas y frutos tendían en volverse blandas, flexibles y resistentes (4). Se ha considerado que la piel fue el material que aportó en la antigüedad un avances para los inicios de la navegación. El hombre al percatarse que las pieles de animales de regular tamaño, dándoles formas variadas e inflándolas flotaban, posteriormente les colocó costillas de madera resultando las primeras canos rústicas antes de usar el tronco ahuecado (5). (Figs. Nos. 1 y 2).

Los curtidores griegos, romanos y pompeyos utilizaron lechadas de cal (pelambre), eliminando así los restos de carnes adheridas después de desprender las pieles, luego éstas eran arrojadas a las pilas. Si se deseaba quitarles el pelambre, empleaban la garatura o cuchilla. Sacadas las pieles de las pilas, eran colgadas. Por la naturaleza del proceso de curtir pieles, el sitio donde se realizaba esta actividad enfrentó problemas. El más grave fue ubicarse cerca de poblados, fuentes de agua, arroyos, ríos y lagos. A lo anterior, más convenientes surgen: los desagradables olores, molestia de enjambres de moscas y la presencia de otros animales tratando en aprovechar los deshechos del descarne. Los planetas para el curtido de pieles fueron denominado “curtiembres o tenerías”. Efraín Flores B. en “La importancia de los gobiernos locales en la economía nacional” refiere que Hernán Cortés a sus lugar-tenientes les peticionó que al fundar poblados: “…el matadero debía estar fuera de la población…”.
En la Europa de la Edad Media (476 d. C. a 1453) los trabajos en cuero alcanzaron esplendor llegándose a pintarlos, labrarlos e incluso hacerles incrustaciones de piedras preciosas. Los turcos otomanos amenazaban con apoderarse del Imperio Bizantino de Oriente, siendo efectivo en 1453 y consideraron extender aún más su imperio hasta Egipto. Lo anterior preocupo a los centros comerciales europeos. De efectuarse tal intento los comerciantes europeos quedarían sin las tres rutas comerciales a Oriente: las marítimas del Mar Rojo, Golfo Pérsico y la terrestre con destino a China, de donde comerciaban las especies utilizadas en Europa. Los centros comerciales europeos muy en especial los del Mar Mediterráneo se vieron obligados en buscar nuevas rutas a las Indias Orientales viajando por Occidente, es decir por el Atlántico. La ubicación de la Península Ibérica favoreció a España y Portugal en emprender lo que en la historia universal conocemos como los “Descubrimientos Geográficos”, Tan importantes fueron estas empresas marítimas que ambas naciones rivalizaron fuertemente por el dominio del comercio de metales preciosos y las especias.
El descubrimiento de América en 1492 produjo inconformidad entre España y Portugal. Esta última recurrió a la máxima autoridad del mundo cristiano el papa Alejandro VI de origen español, expidiendo la Bula Papal otorgando a los monarcas españoles posesión de los territorios descubiertos. Al año siguiente el Pontífice dio nuevo ordenamiento al reparto de las tierras nuevas mediante el trazado de una línea de polo a polo cien leguas al Oeste de las Islas del Cabo Verde, correspondió a Portugal las del Oriente de esa línea y a España las de Occidente. La división anterior no agradó a los portugueses, quienes peticionaron un nuevo reparto. Finalmente en la ciudad de Tordesillas se firmó el tratado que lleva dicho nombre, expresando correr la línea divisoria 360 leguas al Oeste del Cabo Verde. Por este arreglo, todo el continente americano, exceptuando Brasil se consideró propiedad de España y la mayor parte de África y Oceanía a Portugal. Otras naciones europeas especialmente Inglaterra, Francia y Países Bajos desconocieron el reparto anterior, por tal motivo efectuaron las infaltables incursiones a la América, llegando incluso a tener colonias en el nuevo mundo.

El comercio europeo con Oriente en su mayoría lo constituyeron las especias. Éstas fueron empleadas en preservar carnes, realizar el sabor a las comidas, perfumar bebidas o activar funciones del estómago. La medicina recurrió a ellas para elaborar cordiales tónicos con olores fuertes, suaves y sin faltar desde luego aquellos con cierto amargor. Las especies estaban representadas por la canela, pimienta de Java y Sumatra, alcanflor de Borneo y Sumatra, ámbar de Cipango, *tamarindo de la India, nuez moscada y el clavo de olor de las Molucas, vermífugos de Judea o de Persia y China, azafrán de Levante o de la India, almizcles de Tíbet etc. Además de las especias estaban los tintes como el indígo azul de Bagdad, grana o cochinilla de Armenia. En las ventas de los productos mencionados, los mercaderes de Oriente exigían a los compradores europeos pagar con metales preciosos: oro o plata. Por lo anterior es aceptada la conclusión que la: “…búsqueda de especias y metales preciosos fueron los móviles reales de los viajes de exploración y conquista” (6). Según Blas Nabel Pérez los españoles en el primer viaje a las Islas del Caribe encontraron indígenas: “…que usaban adornos de oro en la nariz, pero que no les daban ningún valor a este metal” (7). Esta situación incentivo más a los hispanos efectuar posteriormente otros viajes.
Para el proceso de curtir pieles se ha recurrido a través del tiempo a sustancias obtenidas de los tres reinos de la naturaleza: vegetal, mineral y animal. En el primer caso el ácido tánico extraído de la corteza de árboles. De países malayos provenía el ácido del roble, pinabete, castaño, abedul, sauce y el gambi; de Australia la mimosa; de la India el mirobálanos. El reino mineral está representado por el cromo, sal y alumbre, este último usado durante mucho tiempo. Para el reino animal se recurrió al aceite de pescado en especial el extraído del hígado de bacalao (8). Los ibéricos una vez radicados en América no descartaron buscar árboles y minerales con propiedades para cutir pieles.