Cine y terrorismo (1/2)

José María Leiva Leiva

Desde sus orígenes, el cine nunca ha sido ajeno a los grandes problemas sociales, históricos y políticos de cada época y de cada país. Dentro de este contexto, el terrorismo, una de las grandes lacras del mundo contemporáneo, y sus diversas manifestaciones han sido fuente de inspiración para muchas películas que con desigual calidad artística e impacto social y comercial, retratan acciones terroristas reales y ficticias, llámense secuestros, tomas de rehenes o terribles atentados.

En efecto, en este tipo de cine han encontrado espacio películas de acción y violencia que buscan únicamente entretener, sin que interese para nada hacer un análisis del fenómeno terrorista. Obviamente, también existen otras películas que han intentado, con desigual suceso, acercarse con interés al problema de la violencia política en distintos países, expresada a través de estos abominables hechos sangrientos. Sirvan como ejemplo, diez películas escogidas a lo largo de estos últimos tres años. Veamos:

“Kamikaze” (2014), es una película española escrita y dirigida por Álex Pina (creador de series como “Los Serrano”, “El Barco” o “Bienvenidos al Lolita”), protagonizada por Álex García Fernández, Leticia Dolera, Verónica Echegui, Carmen Machi, Eduardo Blanco y Héctor Alterio. Narra la historia de Slatan (Álex García), un ciudadano de Kazajistán, que arrastra una vida llena de sufrimientos y de pérdidas familiares, por lo que en un acto de venganza se muestra dispuesto a inmolarse dentro del vuelo Moscú-Madrid para acabar con la vida de sus pasajeros.

Sin embargo, sus planes se ven trastocados cuando una tormenta de nieve impide el despegue del avión. Obligados a dejar pasar el temporal para poder seguir con el viaje, los pasajeros son realojados en un hotel donde el protagonista deberá convivir con aquellas personas a las que quería matar. “Kamikaze”, resulta una película coral, que resulta amena de ver, entretenida, marcada por situaciones de humor, drama, tensión y algún que otro toque romántico.

“6 días” (2017), película de acción neozelandesa dirigida por Toa Fraser (“Tierra de guerreros”, “Giselle”), que narra los sucesos reales acontecidos en abril de 1980, “cuando un grupo de terroristas armados toma la embajada iraní en Londres con 26 rehenes, exigiendo que su secuestro se retransmita en directo y que se libere a 91 presos. Comienza así una tensa cuenta atrás de 6 días mientas un grupo de Operaciones Especiales del ejército, altamente entrenados, se prepara para asaltar la legación diplomática en el caso de que las negociaciones entre las autoridades y los secuestradores no lleguen a un acuerdo”. (FILMAFFINITY). “Fraser aborda esta crisis desde tres puntos de vista diferentes: el del encargado de negociar con los asaltantes (Mark Strong); el de la reportera que retransmitió los acontecimientos en una de las primeras grandes coberturas de TV en directo (Abbie Cornish).

Y el de uno de los operativos de las fuerzas especiales SAS que se prepararon para entrar en acción al fracasar las conversaciones. A través de ellos, la película se alza como un ejercicio de tensión creciente en el que no faltan los conflictos morales y las dosis de drama, acción y trasfondo político para contar una de las operaciones de rescates de rehenes más audaces de la historia del Reino Unido”.

“Código abierto” (Unlocked), dirigida por Michael Apted (“Amazing Grace”, “Persiguiendo Mavericks”), en 2017. Narra una historia de ficción en torno a una agente de la CIA, Alice Racine (Noomi Rapace) especializada en interrogatorios, que es engañada por un sospechoso, lo que la situará en el centro de una acción terrorista que pretende hacer estallar un arma química en el centro de Londres. La crítica coincide que resulta refrescante en este filme, “su disposición a no estereotipar o condenar a los inmigrantes musulmanes o personas de color como terroristas. En efecto, en este caso, “los verdaderos terroristas, son mucho más grandes e influyentes que estas pequeñas células religiosas: son asesinos que sacrifican vidas inocentes con fines políticos, no para demostrar un punto religioso”.

“Fe de Etarras”, comedia española dirigida por Borja Cobeaga (“Negociador”, “No controles”) en 2017, ambientada en el verano de 2010, cuando la selección española juega las eliminatorias en el Mundial de Sudáfrica. Mientras tanto, en algún lugar de España, que vive una plena exaltación nacionalista deportiva, cuatro terroristas de la banda armada ETA, bastante chapuceros por cierto, viven juntos en un piso franco a la espera de órdenes del alto mando para perpetrar un nuevo ataque. Este singular comando lo componen una joven pareja vasca que antepone la “lucha” a su relación sentimental; un desorientado albañil de Chinchilla (Albacete) y el líder del grupo (Javier Cámara), un veterano nacido en un pueblecito riojano pegado a Soria.

Y, Bel canto (2018), una versión libre dirigida por Paul Weitz (“Mozart in the Jungle”, “Grandma”) basada en la obra homónima de Ann Patchett, que rememora unos hechos verídicos sucedidos en Lima, Perú entre 1996 y 1997, cuando la embajada japonesa fue tomada por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y mantuvo a cientos de personas como rehenes, exigiendo al gobierno peruano la liberación de varios presos políticos. En la cinta, se narra la historia de Roxane Coss (Julianne Moore), una famosa soprano estadounidense, que viaja al país inca para dar un concierto privado en la fiesta de cumpleaños del rico empresario industrial japonés, Katsumi Hosokawa (Ken Watanabe).

La fiesta es, también, una reunión de políticos, diplomáticos y empresarios locales. La casa es tomada por guerrilleros del grupo «Movimiento Revolucionario del sur” que esperaban capturar al presidente peruano Matsuda (Alberto Fujimori). Tras tener éxito en la operación exigen la liberación de sus compañeros encarcelados. Se produce una situación de un mes de duración en el que los rehenes y los captores deben superar sus diferencias y encontrar su humanidad y esperanza compartidas frente a un desastre inminente.