Por José Antonio Pereira Ortega
Coronel ® [email protected]
La malsana costumbre que tenemos los hondureños de postergar o resolver medianamente los problemas, vuelven estériles los intentos de dialogar, en especial porque al no dar espacio al pensamiento lateral e imponer la verticalidad de ideas, indefectiblemente despunta la intención de las partes de hacer prevalecer el interés personal o grupal, lo cual se traduce en una señal inequívoca que no se obtendrán resultados satisfactorios a la hora de reclamar o entablar negociaciones alrededor del problema en común, y que ha motivado buscar una solución consensuada por la vía del diálogo.
Debo comentar que aún no logro descifrar quien de los actores en conflicto promueve más el desorden, los que se han lanzado a las calles a protestar exigiendo “sus derechos” en perjuicio de la ciudadanía pasiva, o la parte gubernamental que opone al grupo reclamante de manera ortodoxa, lo que sí es concluyente por simple inspección y utilizando el sentido común, es que las dos partes han llevado un camino equivocado, prueba de ello es que después de varias semanas de conflicto, la animadversión entre los actores crece y amenaza con ser más intensa en sus pretensiones.
En este caso último de protestas intensas y violentas, en las que destaca el hecho que los reclamantes en su mayoría, puede decirse que son una clase profesional élite y por ello difícil de doblegar con las acostumbradas dádivas demagógicas, además de resaltar un balance con más daños que respuestas positivas para el pueblo al que dicen representar, no se descarta que probablemente si resulte en positivo para el ego personal y profesional de los líderes de la misma al creer que tienen de rodillas al gobierno y estén convencidos que este es el momento para consumar su real consigna y cumplir el “fuera JOH”, sin siquiera meditar si esto será bueno o muy malo para el país y para el pueblo, no lo imagino, pero estimo que los que han planificado ese objetivo lo tengan definido y no resulte en un simple acto de rebeldía colectiva de una oposición igualmente improductiva que signara un sonado “Quo Vadis Honduras” o quizás debería expresar “adonde te llevamos Honduras”.
No basta con pronunciamientos tardíos de instituciones como la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica, la empresa privada o de otras instituciones, que han dejado de ser actores, y por el contrario se llamaron por mucho tiempo al silencio cómplice, limitándose a ver como gobernantes y gobernados se despedazan moralmente y hasta físicamente, se volvieron impávidos atestiguando la destrucción de la infraestructura productiva y los negocios de personas que alivian la condición de los hondureños en desempleo y produciendo empleos que puedan paliar el creciente desempleo y proveer a esos trabajadores los ingresos necesarios para la subsistencia.
Siendo positivos con estos eventos desestabilizadores del desarrollo y la paz social, podemos rescatar la dura lección que nos deja con respecto a la administración y la conducción exitosa de un país, debemos decir que no es cosa de juego, ni mucho menos sujeto de encaprichamientos como nos ha venido pasando los últimos 15 años, los gobernados hemos perdido el poder que nos da el voto para elegir y los gobernantes han perdido la capacidad de ejercer su magistratura al no responder a las necesidades y requerimientos de los gobernados, con lo cual también obtenemos en conclusión que todos somos culpables. Insisto la gobernanza es cosa seria debe ejercerse con criterios supra partidarios y supra personales, evitar cimentar la animadversión esgrimida a la sombra de criterios de corte político partidario.
Igualmente debe señalarse la condición de liderazgo y responsabilidad que conlleva la realización de eventos como la protesta que hay que decirlo es un derecho otorgado por nuestra ley fundamental, pero como todo debe ceñirse a las normas respectivas, en particular en lo que concierne a la paz y la convivencia segura sin exponer la integridad física de los participantes y de los actores pasivos personificados en el resto de la población.
Pero bien, ya del problema conocemos bastante, hay que promover y buscar soluciones, no todo debe limitarse a pronunciar y repetir a todo pulmón basta ya, quiero compartir la visión al respecto de un respetable amigo hondureño preocupado por Honduras que comenta: “No es suficiente con decir o señalar lo que uno cree debe hacerse o debe ocurrir, hay que ir más largo, más profundo y eso empieza con el diálogo entre nosotros, no solo aconsejar que se dialogue, hay que abandonar las posiciones de unos e ir al encuentro de los otros, hay que impulsar el diálogo sin miedo y sin cálculos que no sea el bien común. De los que “yo dije” está lleno el camino, es necesario que todos nos impulsemos unos y otros a lograr que se dialogue”. Yo le agrego: Basta de mezquindad y miseria mental.