La poesía de Soledad Altamirano Murillo

Tal vez el recuerdo más vivo que tengo de Soledad Altamirano* es su presencia junto a la mía en un encuentro de escritores en México, por el año 2008, organizado por la Editorial Letra Negra dirigida por Armando Rivera, escritor guatemalteco y ciudadano del mundo. En ese entonces, la editorial aspiraba a ser un proyecto centroamericano y en efecto, durante un tiempo lo fue, rescatando y publicando autores/as de Centroamerica y el Caribe en antologías, poesía, narrativa, ensayo, en fin, toda una gama de textos desde donde muchas aspirantes a escritores/as y otros consagrados nos encontramos. Pero Letra Negra será material de otra historia. Volviendo a Soledad, debo decir que aparte de ser una buena escritora, me vine con el recuerdo y la fuerza de su compañía sororaria, de su capacidad para la risa provocada por un algún suceso donde la picardía se presentaba a través de sus palabras. Por eso, este día, Habitaciones Propias trae una muestra de su poesía, inscrita en la tradición erótica que ha caracterizado a muchas poetas hondureñas a lo largo de la historia, pero también demuestra el amor a esa otra, a esa mujer diosa-madre, identificada también como la poesía.

Jessica Isla

ROSICLER
(A mi madre, por haberme enseñado a amar la poesía).

En las noches,
los relámpagos somnolientos
dejan esparcidas luciérnagas
que me regalan su luz.

Mientras las manos
de mi madre,
como pequeñas
musas de la aurora,
hilvanan estrellas
en mis cabellos.

NO TE BUSQUÉ
No te busqué
en las vetas gastadas del tiempo
Ni te grité en las voces
delgadas de los hombres.
Camine largas noches
Ahuecando las horas
con mis pasos
y no te encontré
por los hondos abismos.
Tan cerca de mi estabas,
que el roce de mi sueño
con tu dolor herías.
Te llevaba en el alma,
tallado en un poema.
Y un enorme dolor
me comenzó
a latir con tu llegada.

A QUÉ LE TIENES MIEDO
A qué le tienes miedo.
A mi cuerpo de bailarina,
a mi mirada lasciva,
a mis labios.
Solamente quiero
Acariciar la tez
de tus ardores
y musitar
tiernas palabras
en el membrillo
de tu piel.

HOY
Hoy
que me siento rota
como ola en el acantilado,
tu ausencia
es una sombra
que no se va con la noche.
No sé porque
reclamo
la tibieza de tus brazos,
si ya entendí
que me expulsaste de tu piel.
Aquí reinará tu recuerdo.
He de olvidar tu recuerdo
que me fragmenta en gotas.
Olvidaré que quise
que naufragaras
en mi vientre

Soledad Altamirano Murillo, nació en Lejanamí, Comayagua. Cuenta con una maestría en Literatura Centroamericana y ganó el segundo lugar en el concurso de poesía convocado por la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán en 1997 y el primer lugar en el mismo concurso en el año 1998. Ha participado en diversos encuentros internacionales y su poesía forma parte de antolofías en México y Centroamérica. Además de eso es amiga, mamá, compañera, lectora voraz, amante de la buena comida y los placeres.