HACE unos meses atrás el dolor de cabeza de los consumidores eran los altos precios de las gasolinas. Hubo, congruente con el encarecimiento de los precios del crudo, dos incrementos drásticos a las tarifas de la energía eléctrica. No había inicio de semana sin el anuncio de una nueva alza. Sin embargo los aturdidos consumidores comenzaron a respirar –ya hay varios ahorros que se reportan en las gasolineras durante varias semanas– con la caída de los precios del barril, debido a una menor demanda a nivel mundial. Resulta que la guerra comercial entre los Estados Unidos y China ha producido una desaceleración de la producción industrial de los gigantes. Un descenso de la actividad económica se traduce en menores niveles de demanda del petróleo. Sin embargo, esta tendencia a la baja podría cambiar si en la próxima reunión del odioso cartel de la OPEP en Austria, deciden mayores recortes al actual suministro. Si bien los mercados locales se han beneficiado de esta racha de rebajas, los paros, las trancas en las carreteras, las protestas callejeras, han incidido en forma negativa en los negocios.
Un pequeño repunte con las erogaciones del catorceavo mes de salario. Ello es así ya que un salario adicional en un mismo mes genera más circulante, mayor movimiento en los mercados comerciales, aunque no lo suficiente para compensar las distorsiones ocasionadas por los brotes sociales en las calles. Las pérdidas económicas para los negocios, las industrias y las empresas son mayores sin perspectiva que puedan reponerse. El gobierno se ha mantenido en un pulso con las gremiales de la salud y la educación y aunque los PMC que originaron el malestar fueron derogados, todavía sectores de la Plataforma no concurren al diálogo oficial optando por montar un diálogo alternativo. Lo anterior ya suma a una atmósfera de tirantez nada bonancible a la salud económica nacional. Ahora se produce un paro del transporte pesado a lo largo de toda la carretera CA-5 que comunica la capital con la zona norte. La falta de suministro de combustible en las gasolineras produce largas colas de vehículos peleando las últimas raciones que quedan. Desde inicios de semana los conductores de equipo pesado mantienen sus unidades inmóviles a lo largo de la pavimentada como medida de presión al gobierno para que resuelva sus exigencias. Los reclamos fundamentales tienen que ver con las tarifas que cobran por transportar la carga, los trámites en los permisos de operación y el impasse que mantienen con otros transportistas de la región.
Sobre este último aspecto arguyen que “transportistas centroamericanos se están llevando mercancías de Honduras hacia otros países, en detrimento de la economía de los connacionales”. Las pipas de combustible retenidas en la carretera han provocado un desabastecimiento general en todas las gasolineras de la capital. Ya sin todos estos contratiempos el aparato económico nacional experimentaba una recaída. Los índices de crecimiento del PIB fueron revisados a la baja, por las aves agoreras, para este año fiscal. En los álgidos momentos que se atraviesan –en la medida que las políticas restrictivas a la inmigración en los Estados Unidos y ahora la colaboración de México que se convierte en una muralla de contención, le cierran la válvula de escape a la desocupación– cuando el país más demanda la generación de fuentes de empleo. ¿Tendrán idea de cómo este letargo incide no solo entorpeciendo la malograda situación del país sino en cualquier expectativa de mejoría de la economía familiar? Sin menospreciar la mayor zozobra alimentada a la sociedad por estos brotes de incomodidad dentro de segmentos de la fuerza pública.