A las cortas de café

Manuel Aguilar Palma

Fue en mis primeros años de infancia, cuando cursando estudios primarios en la siempre querida y eterna escuela Froylán Turcios de mi natal Soledad, escuché a jóvenes de mayor edad expresarse con mucha alegría y con un gigante orgullo: “que en algunos días”, como en efecto lo hacían “se incorporarían a las cortas de café”. Antes, estando muy niño, por los escasos radioreceptores que habían en la comunidad escuché cómo se hacían llamados a los simpatizantes de aquel movimiento armado, bautizado con el nombre de “Movimiento Militar del 12 de julio de 1959”, para que se incorporaran decían “a las cortas de café”, “yo de niño no lograba entender por qué el empleo de dichos vocablos y no fue hasta años después, que conversando con el abogado Israel C. Turcios, columnista de este rotativo y quien además escribió un libro sobre el movimiento, que me enteré del significado de aquellos términos, que se repetían con mucha frecuencia por una emisora que decía que transmitía desde las “agrestes montañas”, cuando en realidad era una radio que se conservaba en un vehículo que circulaba por calles y avenidas de nuestro país, los términos que se repetían eran parte de las claves de guerra.

Hoy la clave quedó para la historia, y aquel entusiasmo que mirábamos en nuestros coterráneos se ha extinguido, hoy lo que hemos observado en nuestras incursiones en las labores agrícolas es que los jóvenes ya no están contentos con incorporarse a las cortas como se hacía en tiempos pretéritos y es que no es para menos, nuestros trabajadores del campo pasan generalmente casi todo el año sin trabajo, caen en eso que nuestros economistas llaman subempleo, y cuando llegan las cortas del grano los que en realidad se animan a trabajar quieren resolver su problema económico del año, solamente con el trabajo de las cortas.

También pasa otra realidad, los jóvenes de hoy ya tienen otra fuente de supervivencia y se trata de las salidas (éxodo) que ha diario observamos para Estados Unidos, España, Canadá y ahora México y prefieren probar suerte por aquellos lares, antes que quedarse en nuestra patria viviendo en la incertidumbre. Igual ocurre con las llamadas “maquilas, que operan en el sector norte de la geografía nacional”, que se han convertido en una fuente de trabajo de muchos jóvenes de nuestras ciudades y del campo. A esta labor se han incorporado también muchas jóvenes del sexo femenino que hoy prefieren esta labor mejor remunerado, que el trabajo doméstico de antes. De allí la carencia de estos servidores de casa.

Ante esta realidad, la labor de cortas se ha ido reduciendo por los expertos en estas tareas y toca en su mayoría de los casos, a una madre generalmente soltera o casada, con un batallón de descendientes y colaterales en la orfandad, muchas veces ejecutar la labor, de allí el reclamo de nuestros productores por la escasez de cortadores.

La situación de nuestras cortas y producción del café, debe preocuparnos a los hondureños en general, pues históricamente se ha afirmado que hemos estado entre los cinco o seis países en el planeta como mayor productor del grano, con algo más que siempre nos ha contentado y es que se ha afirmado que nuestros productores son patente nacional. Eso nos ha agradado enormemente que manos hondureños perciban beneficios de algo que es parte de nuestra riqueza nacional.

Pero lamentablemente, el problema no solo radica en la producción o en las cortas del grano, el problema es crónico, está en el “mercado”, que impone precios y condiciones de manera absolutista (dictatorial) desafortunadamente así ha funcionado el mercado, desde ya hace muchos años.

Un ejemplo es lo que está ocurriendo con el grano, en estos momentos que los precios ya vienen fijados por la “Bolsa de Valores de Nueva York” los que son excesivamente bajos, con consecuentes pérdidas para nuestros productores.

Gobiernos responsables y valientes, deben tomar las medidas necesarias para buscarle otra salida a esta forma de mercado, buscando nuevos senderos y nosotros aquí internamente haciendo lo propio. Mientras tanto, ese momento llega no perdamos la fe, que pronto regresaremos a las cortas de café.

Periferia de San Miguel de Heredia.