¡Pasión de gavilanes!

Por José María Leiva Leiva

En un manifiesto dado a conocer por el Claustro de Profesores de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), se señala “que desde el año 2008 hasta la fecha, se ha venido debilitando la institucionalidad del país mediante el incumplimiento e irrespeto a la Constitución de la República y otras normativas que componen el ordenamiento jurídico nacional, como son: a)… b) El quebrantamiento del orden constitucional mediante la crisis institucional conocida como golpe de estado al Poder Ejecutivo”.

En este apartado, permítaseme agregar como antecedentes, que las violaciones sistemáticas a la Constitución han estado en nuestro medio a la orden del día. Basta recordar los golpes de estado que se fueron perpetuando por las fuerzas militares sobre todo a partir de la década de los años 60. Golpes a veces “insólitos” como ese que depuso a un presidente que estaba a dos meses de entregar la Casa de Gobierno, y que no estaba tramando –que nosotros sepamos–, ninguna acción ilegal para perpetuarse en el ejercicio del poder, por lo que queda la cochina duda, si ello fue más bien un contubernio de los politiqueros criollos con el estamento armado, por cerrarle el paso a alguien que no gozaba de sus afectos.

Tampoco tienen desperdicio en esta referencia las expresiones de nefastos politiqueros que por aquellos años llegaron a expresar frases como estas: “La Constitución es pura babosada”, o bien esta otra perla: “La Constitución hay que violarla cuantas veces sea necesario”. Sumemos a estos desaguisados otras expresiones no menos ignominiosas como la de un candidato presidencial que llegó a decir una vez pasadas las elecciones, que la Corte Suprema de Justicia, le correspondía a él. O bien otra politiquera reclamando para sí la dirección de la Marina Mercante… pues era para ella. O sea, una distribución a pedazos de la suculenta torta que representan las instituciones del Estado, pues aquí existe la perversa costumbre generalizada de gobernar para lucrarse y no para servir.

El manifiesto del Claustro de Profesores, agrega que a este debilitamiento institucional contribuyen: c)… d) La sentencia de la Corte Suprema de Justicia para consentir la reelección presidencial al declarar inaplicables artículos de la Constitución. e) La reelección presidencial infringiendo, entre otros, el artículo 4 constitucional que expresamente establece en su segundo párrafo… “la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República es obligatoria. La infracción de esta norma constituye delito de traición a la patria”, con relación al artículo 374 que preceptúa la prohibición para ser nuevamente presidente. Sobre el particular, la OEA en fecha 28 de octubre de 2017 le solicitó un estudio a la Comisión Europea para la Democracia a través del derecho, conocida como la Comisión de Venecia, que en su informe final dice “que la reelección presidencial no es un derecho humano”.

“Sino que se deriva del derecho a la participación política y no se vulnera con la imposición de límites de mandatos. Límites que buscan evitar la perpetuación en el poder y que la democracia se convierta en una dictadura de facto… Esa restricción –continúa el informe– proviene de una decisión soberana del pueblo plasmada en la parte orgánica de su Constitución, y no en el capítulo de los derechos fundamentales. En consecuencia, nadie puede argumentar tener derecho a postularse a una reelección después de un mandato si la Constitución establece lo contrario”.

Clara y tajante la OEA al manifestar que inició este proceso “por la mala y reiterada práctica regional de modificar la Constitución durante un mandato para buscar la reelección o la posible perpetuación en el poder en sistemas presidenciales. En algunos casos, peores aún, se buscó sin cambio constitucional hacerlo mediante sentencias judiciales”. Desafortunadamente como suele pasar en la abyecta politiquería, la OEA en el caso de Honduras, se quedó atrapada en el simple discurso político.

Esa hermosa canción de Luis Aguilé, “Señor presidente”, del año 2007, les retrata como lo que son, una manga de ambiciosos obnubilados por el poder. Quiso pasar en el 2008, y finalmente aconteció recientemente, juzgue usted dicha letra: “Cuando llegue a mandar… no se quiera quedar para toda la vida como un elegido. No se deje llevar por esa tentación de cambiar la nación y arreglar a su hechura y a su conveniencia la Constitución…”.

Razón desde luego no le falta al manifiesto del Claustro, al considerar en sus términos finales que la “crisis político-social que impera en el país es el resultado del irrespeto a la Constitución y del orden jurídico nacional e internacional, que ha venido a deteriorar los cimientos del estado de derecho y, por ende, el menoscabo de los derechos de la población y del sistema de participación democrática…”. Desde luego, a ese paso, vamos de mal en peor. Lo digo y lo sostengo, “cuando el derecho se mezcla con la política… se prostituye”.