EN la negociación del gobierno mexicano con Washington para obtener prórroga al castigo de los aranceles, ofreciendo ser “tercer país seguro” para que los migrantes que crucen la frontera regresen a México a esperar resolución a sus solicitudes de asilo, hubo algo que destacaron como un logro. Un plan, a iniciativa de AMLO, quien dijo haber convencido a POTUS a invertir fondos en el desarrollo de estas regiones, como única solución para evitar el impulso de los flujos masivos. Sin embargo, aquí está la respuesta concreta a esa ilusión. “El gobierno estadounidense comunicó que no ofrecerá “fondos nuevos” hasta comprobar que las autoridades de Guatemala, Honduras y El Salvador toman “medidas concretas” para reducir la inmigración ilegal, aunque continuará la asistencia para el Triángulo Norte en determinados programas”. Exactamente lo que anticipamos.
Como decíamos ayer. AMLO propuso un refrito del Plan Puebla Panamá de Fox, o del más reciente Plan para la Prosperidad –apoyado por Obama para el cual nunca llegaron los recursos comprometidos– destinado a atacar las causas del flujo migratorio en los países de origen. Incluso, en su propio país, ya que las regiones del sur de México evidencian rasgos de pobreza superior y no tienen ni por cerca el nivel de desarrollo de las comunidades del norte. Faltaría ver si la administración Trump va a desembolsar los recursos de asistencia requeridos para financiarlo –que según AMLO le prometieron a su canciller como parte de la negociación– a modo de echarlo a andar. Sobre todo, ahora que en represalia por las caravanas cortaron la modesta asistencia que daban a los países del Triángulo Norte. (Ya con esta son varias veces que comprometen recursos, que nunca llegan, para financiar ambiciosos planes dirigidos a las causas reales de las masivas migraciones). Hay que recordar que lo que habría que atacar son las miserables condiciones de pobreza, la violencia, la inseguridad, la falta de trabajo y oportunidades que ocasionan las peregrinaciones. (Hasta allí un extracto de lo que prevenimos). Así como a México lo van a tener con la pistola arancelaria en la sien, haciendo que todo el territorio sirva como muralla de contención de los peregrinos, igual sucederá con los castigos anunciados para el Triángulo Norte. Todo está condicionado a complacer las exigencias de la Casa Blanca. Con la tuerce que el tema se ha convertido allá en bandera de campaña política.
En la antesala del lanzamiento para un nuevo período POTUS envió otro aviso: “El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas comenzará la semana que viene “el proceso de expulsar a los millones de extranjeros ilegales que han entrado ilegalmente a Estados Unidos”. “Los expulsaremos tan rápido como entren”. Extraño el aviso ya que “no es habitual que las agencias de seguridad anuncien redadas antes de realizarlas”. Así que por allí pueden deducir si este tema migratorio, como la suerte de los inmigrantes que residen en los Estados Unidos, no tiene un cierto matiz político. Sea político o no, las cifras indican que las amenazas, como las acciones restrictivas a la inmigración en la frontera, han tenido efecto. “Hace tres semanas llegaban unos 4,200 migrantes diarios a la frontera de Estados Unidos, una cifra que ahora ha bajado a unas 2,600 personas”. La disyuntiva es que en la medida que cierren la migración como válvula de escape a la desocupación, la situación convulsa, de inconformismo, de frustración que ya existe en estos países va a volatizarse. Eso es mecha de mayor inestabilidad. ¿Y cuando reviente, qué creen que sucederá?