Por Lizzy Flores
“Salmos 80:3
Versículos conceptos
Restáuranos, oh Dios, y haz resplandecer tu rostro {sobre nosotros}, y seremos salvos”.
Así como escribí en una de mis columnas anteriores, la Constitución es como nuestra madre. Al no respetarla, cumplir con ella y seguir su guía tenemos el “desmadre” en nuestra casa, Honduras.
El período de mayor estabilidad y armonía en Honduras en las últimas décadas ha sido desde 1982 al 2009, por gracia del orden constitucional, donde los líderes y partidos políticos fueron consecuentes con sus mandatos.
Nuestro orden constitucional garantizaba armonía y paz social a todos los hondureños en igualdad de condiciones, derechos y garantías inalienables, y velaba por una representación democrática a todos los niveles y alternancia en los más altos de servicio público.
Nuestro sistema democrático funcionaba como relojito donde cada período de elecciones, brindaba nuevas oportunidades de responsabilidades compartidas, relevos y formación de liderazgos en la realización de agendas y visiones compartidas dentro de un esquema democrático. El sistema de representación caminaba bien, hasta llegar al 2009, momento cuando la influencia de corrientes provenientes del sur marcadas por autocracia permearon nuestra gobernabilidad y “modus vivendi”. En este momento se realizó el primer intento de romper y cambiar este orden en el ejercicio del Poder Ejecutivo, golpe y debilitamiento de la independencia de poderes, entes descentralizados e instituciones autónomas.
El lapso de transición, luego de la crisis política del 2009 ha sido muy duro. Aún sufrimos secuelas de las rupturas en nuestro tejido político, económico y social que están en proceso de sanar. Desde entonces los hondureños no nos hemos detenido a cuidar del bienestar y salud de nuestro país.
De no ser consecuentes y resolver la situación de fondo, el país puede seguir cayendo de crisis en crisis, y con cada secuela hundirse más.
Honduras merece lo mejor, podemos recuperar nuestra independencia e identidad nacional, y juntos transformar el entorno para ser cuna que asegure a todas nuestras familias estabilidad, desarrollo y prosperidad.
Aunque no podamos volver el tiempo atrás y rehacer lo acontecido, podemos pedir y velar que se haga la restauración y la restitución correspondiente del orden que se ha soslayado.
En la Biblia nos muestra ejemplos de como hacerlo al romper con las leyes de Dios. Levítico 6: 2-5, “Cuando una persona pecare e hiciere prevaricación contra Jehová, y negare a su prójimo lo encomendado o dejado en su mano, o bien robare o calumniare a su prójimo, o habiendo hallado lo perdido después lo negare, y jurare en falso; en alguna de todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre, entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló, o todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte, en el día de su expiación”.
Si hay voluntad, siempre se puede regresar al orden de la madre, el ser quien nos dio la vida y acompañó nuestros primeros pasos y formación para ser ciudadanos de bien.