Por Juan Ramón Martínez
La lucha, aún de mediana intensidad, continuó durante la semana pasada. El gobierno se ha fortalecido discretamente en lo referido al control del escenario. La mayoría de la opinión pública está en favor de finalizar al conflicto. El diálogo convocado por JOH –no para buscar soluciones sino que para restarle prestigio a la Plataforma de Lucha ante la opinión pública–, ha sido un éxito. Ha ganado tiempo. Y puesto en evidencia el interés de Zelaya, en crear el caos; derribar al gobierno para estimular un golpe de estado que, según sus cálculos, los militares momento tendrán que ejecutar. Por ello ha surgido un nuevo tema, el de la Constituyente, asunto recurrente y vacío; pero central en el esquema simplista de Zelaya. La Plataforma de Lucha, su líder máximo, Suyapa Figueroa ha ganado el espacio publicitario, convirtiendo a la presidenta del Colegio Médico, en una figura con la cual hay que contar en el futuro político. El Copem y el Colegio de Pedagogos que le acompañan, han ganado muy poco, aunque son los que aportan los docentes y los alumnos para las largas marchas, con las que paralizan el tráfico e incomodan a la ciudadanía que, al tiempo que les rechaza, empieza a creer que el gobierno está perdiendo fuerza. Mientras en la realidad son ellos los que no están ganando nada en esta confrontación, en la que Libre foguea sus cuadros; evita el deterioro del liderazgo de Zelaya, y busca ampliar las fisuras en el Partido Nacional que, aunque ha salido a la calle para mostrar su músculo, puede ser debilitado por Lobo, de cara al futuro proceso electoral, a celebrarse en el 2021.
La iglesia, sorprendida de la respuesta a su ¡basta ya!, descubre que –contrario al pasado– es periférica en la confrontación, casi inexistente. Y con nula influencia para mejorar el diálogo. Monseñor Garachana ha descubierto la falla y reconocido que la iglesia también es culpable por haber callado. Sin embargo, no se puede disimular que, la Iglesia Católica sabe que está perdiendo feligreses; que los evangélicos le dan más apoyo al gobierno y que, por efectos inerciales, lucen suavemente inclinados en favor de los que luchan contra de este. Aunque sin compartir el objetivo de derribar a JOH, que es la meta de Zelaya y Figueroa que sin duda, puede entrar en conflictos con el expresidente, porque de estas escaramuzas ella fortalece su perfil y puede quedarse con la candidatura presidencial de Libre. Ella ha ratificado su actitud contra toda forma de autoridad; su placer en la pelea y una seguridad que la hizo decir que, no tiene miedo que la investiguen, después de una cita en que, por primera vez, es invitada por la encargada de Negocios, no como ella dice –porque no siempre dice la verdad, como todos los políticos– para pedirle información que los estadounidenses tienen en forma completa, sino que para mostrarle su preocupación sobre como conduce el conflicto y hacerle saber que, JOH sigue siendo la opción natural de los Estados Unidos. Inteligente como es, Figueroa sabe que la embajada no la ve con buenos ojos, especialmente porque es obvio que, ha olvidado los objetivos nacionales, para comprometerse en el conflicto, no para buscar soluciones, sino para satisfacer su inclinación de lucha contra cualquiera forma de poder, cualquiera que este sea.
Mantiene intacto su poder y unidas sus bases. Los médicos, incluso los opuestos a Figueroa, se mantienen silenciosos. Extrañamente acríticos. Los alineados con JOH, son poco conocidos e influyentes.
En información al público, el gobierno es respaldado por los medios tradicionales. Dan poca información.
Figueroa domina las redes sociales que, muestran sus expresiones de fuerza en las movilizaciones y en el tranque de las calles de acceso a las ciudades. Los empresarios, que quisieron entrar en la lucha contra el gobierno por el tema de los impuestos, se han frenado en sus impulsos de la misma manera que lo han hecho los demás partidos que, no saben cómo reaccionar en una lucha tan emotiva, como la que se libra actualmente.
En fin, las perdidas para Honduras, son muy altas. Los daños a los sectores populares son severos. El cierre de la frontera de México, es grave; no les importa. Seguimos en manos de sonámbulos que, luchan fieramente a pocos metros del precipicio.