EL problema con estos pintorescos paisajes acabados a los que la comunidad internacional utiliza como tubos de laboratorio para experimentar, es que de tanto meter la cuchara queriendo hacerlos a imagen y semejanza suya, lejos de enderezarlos, los tuercen más. No que todo sea culpa de los metiches, ya que de cosecha propia hay todo un surtidor de malograda conducta como para darse gusto. Complicaciones, atravesadas costumbres, torpezas, equivocaciones que se repiten, resabios, conflictos internos, reyertas, malos gobiernos, prácticas amañadas, falta de ahínco colectivo para sacar la agujereada embarcación a flote, en fin, todo lo demás que contribuye a desencadenar el estropicio que acaba fundiéndolos. Para dar algunos de los más sonados ejemplos. Los que creyeron que Venezuela se arreglaba con la implosión de los partidos tradicionales, después que todos conspiraron en contra del sistema político y, de paso, deshacerse de Carlos Andrés Pérez, señalado por actos de corrupción, nunca imaginaron que el ganancioso sería el finado que mantuvo boyante su revolución cuando el crudo costaba $100 el barril.
Ni que el heredero del trono –ya sin los petrodólares de la era anterior– a punta de dictadura y magistral ineptitud iba a terminar arruinando el país. Pero estropeándolo con ganas. Palidecen los vicios de corrupción de los regímenes aquellos con los de ahora. También equivocados estaban quienes supusieron que todo mal, toda penuria, toda vergüenza, toda miseria acabaría en Nicaragua con el triunfo de la revolución sandinista. No hubo ni más democracia, ni más libertades, ni más progreso. Pregunten si con la revolución desapareció la lacra que marcó de oprobio la dictadura somocista. Busquen a su alrededor y encontrarán como la historia se repite. No es preciso detenernos en cada fracasado intento. Todo el hemisferio está lleno a lo largo del tortuoso camino recorrido –frustrando el afán de cada uno de sus pueblos de arribar a estadios superiores de decencia en la política, transparencia en la administración pública, democracia y desarrollo– de esa noción de desencanto, de reveses, de retrocesos que entristecen. Centroamérica ni digamos. Vámonos a lo más reciente. Guatemala va a otra ronda electoral, sin que el resultado de la nueva práctica comicial augure mejores derroteros. Ya días que carga con una CICIG encima, después que allá en la ONU llegaron al convencimiento que el país solito no salía de sus malos pasos. La Comisión Internacional no ha podido en varias décadas de existencia, con toda la persecución desatada en contra de políticos y empresarios, en forma selectiva, adecentar el sistema.
Se acreditan casos emblemáticos como haber acabado con el gobierno del general mano dura al que tienen bajo las rejas. Contribuyeron las antorchas, gracias a las cuales un “outsider” actor y comediante logró la presidencia bajo el grito “no soy ladrón”. El apolítico co-gobernó con el temible “Iván el terrible” hasta que se le vino encima. Con ayuda de la fiscal general que utilizó el cargo para hacer méritos como trampolín de una aspiración presidencial. No la inscribieron ya que sobre ella pesa una orden de captura por supuestos malos manejos en su gestión. El gobierno que sale decepcionó, mientras el país por falta de liderazgo permaneció estancado todo ese período. (Bueno, ya lleva muchos más años de letargo que inciden sobre el bienestar de la gente en la nación de la eterna primavera que, en tiempos coloniales, fue sede de la capitanía general). Una administración pública inoperante, paralizada por el temor de los funcionarios de ser las nuevas víctimas de la implacable CICIG. El gobierno acabó expulsándola negándose a renovar el convenio; lo que le costó a Jimmy el enfado del Secretario General de la ONU y bastante desprestigio local. Porque la gente cree que el país no anda sin muletas prestadas de afuera. (Allá no habido jefe de Estado que les funcione, varios de ellos blancos de la persecución política o del acoso judicial cuando sueltan el alto cargo). Como el repicar y doblar de las campanas. Los triunfadores de la primera vuelta, sorpresa, ningún “outsider” sino dos curtidos políticos del sistema desdeñado que las antorchas –estimuladas por la comunidad internacional– se encendieron para erradicar. ¿Habrá razón alguna de entusiasmo, o más bien luz verde para también mantener al futuro gobierno intervenido?