Dirigentes comunales de Nahuaterique, uno de los ex bolsones recuperados en el litigio limítrofe con El Salvador, se quejaron del abandono gubernamental tras 27 años del histórico fallo que los dejó en territorio hondureño.
“Vivimos en el abandono desde 1992, estamos en la misma situación desde ese año”, dijo Jorge Martínez, uno de los dirigentes patronales, quien se encuentra en la capital a espera de recibir apoyo de los funcionarios del gobierno.
“Siempre nos pasa lo mismo. Venimos desde lejos, pagamos nuestro propio pasaje y cuando ya estamos aquí, nos cierran las puertas o no nos reciben”, agregó Ovidio García López, acompañante de Martínez.
Los dos dirigentes visitaron ayer la sala de redacción de LA TRIBUNA, para exponer la verdadera situación que atraviesa esta aldea, ahora, jurisdicción del municipio de Santa Elena, La Paz.
Tanto Jorge como Ovidio, lucen fatigados, rostros sudorosos, quemados por el sol de la faena, gorra y ropa curtida. Con la sencillez del dirigente de tierra adentro pero muy claros al momento de plantear sus necesidades: Buenas carreteras, proyectos de viviendas, bono tecnológico, agua, saneamiento y otros beneficios sociales, que solo quedaron en falsas promesas.
A esto se suma, el deterioro de las escuelas y la falta de mobiliarios y textos escolares. “Nadie nos atiende, ni los diputados de La Paz, ni los alcaldes, todos por igual, solo llegan en tiempo de elecciones y de ahí no regresan”, se queja Martínez.
Recientemente, las fuerzas vivas de la aldea firmaron una carta con sus peticiones puntuales para el Presidente Juan Orlando Hernández a la espera de hacérselas llegar. El problema es cómo. “Al menos, que nos recibiera el designado Ricardo Álvarez; el ministro de Agricultura, Mauricio Guevara, o el de Desarrollo Social, Reinaldo Sánchez”, agregó Martínez.
En esta aldea viven alrededor de diez mil pobladores casi todos en situación de calamidad permanente por los estragos de la sequía que arruina los cultivos año con año, su principal fuente de alimentación. “Comemos salteado casi a diario, no estamos exagerando”, subrayó Ovidio.
Es tanto el abandono, según los dirigentes, que a veces se arrepienten haber quedado del lado hondureño, pues, antes del fallo, el gobierno salvadoreño se preocupaba por la aldea.
Lamentan que su queja es la de nunca acabar: Contactan a un funcionario, les promete ayuda y cuando vienen por ella a Tegucigalpa, los dejan plantados. Esta vez, esperan no regresar con las manos vacías y dejaron su número telefónico por si algún funcionario se compadece (9793-0207).