Por José Rolando Sarmiento
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Es importante que los hondureños conozcamos todo lo que tiene que ver con el denominado cambio climático, provocado por la mano destructiva, depredadora del hombre y sus actividades forestales, industriales y de crecimiento urbano, que contaminan y destruyen el medio ambiente, cuando se nos explica que se necesita una década para revertir la “paradoja” de los agricultores que pasan hambre. Sí entristece que se estropee una planta a la que se cuida con cariño, energía y tiempo, es fácil imaginar la desdicha vital de la cantidad de agricultores a las que se les puede destrozar una cosecha entera de la que se sustenta su familia, por unas lluvias fuertes o por una larga sequía; o a los que pierden sus ovejas o sus reses comidas por las alimañas de la noche; o a los pescadores que vuelven con redes vacías por la sobreexplotación de las grandes navieras; o los indígenas que ven desaparecer sus árboles medicinales por la deforestación. O que después, entre rascacielos de ciudades, se establezca el precio de un saco de cereales del campo.
Los pequeños agricultores, que producen más del 80% de los alimentos del planeta, “son paradójicamente y a menudo” los más vulnerables al hambre, resume la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En su sede en Roma, se lanza el Decenio de las Naciones Unidas para la Agricultura Familiar (2019-2028), donde se aprobará un Plan de Acción Global que revierta en cambios de políticas públicas y a través de ello se mejoren sus condiciones de vida y se cumplan los objetivos de desarrollo sostenible. “Son 145 participantes entre gobiernos, organizaciones, academias, centros de investigación… Se han formado 52 comités nacionales de agricultura familiar y hay que fortalecerlos”, remarca el director del Foro Mundial Rural.
Pero los desafíos van más allá y se extienden por otras latitudes; la falta de acceso a las tierras, a los recursos naturales, a los créditos, a los mercados, a la formación, a la innovación, a la igualdad se suman en esta paradoja que se refleja con datos tanto en Honduras como en muchos otros países del mundo. “Más del 80% de las personas en situación de pobreza e inseguridad alimentaria del planeta vive en zonas rurales y depende principalmente de la producción agrícola para su subsistencia. La mayor parte de la población rural pobre está formada por pequeños productores familiares de alimentos”, informa la FAO, que detalla que existen más de 600 millones de explotaciones agrícolas en el mundo y más del 90% de ellas están gestionadas por una sola persona o familia.
Ante este panorama se presenta una pregunta clave y que se sitúa en el epicentro del programa. ¿Cómo convencer a los jóvenes para que confíen en que producir alimentos es una opción de futuro? La agricultura familiar incluye a campesinos, pueblos indígenas, comunidades tradicionales, pescadores, agricultores de montaña y pastores. A ese propósito, autoridades de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) abrieron la Unidad de Agricultura Familiar (UAF) con la finalidad de responder a las demandas de productores con apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, (FAO). La UAF, tiene como objetivo impulsar los procesos estratégicos, metodológicos y operativos para el desarrollo y el fomento a la producción agrícola en el país.
Mauricio Guevara, titular de la SAG, dijo que “con apoyo de la FAO se impulsa le Estrategia Nacional de Agricultura Familiar, como el marco de acción para la mejora de la productividad y de los ingresos de las familias rurales hondureñas, como una contribución a la mejora de las condiciones de vida y a la reducción de la pobreza”. Con la gestión de la Unidad de Agricultura Familiar, se articularán los servicios y oferta técnica orientada al fortalecimiento de la productividad y la competitividad de los agricultores y sus organizaciones. El 92 por ciento de los agricultores familiares practican una agricultura de subsistencia, lo que de alguna manera es congruente con estadísticas nacionales que establecen que 7 de cada 10 hogares están bajo el umbral de pobreza.
En el país se tiene una caracterización de los agricultores familiares, clasificándolos en una agricultura familiar de autoconsumo, una de agricultura familiar en transición con el objetivo de llegar a una agricultura familiar consolidada. De acuerdo al censo de población y vivienda (INE 2013) al menos 520 mil hogares participan en la agricultura como actividad económica principal generando más de 900 mil empleos directos.