Estigmatización prejuiciosa y sectaria

Por Marcio Enrique Sierra Mejía

Algunos actores políticos de oposición en nuestra controvertida sociedad política gustan demostrar posturas políticas irreverentes ante el gobierno, sus autoridades, empresarios y contra las fuerzas democráticas no socialistas o no izquierdistas, con un afán exhibicionista, haciendo una lectura narrativa sobre nuestra realidad política actual que estigmatiza, es prejuiciada y sectaria; enfatizando en un accionar violento a través del control de mecanismos desestabilizadores como son los frentes populares, las plataformas ciudadanas, las redes sociales, los medios de comunicación, los comandos insurreccionales y otros que privan en la clandestinidad; que son dirigidos por militantes que han alcanzado cierto desarrollo en diversos temas vinculados a la política doctrinaria socialista revolucionaria como eje rector; la cual aplican para criticar la vida política práctica de acuerdo a las circunstancias que les toca vivir y que a su vez, formulan y reformulan de acuerdo a las experiencias de las que se nutre. Son voceros ideológicos que no están aislados, sino por el contrario, actúan muy bien coordinados en representación de una organización político reivindicativa que los coopta y les da directivas de acción.

Los críticos políticos anticapitalistas son opositores proclives a las posturas radicales y afines con ideologías opuestas a los valores propios de la democracia liberal: juzgan para construir prejuicios sobre las relaciones naturales existentes entre los presidentes de los tres poderes que funcionan de manera interdependiente pero no de forma subordinada; juzgan para construir prejuicios sobre reformas de políticas públicas; juzgan para construir prejuicios sobre la personalidad del Presidente y su gobierno; juzgan para construir prejuicios sobre los empresarios; en fin, juzgan para construir prejuicios que les favorezcan sus intereses políticos de toma del poder de la nación. Y que al final contribuyen a generar intolerancia ciudadana y sectarismo político.

Por ejemplo, dan como una verdad absoluta la crítica política que juzga al Presidente como un dictador y a su gobierno como una dictadura. Mal interpretando prejuiciosamente las relaciones entre los presidentes de los tres poderes del Estado republicano que tenemos. Son prejuicios políticos que construyen una mentira que la repiten tantas veces sea necesario para convertirla como una verdad en el imaginario social, generando sentimientos de incertidumbre, de desilusión colectiva, de intolerancia y resistencia política violenta.

Los prejuicios políticos no constituyen verdades reales absolutas. Más bien, son mentiras absolutas utilizadas para hacernos creer que, en nuestro país no existen condiciones políticas democráticas y que el poder de la nación está concentrado en el Presidente, considerándolo como un dictador. Una consigna política conveniente para crear una dinámica política favorable a los interesases electoreros de los socialistas.

La política del prejuicio político, la estigmatización que sistemáticamente se aplica en la sociedad política hondureña cobra énfasis desde que los socialistas perdieron las elecciones en el 2017. Desde entonces los políticos opositores anarcossocialistas infunden el odio político y el sectarismo, fundamentándose en posturas politicas engañosas para crear intransigencia ciudadana, repudio hacia el gobierno y conflicto social.

A nuestra ciudadanía la están dividiendo en base a prejuicios y no en base a verdades objetivas y argumentos políticos que contribuyan a dar soluciones y estabilidad política. Para los políticos anarcossocialistas la construcción de la democracia participativa es potestad exclusiva de ellos. Según estos políticos el pueblo podrá tener el poder, tener voz y voto con ellos gobernando. Los ciudadanos no alineados con su doctrina socialista no tienen derecho de elegir, en integrar los poderes públicos y judiciales. Por lo tanto, el cambio que proponen los ideólogos anarcos socialistas es desde una perspectiva excluyente y a través de mecanismos políticos desestabilizadores como el “diálogo alternativo” que han establecido los de la Plataforma de Educación y Salud que también es un mecanismo desestabilizador.

Ahora bien, se debe entender que la izquierda actúa como actúa porque encuentra oportunidades y hechos que les permiten aplicar la política del prejuicio y la apología del odio. Los izquierdistas asumen que en nuestro país el estado de derecho y la economía de mercado, que promueve el actual gobierno, es un proceso político engañoso porque constatan que “la soberbia política contamina la gestión gubernativa”, que la “desigualdad respecto al trabajo y la desigualdad respecto al capital” fundamentan el devenir del proceso de construcción de la democracia, que las soluciones ante procesos de “impunidad y corrupción” son selectivas y no equitativas, que las oportunidades de acceso al mercado de trabajo son mínimas y que ha aumentado el estado deficiente del sistema educativo y del sistema de salud.

En consecuencia, hay que ejecutar acciones que ganen credibilidad, evitando que se produzcan escandalosos casos de corrupción de altas personalidades de la vida pública tanto económica como política, respetando al diferente, siendo menos intolerantes y más humildes para propiciar diálogos inclusivos.