EL trato de AMLO para evitar el castigo arancelario de POTUS ha sido duramente criticado en la prensa mexicana. Más cuando ya no es un secreto que México está a punto de ser “tercer país seguro” para los migrantes, rompiendo el ejercicio soberano de su política exterior, al aceptar que quienes cruzan la frontera solicitando asilo, retornen a México, donde permanecerán, esperando la resolución del juez a su petición. Antes, tenían el derecho de permanecer en los Estados Unidos aguardando el resultado de su gestión. El arreglo, además, solo evita que por unos meses, halen el gatillo de la pistola que les colocaron en la sien. Si en el transcurso del ultimátum pactado el gobierno mexicano no complace las expectativas de Washington de conjurar el “demonio migratorio”, le disparan el tiro arancelario que, dicho sea de paso, se aplicaría en forma escalonada a todos los productos mexicanos introducidos al mercado norteamericano.
Se detendría el intercambio comercial y el nuevo tratado de libre comercio quedaría como papel mojado. Para que de esa manera –de acuerdo a la lógica aplicada por POTUS– las empresas instaladas en México tengan que trasladar sus instalaciones y mudarse a los Estados Unidos. Si bien evitaron, por el momento, la aplicación de gravámenes de introducción a sus artículos, la incertidumbre es sobre la magnitud de las medidas exigidas para satisfacer las demandas del gobierno estadounidense. Se preguntan los periódicos mexicanos: “¿Cuál es el cupo de migrantes que debemos recibir de EE UU en la frontera norte y cuántos devueltos a Centroamérica por el sur para desactivar la intimidación de los males graves que anuncia el tiempo en 45 o 90 días? El gobierno azteca desplegó 6 mil soldados de la guardia nacional para amurallar su frontera sur, a modo de contener el flujo de caravanas procedentes del Triángulo Norte. Otra de las condiciones fue que México arreciara las deportaciones de los centroamericanos. ¿Cómo harían para inmovilizar a los migrantes estacionados para que permanezcan en México con solicitud de refugio? ¿Y si en los 45 días que tienen de plazo no se reduce la migración, otra vez la hecatombe? A criterio de los críticos “el acuerdo le permitió meterse hasta la cocina de la política interna e incidir directamente en la seguridad interior del país”. ¿Si claudicaron en eso, qué viene después? Aunque no todo es defectuoso. AMLO propuso un refrito del Plan Puebla Panamá de Fox, o del más reciente Plan para la Prosperidad –apoyado por Obama para el cual nunca llegaron los recursos comprometidos– destinado a atacar las causas del flujo migratorio en los países de origen.
Incluso, en su propio país, ya que las regiones del sur de México evidencian rasgos de pobreza superior y no tienen ni por cerca el nivel de desarrollo de las comunidades del norte. Para iniciar con el plan informan que “ya montaron las mesas de desarrollo”. Faltaría ver si la administración Trump va a desembolsar los recursos de asistencia requeridos para financiarlo –que según AMLO le prometieron a su canciller como parte de la negociación– a modo de echarlo a andar. Sobre todo, ahora que en represalia por las caravanas cortaron la modesta asistencia que daban a los países del Triángulo Norte. (Ya con esta son varias veces que comprometen recursos, que nunca llegan, para financiar ambiciosos planes dirigidos a las causas reales de las masivas migraciones). Hay que recordar que lo que habría que atacar son las miserables condiciones de pobreza, la violencia, la inseguridad, la falta de trabajo y oportunidades que ocasionan las peregrinaciones. Con o sin plan, lo que compete a estos países, por su propio bienestar interno, es estimular condiciones que generen empleos. Ni el FMI ni las tías las zanatas colaboran para esos fines. Más bien aplican recetas que contraen los mercados y atentan contra la producción. ¿Ajá, y el gobierno y los empresarios qué van a hacer? ¿Seguir esperanzados en recibir recursos que no llegan y si los mandan es fuertemente atados, mientras la mayor parte se gastan en pagar asesores de la burocracia internacional?