Por Iris Ramírez
Escuchar hablar de Taiwán siempre me produjo una emoción casi magnética, un deseo intenso de conocer esa maravillosa isla de la que siempre leí, vi y escuché muy buenas cosas, convirtiéndose para mí ese paseo en uno de los infaltables en la lista de cosas que quería hacer cada año.
Y es que viajar es un tremendo placer, es como leer un libro completo disfrutando cada página de principio a fin, viviendo cada historia, contemplando cada paisaje con sus colores, olores y sabores. Es ya no imaginar cómo serán los lugares, la gente, sus cosas, sino verlas y decir: “Yo estuve ahí, yo comí eso, yo lo disfruté, lo viví”.

Algo así fue para mí ir a Taiwán y segura estoy que me quedaré corta en esta crónica, al ajustar la realidad a la imaginación que tenía de esa isla pequeña en extensión territorial, pero grande en adelantos en todos los campos de las ciencias, la infraestructura y economía; la hospitalidad de su gente que se ha quedado gravada en mi corazón, al igual que la grandeza de su cultura y su gastronomía.
La horas de vuelo, el sueño, el cansancio, desaparecieron al salir del aeropuerto Taoyuan; me cautivó su gente, la sonrisa con la que me recibió Vicent Lu, con una alegría similar a esa con que recibes a un amigo que hace años no veías, pero al que quieres mucho. ¡Eran entonces las 5 de la mañana y la aventura ya había comenzado!

El mejor paisaje
Al mediodía conocí a Víctor Chu e Irina Yu, los funcionarios de Asuntos Exteriores del gobierno de Taiwán que nos acompañarían en esta inolvidable experiencia. Con ellos confirmé que los taiwaneses son amables, simpáticos, ordenados, respetuosos, limpios, tranquilos y muy serviciales. No me equivoco al decir que lo que más me gustó de este país fue su gente, ese es su mejor paisaje, ver a tantas personas sonrientes pareciera que estaba en el país de la eterna felicidad.
Al recorrer sus calles pude ver la forma en que se conjuga a la perfección la tradición con la modernidad en sus edificaciones; hay casas de estructura tradicional, otras más antiguas con sus característicos y vistosos tejados orientales y edificios modernos de viviendas.

La riqueza de su historia
Conocí un poco de la historia de esa isla, a través de la visita al hermoso Monumento Conmemorativo a Chiang Kai-Shek, flanqueado por bellos jardines. En frente de la imponente edificación se aprecia la Plaza de la Libertad, a su izquierda está el Teatro Nacional y al otro lado el Concierto Nacional. En el monumento, se encuentran celosamente guardados documentos históricos, artículos personales, el despacho, los uniformes militares, reconocimientos y hasta los vehículos blindados del líder político y militar que se convirtió en presidente del gobierno nacionalista de China desde 1950 hasta 1975.
También visité el Museo Nacional del Palacio, en la ciudad de Taipéi, un recinto que alberga una colección permanente de más de 697 mil piezas y artesanías antiguas chinas, que silentes relatan la historia de Taiwán, como principal promotor de la milenaria cultura china.

Un viaje a alta velocidad
Otro momento alucinante fue viajar en el tren bala o de alta velocidad, en el cual recorrí más de 300 kilómetros en 90 minutos, camino a la ciudad de Chiayi, para conocer un poco de la basta cultura étnica de la isla, en el Parque Cultural Yuyupas, donde, junto a un grupo de colegas periodistas de países de habla hispana, fui partícipe de un alegre y colorido espectáculo artístico de una de sus etnias, quienes bailaron con orgullo una de sus danzas aborígenes.

Una singular degustación de té
Ahí en Yuyupas pude comprobar que definitivamente Taiwán es uno de los principales productores y consumidores de té del mundo entero. Que tienen muchas variedades con calidad y propiedades excepcionales. Degustar té verde, rojo, negro y otros que ni sabía que existían, pero que fue un verdadero honor tomarlos; igualmente me sentí privilegiada de ver las esplendorosas plantaciones de té a ras de suelo en la alta montaña de Yuyupas… ¡Un paisaje impresionante!

El reino de las orquídeas
Taiwán es conocida también como “El reino de las orquídeas” y conocer el distrito sureño de Tainan, donde hay miles de hectáreas de plantaciones de la exótica flor, fue realmente encantador. Es uno de los mejores y más coloridos espectáculos a los ojos de los visitantes, pues en esta ciudad se cultivan de 20 a 30 variedades de orquídeas de diferentes formas y colores. Sin duda las favoritas y las que han ganado los mejores premios en la Exposición Internacional de Orquídeas de Taiwán, una de las tres mayores exhibiciones del mundo, son la orquídea mariposa y muñeca de baile.
Taipéi 101
Una de las obras más superlativas de Taipéi es el rascacielos Taipéi 101, que se encuentra en el corazón de la ciudad, con un ascensor turbo, que nos llevó en 39 segundos hasta el piso 89. Por cada uno de sus lados se aprecia la ciudad. La edificación es estable y muy segura. Es uno de los paseos obligados para el que visita Taipéi.

| Más que curiosidades |
| Hay tantas cosas que me sorprendieron y me enamoraron de esta nación, donde viven 23 millones de personas y que ocupa el 21 lugar en potencial económico y 23 en cuanto al flujo de comercio; además son el país con la quinta reserva de divisas del mundo.
** Una de las cosas que me impactaron es la limpieza de sus calles, no encontré más que unos cuantos basureros en las calles o los parques, que en realidad ni son necesarios, debido a que es prohibido botar la basura en el piso, quien lo haga puede recibir multas que van desde 20 $NT o nuevo dólar de Taiwán, hasta los 3 mil $NT. ** Los camiones de la basura pasan a las 5 de la tarde, por todas las ciudades, anunciando su llegada con una peculiar música similar a la de los carritos de los helados. Los ciudadanos clasifican la basura y la depositan ellos mismos en un camión y en otro los residuos reciclables. Ver esta actividad es casi un espectáculo, pues estos vehículos en todo su recorrido dejan escuchar las melodías “Für Elise”, de Beethoven y “A Maiden’s Prayer ”, del compositor polaco Tekla B?darzewska-Baranowska. ** De 4 a 5 de la mañana es muy normal ver a personas de la tercera edad recogiendo basura en los parques, por este trabajo les pagan 10 dólares taiwaneses diarios. ** Taiwán es la ciudad de las motos y las motocicletas, la mayoría de sus 23 millones de habitantes posee un vehículo de estos para transportarse, porque les es muy caro tener un carro, debido a que no hay muchos estacionamientos y los que existen son alquilados. Pueden pagar más por un parqueadero que por el alquiler de una vivienda. ** Los taiwaneses caminan bastante, para ellos ir de un lugar a otro caminando 20 o 30 minutos es algo muy normal y su bebida favorita es el té caliente. ** El sistema de transporte de la isla está compuesto por autobuses, en los que es prohibido tomar líquidos, comer y masticar chicle, al igual que el metro. En el autobús la tarifa básica es de 50 centavos de dólar taiwanés, el metro de 1 dólar o más, según sea la distancia a recorrer. También cuentan con el tren bala, para distancias más largas. Es un transporte muy seguro, eficiente y barato. ** El tren bala hace 120 viajes diarios, transportando al rededor de 5 millones y medio de personas al mes. ** Los taiwaneses respetan mucho las señales de tránsito y a los peatones, una multa por mal estacionamiento puede ir desde 20, hasta mil $NT. ** No es común encontrar policías en Taipéi, pues este país es tan seguro que en una semana, solo vi a una patrulla y porque había una estación policial cerca del hotel donde yo estaba hospedada. ** Los mercados son nocturnos, abren a las 11 de la mañana y cierran a las 11 de la noche. De estos hay más de 300 en Taipéi, siendo el más grande el Shilin. ** En Taipéi hay más de 20 centros tecnológicos, con fábricas y centros de investigación, donde hacen desde un chip, partes de computadoras, bicicletas, hasta todos los aparatos electrónicos que usted se pueda imaginar. ** Es un Estado laico que posee al rededor de 1,500 templos budistas. ** La calve de su alimentación es menos azúcar y menos sal; más vegetales, más frutas y menos carbohidratos. |




