SIN AGUA Y SIN PAN

NO se trata de recordar las tácticas de algunos emperadores romanos encaminadas a suavizar el ánimo exaltado del populacho ofreciendo “pan y circo” gratuitos mediante las exhibiciones mortales de fieras y gladiadores en el “Coliseo” y en otros ruedos de su vasto territorio imperial. Tampoco de las acciones despiadadas de los carceleros cuando mantienen “a pan y agua” a los presos que parecieran indeseables. Ni siquiera se trata del ayuno voluntario de los santos católicos y de otras religiones. Sino de una realidad semanal que se vive milagrosamente en barrios y colonias de varias ciudades importantes de Honduras, especialmente en Tegucigalpa, en donde los usuarios pagan mensualmente, al SANAA, sus recibos de agua y de luz, sin recibir a cambio, en los momentos en que se espera, el tan indispensable servicio.

Es injustificable, desde todo punto de vista, que por negligencia, desidia o maldad de los encargados de conectar los servicios de agua potable, durante semanas se queden sin recibir el precioso líquido decenas de miles de pobladores que apenas subsisten en las ciudades, ya de por sí abarrotadas de suciedad y de otras calamidades. En algún momento alguien expresó que de nada valía que en Tegucigalpa se experimentaran aguaceros diluvianos, porque a pesar de las inundaciones extremas, los racionamientos de agua continuaban como si no pasara nada; o como si viviéramos en Somalia o en Etiopía.

Lo peor del caso es que los racionamientos de agua en vez de ser superados se expanden como una epidemia. Si a una colonia, o a un barrio, le conectan el agua potable dos veces a la semana, en poco tiempo sólo la conectan una vez o, al final, suspenden durante varias semanas este servicio estatal, como castigo por pagar puntualmente las facturas mensuales. De ahí vienen o se agrandan los consabidos resentimientos sociales incómodos que aparentemente carecen de explicación. Naturalmente que a la escasez de agua se suman otras precariedades.

Con las negligencias mencionadas los responsables directos e indirectos de estos entuertos, le hacen un gran daño a la ciudadanía; pero también al gobierno de turno y al Estado para cuyas entidades hipotéticamente “trabajan”. Léase que en vez de trabajar reciben un sueldo seguro y puntual con los pagos de los recibos que cobran o “estafan”. Sería saludable una inspección sugerida por la ciudadanía, y asimismo autorizada por las autoridades centrales y municipales del país, a fin de hacer todas las averiguaciones encaminadas a establecer responsables pero, sobre todo, para corregir sobre la marcha, aquellas fallas técnicas en caso que existan o se agraven. Toda vez que podría tratarse, además, de fallas humanas malintencionadas. O problemas de energía eléctrica.

Coexistimos en una oportunidad propicia para corregir algunos errores tácticos y estratégicos que se revierten sobre el pueblo pobre en general y sobre la clase media en particular. Es el momento de la conciliación nacional dialogada entre todos. No de las venganzas personales y grupales, que nos desafían en varias direcciones. Ni tampoco es el momento de los oportunismos que le infieren daños al Estado y a la misma ciudadanía, habida cuenta que el Estado es de todos los hondureños.

Sin agua y sin pan es imposible vivir. Y como rezan las santas escrituras: “el que tiene oídos que oiga, y el que tiene ojos que vea”. O que tomen nota del grave problema aquellos que monitorean todo lo que supuestamente se publica en nuestro país, y que busquen los cauces adecuados para resolverlo con las mejores intenciones del mundo.