¿Funeraria o Policía?

Por: Benjamín Santos

Este artículo es una crítica a la Policía, pero hecha con buena fe. Quiero referirme a la conducta de las instituciones cuando ocurre un hecho delictivo en un lugar determinado especialmente en la ciudad. La voz de alarma generalmente la dan los medios de comunicación que son los primeros en llegar al lugar de los hechos. Hay medios que se han especializado en dar noticias sobre hechos delictivos y accidentes donde han resultado personas muertas o heridas. Hay personas incluso en mi casa a quienes no les gusta ese tipo de información, pero yo argumento que es la única forma en que los parientes de las víctimas pueden darse cuenta de que su pariente está muerto o herido.

En segundo lugar llega la Cruz Roja o los bomberos si se trata de apagar fuego. Luego llegan los parientes muertos en llanto, excepto quienes profesan alguna religión, porque para ellos Dios gobierna la vida de las personas hasta en los mínimos detalles, incluso el momento y la forma como van a morir, a tiros o aplastada por una rastra. Luego llega la Policía si recibió un llamado por el 911. Luego empieza la labor de levantar las víctimas para trasladarlas para su tratamiento o a la morgue para su autopsia. Si se pregunta por los autores, las causas y circunstancias del hecho la respuesta es siempre que ya se ha iniciado una profunda investigación cuyos resultados nunca llegan, excepto si se trata de personas cuya vida tiene alguna relevancia social o política.

Entendemos que la Policía tiene varias ramas especializadas, las dos más conocidas son la preventiva y la de investigación, la primera para prever que los hechos delictivos no ocurran y la segunda para actuar después de que los hechos se hayan consumado para recoger las pruebas, perseguir y capturar a los hechores. Entendemos que la depuración de la Policía, cuyo proceso se ha vuelto permanente, iba trabajar en el marco de esas dos orientaciones. No sé si ese proceso ha conducido a una mejor Policía. Lo que vemos es que por la noche la Policía brilla por su ausencia. Hay un canal de televisión que se tomó el trabajo de hacer un video de su recorrido por las calles y avenidas del Distrito Central sin que se haya encontrado ni una sola patrulla o una posta en labores de vigilancia. En el día lo que vemos son grupos de Policías en determinados lugares de la capital con celular en mano enviando y recibiendo mensajitos con lo cual no se diferencia la conducta de un Policía de la cualquier estudiante que incluso en el aula de clase y en exámenes no pueden pasar sin el celular.

Al respecto recuerdo un director de la Policía cuando se realizaba el traspaso del cuerpo policial de las Fuerzas Armadas al gobierno civil que decía que sus muchachos se recogían a las cinco de la tarde y que los mandaba a la calle a las cinco de la mañana para que recogieran los muertos. Eso ocurría antes de la depuración policial, pero parece que seguimos aplicando el mismo principio. Ahora hay tantas ramas policiales que la Preventiva debería de tener tiempo para prever. Algo así como las medidas que se están tomando para proteger a quienes reciben el décimo cuarto mes de salario (no catorceavo) para que no sean objeto de asaltos.

Las autoridades centrales dicen que la vigilancia nocturna se hace imposible por la falta de suficientes policías. Pero resulta que los lugares donde más actos delictivos ocurren están focalizados y además ya hay 17.000 policías y no van a esperar que se completen los 26,000 que dicen es la meta para que haya un policía por cada 300 habitantes como ocurre a nivel internacional. Donde más delitos hay es en las dos ciudades más pobladas del país y no en toda la ciudad, sino en lugares determinados. ¿No sería posible que en esos lugares haya vigilancia las 24 horas? Una experiencia personal, solo por vía de ejemplo. Mientras estudiaba en Alemania fui sorprendido dos veces por la policía, una vez por manejar despacio en un carril que era vía rápida y otra vez porque se me fueron los luces del carro mientras viajaba a media noche por la orilla del RhIN. Al los pocos segundos tenía la policía al lado, me dijeron que bajara, me tomaron la prueba de alcoholismo y luego me dijeron que continuara. En la misma semana me llegó a la casa una multa de 114 marcos, pero quedé sorprendido por la cortesía y la rapidez con que actúa la policía. Adiós. Si no le gustó, póngale flores.

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