¿Estaremos al borde de ser un estado fallido?

Por: Carlos Medrano
Periodista

Ver a los jóvenes universitarios cerrando los portones de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y con sus rostros cubiertos para unirse a las protestas populares de maestros y médicos, es una verdadera tragedia en contra de ellos mismos, para el país y para toda la sociedad, pues un día perdido de educación, nunca más regresará.

Pero si la irresponsable actividad estudiantil fuese poco, la displicencia, indolencia y apatía de las autoridades de la máxima casa de estudios es todavía más grave, ya que no han hecho nada para evitar que estos jóvenes pierdan más días de clases, imposibilitándoles que puedan competir en este mundo globalizado.

Los protestantes son 10, algunas veces 15 ó 20 estudiantes, que cierran las compuertas principales y la de las facultades, en contra de 90 mil estudiantes que deberían estar habidos de estudiar, sin embargo, los que quieren el pan del saber se callan, no exigen clases, no irrumpen las puertas de la UNAH para reclamar cátedra.
Este es un pequeño ejemplo de lo que ocurre en Honduras en la actualidad, la sociedad se deteriora, la autoridad no hace nada por solucionar la crisis, el problema se degenera aceleradamente, la institucionalidad no funciona y lastimosamente cada vez somos menos país.

Y así es en casi todos los renglones del Estado, la justicia es un desastre, el Congreso Nacional es un nido de podredumbre, los organismos electorales ofrecen elecciones fraudulentas y amañadas, en los hospitales públicos hay gritos de desesperación implorando misericordia, tenemos 6 años de escolaridad efectiva, estamos endeudados hasta las próximas generaciones y los índices de pobreza alcanzan más del 66% del total de la población.

Roban productos exportables dándose el lujo de quemar los contenedores en donde eran transportados y las Fuerzas Armadas de Honduras son incapaces de impedirlo efectivamente, pese a que han sido una de las instituciones más beneficiadas con su millonario presupuesto.

La inversión nacional y extranjera está estancada, pues no hay condiciones propicias para venir, hay inseguridad jurídica, la institucionalidad está cuestionada, los impuestos son exagerados para lo que recibimos a cambio, burocracia y corrupción.

La gente está quemando y talando inmisericordemente los bosques en el país, seguimos arrojando la basura a la calle y ríos, provocando inundaciones, somos mucho más vulnerables después del paso del huracán Mitch; pocas ciudades tratan el excremento que producen, arrojándolo a sus riachuelos y mares y en la mayoría de las ciudades y aldeas se continúa quemando la basura, en perjuicio del medio ambiente y del ser humano.

No quiero parecer pesimista, pero tengo muchos años de ver estos fenómenos sin que nada cambie, que nadie tome medidas rápidas para detener la hemorragia, que los políticos se burlen del pueblo que los eligió, que los gobernantes lleguen sin pena ni gloria y que se vayan con los bolsillos llenos, de ellos y sus familiares.

¿Qué está pasando en Honduras?, ¿por qué tal deterioro?, ¿ya no queremos a este país tan bello y maravilloso?, ¿no hay nadie que pueda cambiar la tendencia negativa que llevamos?

Sin lugar a duda las próximas elecciones son vitales para el presente y el futuro de este país, debemos revertir esta realidad urgentemente, debemos cambiar la política en Honduras y castigar a quienes nos tienen en esta postración lamentable.

Escoger nuevas figuras que privilegien al ser humano antes que, a ellos mismos, que no hagan culto a su personalidad, que amen la austeridad, que sean amantes de Dios por sobre todas las cosas, eso necesitamos urgentemente.

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