UNA firma encuestadora midió en forma comparativa el grado de aceptación en sus respectivos países de los mandatarios latinoamericanos. Los mejor evaluados son Bukele de El Salvador, que acaba de llegar al poder y disfruta de su luna de miel, con 71%. Acaba de barrer, vía Twitter, con toda la parentela del expresidente y de altos directivos del FMLN. Andrés López Obrador de México, con 64%, quien aprovechó la decepción de los mexicanos con Peña Nieto y voto de castigo al PRI para ganar las elecciones. POTUS lo acaba de arrinconar, amenazándolo con aranceles, en una negociación donde México queda, para los migrantes, de “tercer país seguro”. Sin duda la entrega de su soberana política exterior le va a costar caro. Danilo Medina de República Dominicana, quien lleva ya dos términos de gestión pero todavía goza de simpatía con un 62% de opinión favorable. Los otros mandatarios se ubican con mediana y baja aprobación, pero no tanto como los parados en el último peldaño.
Allí están Lenín Moreno de Ecuador, una tremenda decepción, con apenas 24% de aprobación, pese a que ha enfocado su artillería a destapar la pudrición de su tutor, el izquierdista Rafael Correa, a quien tiene refugiado en Bélgica huyendo de la justicia. Lenín no da pie con bola y ante fuertes emplazamientos por su mal gobierno sin logros concretos contra la corrupción –más bien sale enredado en una trama de paraísos fiscales– se vio obligado a solicitar a la ONU una comisión contra la impunidad parecida a la CICIG guatemalteca. Este fue el que violó un compromiso diplomático con Honduras, por mandar a su canciller a un cargo del foro mundial. La doña, medio embustera, acaba de escabullirse, por un pelito, del juicio político que le montaron por irregularidades y descuido de sus funciones. Se fue de viaje, durante el escandaloso secuestro y asesinato de periodistas en la frontera. Se libró del voto de censura gracias a diputados abstencionistas, tanto del partido de Correa como de Lenín, quienes se lavaron las manos, como Poncio, para evadir el bulto. Le empata el costarricense Carlos Alvarado, con un 24%. Ha sufrido un rápido deterioro a pesar que tiene poco tiempo de iniciada su gestión administrativa. El consuelo, los escándalos que enredan al Premio Nobel, con cuya figura competía todo político, ahora con su imagen tirada al cesto de la amargura. Luego aparece el panameño Carlos Varela, con un 22%, peleado con Martinelli. Su delfín con el partido a rastras, quedó en un penoso cuarto lugar en recientes elecciones.
Penúltimo en la lista está el guatemalteco Jimmy Morales con 21%. El actor y comediante que cuando las antorchas tumbaron al general “mano dura” y el temible colombiano de la CICIG lo metió preso, ganó como “outsider” la elección. Por el hartazgo a los políticos. Corrió bajo el grito de campaña: “no soy ladrón”. Hasta que se le vino encima “Iván el terrible” de la CICIG, con todo y la exfiscal Aldana que ocupó su figuración para lanzar una candidatura presidencial en estas elecciones. Con tal tuerce que no la inscribieron después que un juzgado –por presuntos malos manejos– le giró orden de captura. Fue a asilarse a El Salvador, pero ahora pernocta en los Estados Unidos. Jimmy, quien al inicio de gestión cogobernaba con la CICIG –hasta que esta lo embistió– la mandó a echar pulgas a la ONU y no le renovó el convenio. La ironía es que quien encabeza las encuestas es la señora –exesposa divorciada de otro mandatario para evadir la inhabilidad– que perdió en las elecciones pasadas por ser cara conocida de la política vernácula. En el último lugar está Nicolás, con el 15%. El consuelo de todos. ¿Qué se puede esperar del deslenguado heredero del trono del finado? Con maniobras chuecas de toda naturaleza y al apoyo de sus obedientes generales subsidiados con onerosas prebendas, se mantiene atornillado a la silla. Ha arruinado a un país que goza de reservas inagotables de crudo. Mantiene a sus víctimas, toda la población menos los enchufados, muerta de hambre. Se lleva la presea que corresponde a todo autócrata. El desdeñado último lugar.