El coctel del 28 de junio

Excelente el editorial titulado “Dislates y Constituyente” y el artículo “Los actores de la crisis” de mi querido columnista Juan Ramón Martínez plasmados en LA TRIBUNA el 11 de junio de 2019. El contexto y análisis de los problemas del país que abordan con exquisitez no dejan lugar a dudas que se necesitan cambios radicales de amor por Honduras de manera entrañable y vigorosa por parte de la clase política y de un grupo de diputados al Congreso Nacional. El ojo avizor del pueblo está pendiente sobre el comportamiento irracional de estos diputados que dependiendo de la voluntad cual dóciles juguetes de su díscolo dirigente, no tienen conciencia de sus altas responsabilidades y como malos servidores de la voluntad de democratización, se han dado a la ingrata tarea de exhibirse nacional e internacionalmente con sus bochinches y vuvuzelas, caricaturizándose y conformándose como diputados de países subdesarrollados que dejan mucho que desear.

Honduras ha pasado por singulares experiencias en su vida institucional como el conflicto armado con un vecino país centroamericano y las secuelas de pérdidas inconmensurables que nos dejó el huracán dos premisas que no han servido de lección para un glorioso cambio de actitud de la sociedad y de los políticos para con Honduras. Carecemos de un sistema global de pensamiento que sirva definitivamente para cristalizar la creación de una nueva Honduras.

Necesitamos cambiar nuestras mentalidades para erradicar esa concepción tradicional del fatalismo e irracionalidad; el conflicto eterno y el complejo de inferioridad de estar buscando extranjeros a cada rato para que resuelvan nuestros problemas o confrontaciones. Tal es el caso de una Plataforma conformada por médicos y maestros que abogan por la mediación de un extranjero para dirimir sus diferencias con el actual gobierno.

Hay que conjurar esa estrategia política de polarización y enfrentamiento entre hondureños que muchos políticos para llevar agua a su molino, “llevan a cabo sistemáticamente contra la “dictadura”. Honduras adolece de serios problemas estructurales que la clase política no ha enfrentado con determinación y ahínco en los últimos tiempos: desempleo, corrupción, altos niveles de endeudamiento interno y externo de gobernantes que han administrado la cosa pública con las puras manos y no con las manos puras. Y para agudizar más los problemas de Honduras tenemos para el gusto del cliente: delincuencia, maras, pandillas, secuestros, masacres que se han vuelto consuetudinarias y, en fin, la mar y sus conchas.

Para enfrentar con denuedo esta crisis se demanda de la responsabilidad de los diputados y de la clase política, se impone de manera inequívoca un cambio de actitud para identificarse plenamente con Honduras y sus problemas. Es necesario germinar y fortalecer la conciencia nacional. Luchar porque se mantengan esos elementos cohesivos y unitivos de la nación que algunos políticos pretenden mancillar para desgraciar a Honduras.

En esta hora decisiva la ciudadanía reclama de los partidos políticos y sus diputados, deponer sus discordias infacundas y dedicarse a la tarea común de hermanar al pueblo hondureño en la magna empresa de la conciliación de la familia hondureña.

Me hago eco de los conceptos del editorial cuando apunta respecto a la conformación de una tal Asamblea Nacional Constituyente: “…Pero aquí por un concierto de pitos y vuvuzelas en el hemiciclo y una lluvia de trompadas, vuelven a resucitar ese espantapájaros de la Constituyente…”. Me sumo con preocupación a lo afirmado por Juan Ramón en su artículo de esa fecha cuando espeta: “El coctel será el 28 de junio, en que seremos testigos de otra nueva cresta de la crisis que venimos arrastrando desde hace muchos años…”.

¿Imagínese querido lector la elección de una Asamblea Nacional Constituyente con el tipo de diputados contestatarios y violentos que representan a su partido de oposición?

¡Que Dios ilumine a Honduras!
Augusto Bonilla Ochoa
Tegucigalpa, M.D.C.