Legítima defensa (III)

Por J. E. Mejía Uclés

El 21 de febrero al 13 de marzo de 1945, la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz de Chapultepec, insistió en que se adoptaran resoluciones donde se destacan los logros específicos regionales y los principios del sistema interamericano. Se empezaba a perfilar lo que pasaría en este nuevo orden mundial que incluía a los Estados Unidos de América como su centro principal. Las resoluciones más importantes: a) Principio de solidaridad americana; b) Creación de la organización regional permanente; c) Vinculación del panamericanismo con el sistema general internacional, que nace a partir de la Carta de San Francisco. El resultado de la conferencia, coadyuvó al fortalecimiento del sistema, consolidando la posición que asumiría América Latina en las Naciones Unidas.

De muy antiguo es entre los latinoamericanos el sentimiento regionalista. Al término de la Segunda Guerra Mundial, se consideraba que se podía estructurar una organización hemisférica, una vez que los Estados Unidos de América habían aceptado en 1936, el principio de no intervención. Bajo este condicionamiento era posible fundar una organización regional por otra parte, era la garantía de una acción colectiva adecuada, con igual responsabilidad para todos, en lugar de la tutela discrecional, y siempre humillante de la potencia hegemónica. Por esto se hizo notar en la Conferencia de San Francisco, el reconocimiento de organismos regionales con los poderes necesarios para proveer la tutela de la paz y la seguridad dentro del propio ámbito regional.

De las resoluciones esenciales del acta final, vale la pena destacar lo contemplado en el artículo 30: “Todo atentado de un Estado contra la integridad o la inviolabilidad del territorio, o contra la soberanía o independencia política de un Estado americano será, de acuerdo con la parte III de esta acta, considerado como un acto de agresión contra los demás estados que la firman. En todo caso se considera como un acto de agresión la invasión por Fuerzas Armadas de un Estado, al territorio de otro, traspasando las fronteras establecidas por tratados y demarcadas de conformidad con ellos”. Desde los primeros pasos plasmados en la Carta de Jamaica de 1815, pasando por la I Conferencia Panamericana de 1889, seguidamente, por la OEA. Los países de la región han tratado de solventar sus diferencias buscando la concertación a través de concretar en principios político-jurídicos normas que regulen las relaciones interamericanas. América Latina, tiene muchas décadas de impulsar acuerdos regionales: Grupo de Contadora, Consenso de Cartagena, Grupo de Lima.

Siguiendo estas líneas, la Resolución VIII de la Conferencia Asistencia Recíproca y Solidaridad Interamericana derivaría en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, firmado en Río de Janeiro en 1947, y por su parte la Resolución IX de la Conferencia reorganización, consolidación y fortalecimiento del sistema interamericano tendría una influencia directa en el surgimiento de la Organización de los Estados Americanos, Bogotá, 1948.
Los estados han renunciado en la Carta de las Naciones Unidas y en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, recurrir a la fuerza para resolver sus diferencias. Se han comprometido, además a buscar la solución de sus conflictos en los medios pacíficos establecidos en el Derecho Internacional, otorgando en último término al Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas, el derecho de abocarse al conocimiento de cualquier conflicto, de cualquier naturaleza, que las partes no se allanen a resolver mediante soluciones de paz. Queda establecido que será el Consejo de Seguridad, el que dispondrá en forma colectiva con los países latinoamericanos fronterizos con Venezuela, quienes tomarán la decisión de intervenir, pues aunque se opongan Rusia y China, los Estados Unidos, pueden aplicar su derecho al veto y dejar la puerta abierta a una intervención en forma unilateral.

En consecuencia, podemos concluir que bajo el argumento regionalista, han sido muchas las voces de países latinoamericanos y europeos, que han alzado su voz, pidiendo una salida democrática al problema de la dictadura venezolana, que está abocada a un cataclismo humano, a la búsqueda de una solución política que permita encontrar una salida a la crisis. Asimismo, la búsqueda de la institucionalidad que erradique la impunidad que durante 20 años ha sido el quinto jinete del Apocalipsis. Revolución o educación, alimentos y medicinas, he aquí el dilema.

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