Gran pacto nacional

Por Nery Alexis Gaitán

Desde siempre está en labios de todos que la salud y educación son los pilares fundamentales para el desarrollo del país. Los políticos lo pregonan, los profesores lo reclaman, los médicos se quejan. Pero acciones concretas y patrióticas han brillado por su ausencia a lo largo de los tiempos.

Lo cierto es que los ciudadanos comprometidos consigo mismos y con su país pueden obrar maravillas por el bien común. Un ejemplo notable es Taiwán, cuando Chiang Kai-shek arribó a la isla, esta se encontraba sumida en la pobreza y abandono. Al haber tenido como prioridad el desarrollo de su país, haciendo énfasis en la salud y educación, 20 años después el progreso en la calidad de vida de los taiwaneses era evidente. Hoy es un país con una gran prosperidad económica y su índice global de vida es uno de los más elevados del planeta.

En cambio, los hondureños hemos sido indolentes en la búsqueda del bien común. Apáticos a todo lo que no represente una ganancia inmediata, hemos permitido una pésima administración gubernamental que no ha tenido como prioridad el bienestar de los hondureños. Y, por lo general, el empleado público no tiene ninguna motivación para realizar su trabajo con eficiencia.

Pero los tiempos han cambiado y el pueblo ha empezado a exigir sus derechos. La crisis actual, en salud y educación, aunque tiene un trasfondo político, es producto del colapso de ambos sistemas en donde todos son responsables: profesores, médicos y gobierno. La corrupción ha invadido los ámbitos gubernamentales y diversos estratos sociales.

La lucha emprendida por los doctores y maestros se ha alejado del objetivo primordial que es mejorar ambos sistemas y que continúen siendo gratuitos, y se ha degenerado a favor de la oposición izquierdista generadora de caos y violencia; asimismo le han servido en bandeja de plata las condiciones de inestabilidad y caos para que grupos antisociales destruyan propiedad pública y privada, incendien vehículos y saqueen comercios.

Pareciera que todo este movimiento es de compadre hablado. Se nota en la intolerancia de los dirigentes de la Plataforma de Lucha para integrarse al diálogo convocado por el gobierno.

Si en realidad desean que se mejore tanto la salud como la educación deben iniciar un diálogo franco, transparente, efectivo. Los primeros resultados del diálogo con los maestros son halagadores y prometen resultados positivos. Ese es el camino por el bienestar de todos, pero seguir empecinados en manifestaciones que solo daño ocasionan, no benefician a los que dicen representar. Y ver al gobierno como el enemigo, sin ánimo conciliador, solo evidencia que siguen los lineamientos de una agenda política.

En realidad creemos que la doctora Suyapa Figueroa ama a Honduras y desea mejores condiciones de vida para todos, pero es el momento que lo demuestre. Lo mismo podemos decir de los dirigentes magisteriales, que deben anteponer sus intereses gremiales y políticos por el bien de la educación pública.

Es hora de establecer un gran pacto nacional que tome en consideración el bienestar inmediato de los sistemas de salud y educación, ya que son prioritarios en la vida nacional. Los dirigentes de este movimiento deben darnos evidencias de que realmente están luchando por la mejoría de la salud y educación.

Se hace necesario que se integren al diálogo, para que de ahí surjan todos los acuerdos necesarios para transformar realmente estos pilares fundamentales en la calidad de vida de los hondureños. Se trata de que en una acción conjunta, médicos, docentes y gobierno se comprometan y empiecen a transformar radicalmente estos sistemas que en la actualidad están colapsados.

Los hospitales se encuentran sin medicinas y los docentes están en centros educativos en estado lamentable y sin material didáctico. Urge cambiar esta lamentable realidad. Pero también urge que los médicos y profesores realicen su trabajo con eficiencia y amor a Honduras.