Por Boris Zelaya Rubí
“El siglo XXI se ha iniciado plagado de fracasos: Muchos regímenes democráticos se han deslizado hacia democracias de muy baja calidad, donde solo las elecciones periódicas justifican el nombre de democracia. El cúmulo de fracasos ha hecho resurgir las dudas. Una crisis económica y financiera que ha mostrado con crudeza las debilidades del modelo democrático, en particular a la hora de controlar el gasto público y el déficit…”.
Cuando una sociedad se desboca y los adversarios de los que dirigen la nación insisten en llegar a gobernar por la fuerza, deben pernoctar en las ergástulas, de lo contrario estaremos a merced de quienes son capaces de caminar sobre los cadáveres de su pueblo, llamando a la insurrección en búsqueda de la “libertad”, para satisfacer a personas que sufren algún desequilibrio mental, creyendo que tienen el derecho a la felicidad que les provocan sus sueños de imitar a los más dañinos hombres de la historia.
Alguien se refirió a que las movilizaciones de personas pagadas no tienen sentido, ya que protestan sin tener la menor idea porque deben gritar en contra de tal o cual político, como decía nuestro recordado “Yofo” Hernández: “Su majestad el molote”. La turba tarifada todavía no entiende que los deseos de los “ideólogos” son que cualquier apedreado o pateado sea repelido y resulten muertos en la acción, eso sería un triunfo para las intenciones de desprestigiar al Estado, según ellos, obligando al mandatario a renunciar.
Insistimos en que la tolerancia tiene límites. Difícilmente se librará el Presidente del señalamiento de la oposición, que al no lograr el triunfo en las urnas, lo tildan de dictador y hasta finalizar su período dejarán de hacerlo. Por mientras está obligado a exigir que se respeten los derechos de todos los hondureños y en pro de esa obligación debe sacar del país a unos cuantos revoltosos que tienen la mente retorcida y están obligándolo a ceder en algunos planes, transformándolos en beneficio de unos pocos privilegiados, lo que es un craso error; de ahora en adelante al no cortar de “cuajo” a los ñangaras, toda inconformidad será resuelta por la vía del bochinche y para rematar resulta que representantes de la Iglesia Católica quieren dar pautas al mandatario de como gobernar ¿creerán que todavía andamos con taparrabos, el arco y la flecha?
El final del conflicto aparentemente ha sido la convocatoria y realización de los diálogos, sin la participación de elementos infiltrados que no piensan en los beneficios del pueblo y se oponen a todo, porque convertirían los conversatorios en un muro de lamentos, entre ciegos, sordos y mudos, eso ocasionaría de nuevo perseguirse y destrozarse por miserables objetivos de interés particular, cuando es tiempo de vivir en una paz inviolable y perpetua. Tenemos el deber de remediar los abusos de las sociedades políticas, eliminar los peligros de llevar a la población a mantenerse entre sangre y lágrimas.
En cualquier reunión de conocidos y amigos surge el tema de nuestros políticos, y nos damos cuenta la forma en que afectan los medios informativos con el uso malintencionado de las redes sociales, creyendo y repitiendo todo lo que escuchan o leen escrito por cualquier “perico de los palotes”. Algunos que cuando les dicen analistas, hasta inflan el pecho para vomitar sus frustraciones, por no haber cumplido con sus ambiciones personales, el pueblo cree en lo que hablan y fácilmente tildan a cualquier funcionario de ladrón, como si tuvieran las pruebas en sus manos, triste realidad, pero los Derechos Humanos defienden el libertinaje de la expresión, sin importarles el daño al comprobar la inocencia, siempre perseguirá al ofendido la duda del pueblo.
Una de las soluciones es reforzar las clases de moral y cívica, sin desviase a intereses políticos, inculcándoles el amor a la patria.
A los vándalos no hay que dejarlos libres, aunque sus mesías económicos les llamen presos políticos, se deben tratar con todo el rigor que la ley permite en caso de que saqueen los bienes privados y los del Estado que son del pueblo. A las celdas sin paños tibios sin importar que sean parientes o correligionarios de algún político y como lo manifestó el actual mandatario ¡caiga quien caiga!
De rodillas solo para orar a Dios.