Según la USAID, en Honduras existen 36 MIL MAREROS (InSight Crime, 2015) y cada uno de ellos tiene una madre (y percibamos el problema sin enfebrecernos con las cifras). Es así que, si tomamos únicamente el involucramiento del parentesco femenino en este colectivo delincuencial, además de la mamá cada marero tiene dos hermanas (familia típica, INE Honduras), dos tías y una madrina que lo visitan, 4 primas hermanas y alguna compañera e hija y las dos vecinas más cercanas con las que se cotorrea a diario (sin contar las amiguitas y cómplices). Entonces, en Honduras podría existir la escandalosa cifra de más de 400 mil mujeres mayores de 15 años que están relacionadas familiarmente con los sanguinarios mareros y que, además de coexistir con sus crímenes, muchas subsisten usufructuando el producto de las fechorías, así como aceptándolas, colaborando y encubriéndolas.
Tan solo son cifras -dirá el más taimado-, pero son cifras socialmente indignantes, cifras de sangre, que contabilizan un montaje delincuencial de mafufos, sicarios, casas locas, raptos, asaltos, encostalados, violaciones, trafico, chantaje, extorsión, amenazas, secuestros, drogas, vagancia, fraude, reclutamientos, subcultura, meretricio, sortilegios, engaños, armas, abuso, y perore perore de delitos e inmoralidad.
400 mil mujeres cómplices significan cerca del 9% del total de la población femenina nacional y algo así como si todas las mujeres de entre 15 y 50 años de los departamentos de Cortes y FM estuvieran liadas con ese mundo canallesco.
La maldición marera domina ya el transporte, las calles, pulperías, mercados, inchadas, el comercio, alcaldías, taxis, a políticos, jueces, fiscales y a la policía, abogados, banqueros, cárceles, carteles, sindicatos, mercados, universidades, barrios y colonias, pymes, y a algunos partidos políticos. La producción y el orden público. Y no vale el argumento de que son fruto de la pobreza o la marginación, ni de las malignas bananeras, ni del imperialismo ni de la Conquista ni de Subirana. Ni del estatu quo.
¿De cuándo y dónde fue que fracasó la sociedad hondureña? Quizás no hay respuesta, pero por seguro que llegó por la decadencia ética de la institución familiar como tal y el ocio urbano, creándose una sociedad improductiva de machistas holgazanes y maternidades solteras que perpetran errores morales desde su cuna. Es la naturaleza propia de la mayoría, del sujeto vernáculo amoldado al esfuerzo mínimo y a la riqueza súbita, generación tras generación de mediocridad, en una trama educativa, social, política, moral o religiosa de matiz grisáceo; un caldo juco en que ricos y pobres, urbanos o rurales, burgueses y proletarios, laicos y convencidos, candidatos y votantes, son mareros virtuales, o como diría el brasileño de la macy’s: “perversos a cielo abierto”
¿Y qué hacer? Pues ojala estemos aún a tiempo de aprobar el TOEFL y apuntarnos con la primera caravana hacia el “american dream”…
Mauricio Babilonia
Favela del Juanalainez. Ficusigalpa.