Un año cumple crimen de Sherrill Yubissa Hernández

Sherill Yubissa Hernández Mancía, de 28 años de edad, jefa regional de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) del Ministerio Público (MP) fue hallada muerta en su apartamento por sus compañeros de labores el 11 de junio de 2018.

La causa de muerte que aseguraron las autoridades fue suicidio, con su arma de fuego que le habían asignado. Acordonaron la escena del crimen y procesaron las evidencias de un caso envuelto en misterio, pero con varios testigos que a lo largo de un año se esconden en el anonimato, pero que continúan arrojando pistas de esta muerte.

Según el último informe del MP, fueron seis los que participaron, ingresaron al apartamento en la noche, la idea era hacer un trabajo perfecto que al final resultó una “metida de pata” que dejó al descubierto los nexos de miembros de la ATIC.

Además, algunas personas de la criminalidad organizada incluyendo mareros con políticos, que continúan operando en el país, según los testimonios que manejan algunos agentes de la ATIC de la regional de Occidente y Tegucigalpa.

La escena de crimen evidenció muchas irregularidades, el caso no ha sido esclarecido por la Fiscalía.

Desde que el 11 de junio autoridades de la ATIC, con visto bueno de sus superiores del MP, dieron a conocer que una compañera de labores se había suicidado con un disparo en la cabeza, sin contar siquiera con el dictamen forense y los exámenes científicos hechos al cadáver, que arrojó como manera de muerte “desde el punto de vista médico legal, homicida”.

La familia de la víctima comenzó a denunciar en el MP la falta de investigación y no se les permitió tener acceso ni al departamento de la joven, ni a ninguna de sus pertenencias, hasta hace un par de meses, otras aún no han sido devueltas.

Aquí comienza el revés, no solo para los seis conocidos por la víctima, que participaron en el crimen y la “limpieza” en la escena donde dejaron el cuerpo, acostado sobre su cama y con la mano derecha sosteniendo la pistola 9 milímetros, mientras la sangre ya había dejado su huella vertical y no horizontal como indica la lógica.

Es aquí donde comienza toda la trama en la que están involucradas de manera directa e indirecta (autores materiales e intelectuales) un grupo de al menos 20 personas, quienes supieron qué información llegó a tener en sus manos la inexperta agente, indica el documento del MP.

En esta fotografía hay manchas de dedos en las almohadas, imposible para una persona que se suicida, según algunos compañeros de la ATIC que piden el anonimato.

TRAMA, PREVIO AL CRIMEN

Hernández Mancía trabajaba en la ATIC desde hace tres años previo al año de su muerte, en la Unidad de Homicidios, posteriormente la trasladaron a San Pedro Sula y dos meses antes la nombran al frente de la Unidad de Delitos contra la Administración Pública y Patrimonio.

Su desempeño habría sido bueno y estaba adquiriendo experiencia luego de haber participado en las operaciones del MP Avalancha I, II y III, todas relacionadas con “golpes” al crimen organizado y narcotráfico.

Según versiones de compañeros de trabajo de Sherill, ella había participado en un secuestro de documentos en alcaldías de occidente, unas semanas antes de su muerte, como parte de su responsabilidad al frente de la Unidad de Delitos contra la Administración Pública y Patrimonio MP.

Incluso había tenido encuentros con alcaldes y autoridades municipales respecto a investigaciones financieras irregulares que “salpicaban” a varios políticos anexados con presuntos narcotraficantes y “mareros”, información que tiene en su poder las fiscalías de Delitos contra la Vida y Dirección de Lucha contra el Narcotráfico (DLCN), aseguran.

En la escena del crimen no hubo el mínimo cuidado de proteger supuestas evidencias, se aprecia como varias personas se paran en ellas, aún sin forense presente aseguraron que era suicidio.

“Existe una lista de todos esos nombres”, según los agentes y fiscales del MP que no solo fueron compañeros de Sherill; sino que también conocieron lo que la víctima decomisó en varios secuestros de documentos.

En ese entonces, Sherill comunicó todo a sus superiores, entre ellos Wilfredo García (jefe de la ATIC regional, hoy con un cargo administrativo en MP de Tegucigalpa y Ricardo Castro, jefe de la ATIC a nivel nacional).

En los documentos había información de narcoactividad, manejos de dineros, recibos, pagos a cafetaleros por trabajos sujetos a investigación, contactos de miembros jefes de maras, entre otros, revelaron las fuentes que insisten en el anonimato, porque consideran que el caso va más allá de un simple crimen.

Revelaron además que otros agentes ATIC fueron llamados a dar testimonio como un mero acto de que se pretende hacer justicia en este caso. Más allá de eso, fueron incitados a decir que la joven Sherill tenía problemas económicos y había quitado prestado.

La comunidad de Jesús de Otoro cuando supo el crimen, denunció la presencia de vehículos extraños en la cercanía de la casa de la víctima.

Además que su compañera tenía depresión por el amor de un hombre casado, cosa que no fue así, ya que aseguran que la joven tenía una personalidad contraria a la de cualquier suicida, estaba haciendo trabajo y no era “comprable” ni fácil de sobornar, tampoco tenía mala reputación moral y era muy colaboradora, tal como su familia y amigos de infancia lo aseguraron en su momento.

Estos primeros testimonios, manifiestan las fuentes, constan en el expediente de Sherill Hernández; además en esos testimonios no se incluyen los que deberían ser investigados y otros aún permanecen laborando en el MP.

Varios de esos documentos a los que la agente de la ATIC tuvo acceso “y otros que conocimos” fueron llevados a Tegucigalpa para ser archivados, expresan los compañeros a lo interno del MP, quienes agregan que después de este caso hubo una muerte más de otra fémina y miembros de bandas criminales en relación a los documentos.

Agentes de la ATIC procesaron la escena del crimen sin permitir la presencia de un forense, después no le permitieron documentar solo presenciar, según documentos del MP.

MURIERON DE TRISTEZA

La joven de 28 años fue encontrada en el barrio El Calvario de Santa Rosa de Copán, occidente de Honduras, entre las 8: 00 y 9:00 de la mañana, el 11 de junio, acostada en la cama de su apartamento, sujetando con su mano derecha la pistola de reglamento que le habrían colocado en una escena “montada”.

El parte científico forense reveló no solo el homicidio, sino también, varias señales de que habría sido sometida y asfixiada, previo a su deceso. La joven era originaria de Jesús de Otoro, Intibucá, egresó de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) como licenciada en Administración Aduanera.

Era una persona muy cercana a la familia, siempre en sus tiempos libres procuraba visitar a sus seres queridos. Meses posteriores a la muerte, los familiares angustiados por el caso que no se tiene ninguna acusación a sospechosos y tampoco claridad de la Fiscalía que lleva el caso, lamentaron que la tragedia les ha sobrevenido.

Después de haber ido a visitar al fiscal de la Unidad de Delitos Contra Vida y que este les manifestara una serie de inconsistencias al punto de decirles que su pariente tenía deudas en una casa de electrodomésticos. Y que por desamor de un hombre casado se habría suicidado, su tío que la crió, Gustavo Adolfo Mancía Muñoz, tuvo un ataque cardíaco y fue sacado de emergencia, falleció tras el impacto de lo que él consideró una infamia y descaro de la justicia hondureña.

Alcaldías del occidente eran sujetas de investigación del MP, Sherill Hernández conoció documentación irregular y delicada que nexaba a personajes con bandas de narcotráfico.

“Fuimos ese día al la Fiscalía y el fiscal en jefe nos atendió comenzó a hacernos preguntas aún cuando quienes tenían que hacer las preguntas eramos nosotros”. “Queríamos averiguar todo el proceso para reclamar los derechos laborales de Sherill, pero lo que recibió Gustavo Mancía fueron opiniones negativas que lo llevó a una hospitalización al salir de la Fiscalía. Eso lo mató”, manifestó la familia Mancía.

Gustavo falleció un viernes 3 de agosto y coincidentemente su sepelio fue el 4 de agosto, el día en que Yubissa cumpliría sus 29 años. “Esta muerte es producto de la de Sherill. Es otra muerte que cargarán los de la ATIC, porque no nos dan respuestas”, dijo en ese entonces Patricia Mancía, hija del fallecido.

Un mes después, falleció la abuelita de Sherill, quien nunca dejó de llorar, puesto que su nieta era de las más allegadas a ella, lamentaron familiares. El dolor continúa invadiendo a la familia Hernández Mancía.

Siguen sin entender cómo en poco tiempo la vida les arrebató a sus seres más queridos a causa de un trabajo y cumplimiento del deber de Sherill Yubissa, a quien hoy frente a un altar que han levantado en su casa, imploran justicia divina para que sea Dios quien cobre la deuda a todos los involucrados en el crimen.

Según investigación científica, la joven tenía de muerta entre 15 a 24 horas antes que ellos realizaran la autopsia médico legal, pero el cuerpo arrojó evidencias sin borrar.
Causa de muerte: Herida por proyectil de arma de fuego con traumatismo braquiocefálico y laceración cerebral. Manera de muerte homicida, según informe de Medicina Forense de hace un año.