Estrategia política izquierdista preelectoral

Por Marcio Enrique Sierra Mejía

El supuesto que inspira este artículo es que reconozco la existencia de un plan de acción de la izquierda hondureña compuesto por un conjunto de objetivos generales, específicos y operativos para la toma del poder de la nación en las próximas elecciones generales.

En consecuencia, asumo que la crisis política que estamos viviendo en Honduras, con la intensidad manifiesta con que se refleja en la actualidad, si bien se asocia a debilidades institucionales y estructurales de la formación económico, social y cultural del Estado de Honduras; en la coyuntura actual, estamos observando una crisis política sistémica creada intencionalmente para lograr la inestabilidad política que afecte al gobierno de corte nacionalista liberal, de tal manera, que los debilite y no puedan atraer el voto indeciso ni tampoco propiciar una confluencia de actores y fuerzas democráticas que les de respaldo electoral.

Por un lado, crean el desorden político en el Congreso Nacional para evitar la concreción de propuestas legislativas favorables para ganar confianza en la ciudadanía con la generación de debates legislativos propositivos, que pueden generar efectos positivos en la conciencia ciudadana o crear la duda sobre las críticas que los diputados de Libre le hacen al gobierno.

En este frente de lucha, el objetivo político es evitar la colusión de votos de fuerzas no socialistas a favor de iniciativas que favorezcan políticamente al Partido Nacional. Si bien las manifestaciones de los diputados de Libre son circenses, el resultado de ellas les favorecen porque deterioran la gobernanza legislativa y paralizan cualquier dinámica que el presidente del Congreso tuviese en su plan estratégico legislativo.

Por otro lado, ante el gobierno los izquierdistas asumen una postura de lucha política frontal permanente para desestabilizarlo, creando condiciones coyunturales de odio hacia el gobernante a través de una resistencia insurreccional callejera muy bien planificada. En este sentido, desarrollan una estrategia de “lucha prolongada y progresiva” dependiendo del conflicto social que vaya surgiendo en el día a día del quehacer gubernativo, en el marco táctico de una apología del odio que, da énfasis al concepto de dictadura nefasta y dictador inoperante.

Tal parece que la estrategia izquierdista, está logrando un efecto contraproducente en la percepción ciudadana porque el sentimiento de desconfianza, aparentemente crece, ante el quehacer gubernativo, generándose la desilusión política. Lo cual, se torna fácil de lograr para los izquierdistas, dado que no encuentran una contraofensiva política efectiva que desestime inteligentemente dicha postura ideológica.

No obstante, que los izquierdistas no nos plantean salidas alternativas a los conflictos; la ciudadanía, no está valorando tal deficiencia; por el contrario, la ausencia de contraargumentos por parte de los demócratas nacionalistas y otras fuerzas aliadas, le están facilitando el camino a los críticos izquierdistas para que con sus planteamientos: aumenten la decepción en la ciudadanía en general.

Pues bien, ante una ofensiva de tal naturaleza ¿“qué hacer”?

La contraofensiva democrática debe orientarse a atacar la fortaleza, no la debilidad. No se debe entender que acometer a los izquierdistas signifique utilizar o agredir con violencia verbal o con expresiones que los descalifique y los denigren; actuar de ese modo, es sencillamente “verborrea agresiva”. Tampoco utilizar el mal humor para atacarlos es aceptable. Actuar con ese modo, es demostrar mal carácter y no un ataque político. Igual es expresar el enojo contra los izquierdistas y mostrarlo ante las cámaras y los micrófonos de los medios de comunicación. Esto solo refleja mero descontrol emocional.

¿En qué consiste la contraofensiva política democrática, entonces, si no es malhumor, enojo y violencia verbal y gestual? Es ni más ni menos que un conjunto planificado de acciones expresamente dirigidas a desplazar a los izquierdistas de la posición dominante que ocupan en la mente de un sector de la sociedad. En el entendido que en esta ofensiva política no hay espacio para el desborde emocional porque es justamente lo contrario: algo planificado previamente. Son acciones con objetivos claros. Que podrán tener o no contenidos más o menos agresivos. Pero sabiendo que la agresividad es más accesoria que esencial.

La clave de la contraofensiva democrática no es lograr que los actores democráticos en la ejecución de la contraofensiva se sientan liberados al manifestar su malestar o ira, ni que los izquierdistas se sientan mal al verse acusados. Lo más importante es lograr un efecto en la mente del sector determinado de la ciudadanía que tiene a los izquierdistas en el primer lugar de sus preferencias. Concebida de esta manera la contraofensiva es el factor de la estrategia política a democrática.