S.O.S. centrales nucleares (1/2)

José María Leiva Leiva

Chernobyl y Fukushima, marcaron el inicio de dos desastres nucleares de gran magnitud. El primero ocurrió en la madrugada del 26 de abril de 1986, “cuando los técnicos de la planta querían simular un corte del suministro eléctrico, con la intención de aumentar la seguridad del reactor. Se pretendía con ello, averiguar durante cuánto tiempo continuaría generando energía eléctrica la turbina de vapor, después de la pérdida del suministro de energía eléctrica. Para ello, los operadores desconectaron los sistemas automáticos de emergencia, lo que violó el Reglamento de Seguridad Nuclear de la Unión Soviética”.

Cris Fink, relata en el sitio www.vix.com/es/, que “se produjo una explosión causada por la formación de una nube de hidrógeno dentro del núcleo, que hizo volar el techo de 100 toneladas del reactor provocando un incendio en la planta y una gigantesca emisión de productos de fisión a la atmósfera…A su vez, fragmentos del núcleo cayeron sobre los edificios aledaños provocando incendios. Estos restos ardieron durante 10 días, produciendo una nube espesa de isótopos radiactivos equivalentes a 400 bombas de Hiroshima en la atmósfera”.

A pesar que la catástrofe nuclear en Chernobyl contaminó medio planeta, sus consecuencias comenzaron a caer en el olvido hasta que un tsunami inundó la planta de energía Fukushima Daiichi, a consecuencia de los desperfectos ocasionados por el tsunami de Japón, el 11 de marzo de 2011. De acuerdo con el estudio de Cris Fink, “Los desperfectos se fueron acrecentando, ya que hubo filtraciones de radiactividad al mar y al suelo y una semana después del accidente se detectaron partículas radiactivas en California y un mes después en España”.

Guillermo Alonso, en la Edición digital de Diario El país, habla de un poder de fascinación de las ciudades fantasmas que han sido víctimas de estos desastres nucleares. Se trata, -dice, “de territorios deshabitados que inspiran tanto miedo como intriga…Los edificios abandonados, las estructuras oxidadas y las calles que antes eran populosas hoy reconquistadas por la vegetación son un poderoso símbolo del paso del tiempo, de nuestra futilidad como especie y también una impactante imagen de lo que podría ser un mundo en el que la raza humana ya no exista”.

Sin duda, estos pueblos fantasmas son inspiración para la ficción, un negocio millonario de agencias turísticas en todo el mundo y una fuente de inspiración para películas, documentales y libros. Obras cinematográficas que en opinión de los críticos, responden a la pertinencia de prestar verdadera atención a lo que significa el trabajo con energía nuclear y los riesgos de la misma, pues al menor accidente, se puede contaminar el ambiente y dañar seriamente la salud del ser humano, comprometiendo su existencia.

Oportuno es destacar, que previo a los trágicos sucesos apuntados líneas arriba, el cine norteamericano ya nos había dado dos títulos significativos sobre la materia. Primero, con “El síndrome de China”, una película dirigida en 1979 por James Bridges, que narra la visita para un reportaje rutinario, de una corresponsal de prensa (Jane Fonda) y de su camarógrafo (Michael Douglas) a una planta nuclear en la costa oeste de los Estados Unidos, en donde por casualidad acaba de ocurrir un accidente nuclear. Pronto descubren también, que se hace todo lo posible para encubrirlo.

De acuerdo con Wikipedia, El título del filme “hace referencia al concepto de que si el núcleo de un reactor nuclear se fundiera, estando el reactor ubicado en EE.UU., éste teóricamente atravesaría verticalmente la Tierra hasta llegar a China (véase síndrome de China)”. En todo caso, se destaca que “lo verdaderamente polémico de la película es que fue estrenada exactamente doce días antes del accidente en Three Mile Island, en la localidad de Pensinvania al norte de los Estados Unidos, que significó un verdadero riesgo de problemas nucleares para el país”.

La segunda película es “Silkwood”, dirigida por Mike Nichols en 1983. Se trata de un alegato antinuclear basado en hechos reales, la cual cuenta la historia de Karen Silkwood (Meryl Streep), trabajadora y sindicalista de una planta de combustible nuclear de Oklahoma, quien junto a algunos otros colegas empiezan a concienciarse de los negativos efectos que dicho trabajo tiene en la salud de los trabajadores y cuestionará las medidas de prevención y seguridad de la planta, lo que la llevará a enemistarse con compañeros de trabajo y dirigentes.

Silkwood se contamina con plutonio. También descubre que los negativos de las radiografías con rayos X de las barras de combustible nuclear habían sido retocados y que los registros de las medidas de seguridad inadecuadas han sido alterados. Por consejo del sindicato, que se da cuenta, que el problema es por ello más grande de lo que pensaban, ella decide llevar una investigación por su cuenta y cuando cree que ha reunido documentación suficiente, ella, por consejo del sindicato, contacta con un periodista del New York Times para darle las pruebas de lo que está ocurriendo en la planta. Finalmente Silkwood muere en un accidente de automóvil mientras acudía a una reunión. Se cree que llevaba consigo esos documentos que probaban las acusaciones por falsificación de controles de calidad de barras de combustible nuclear”. Véase Wikipedia.

Planta de Chernobil