Por: J. E. Mejía Uclés
Una nueva era, nuevas ideas, nuevas alternativas, esto debe de ser el objetivo final de lo que pretendemos para Honduras en el futuro inmediato. Cómo estamos, hacia dónde vamos, qué queremos como nación, seguir siendo mediocres y atrasados, desde luego con una población enferma y con un nivel educativo bajo, no llegamos a ninguna parte. El país, aunque nos cueste reconocerlo necesita y pide a gritos una modernización de las estructuras administrativas, es lo que nuestros gobiernos no han logrado, una sociedad más dinámica, comprometida con el futuro de nosotros mismos.
Como es posible seguir pensando que los empresarios y con ello las empresas se convierten en enemigos del pueblo, en los rufianes, en aquellos que encubren las maldades, cuando es todo lo contrario, el empresariado comprometido en el desarrollo sostenible. Este pensamiento nos lleva a concretar la necesidad que tenemos de una burocracia más dinámica, aventurada a la búsqueda de lograr propósitos de prosperidad y crecimiento. Un gobierno más cualitativo y menos cuantitativo, más calificado, que se erradique de raíz el mal de la corrupción que tanto daño nos hace, que nos margina, que nos supedita a no lograr la competitividad, que tan importante es para conquistar nuevos estadios de superación. Sigue siendo una rémora el poder constituir una empresa en Honduras, no me canso de decir que los hondureños somos complejos. Vivimos con la mentalidad de pobres, cuando somos ricos, agua, tierra, pero falta de la más significativa: educación, y sin este aspecto medular y sublime, muy a mi pesar, no se puede avanzar.
La deuda social que han mantenido los gobiernos que han gobernado el país, es de una magnitud que en las actuales circunstancias se ha visto desbocada, de tal manera que si nos vamos a los hechos reales el último hospital que se construyó en el país es de los años 1998. Si bien es cierto en 1950, teníamos una población de 1.8 millones de habitantes y ahora somos 10 millones, hemos sido incapaces y seguimos siéndolo de hacer frente a esas necesidades que son perentorias en el proceso del crecimiento económico. La tan traída y llevada Tasa de Seguridad, debería de aplicarse a la salud, con lo cual el compromiso del actual gobierno pudiera ser aceptable a los ojos de la opinión pública nacional e internacional.
Si la seguridad nacional, tanto jurídica como ciudadana, es de vital importancia para la promoción de las inversiones extranjeras, también lo es el que los tributos que pagamos los hondureños sean invertidos positivamente. El sector privado sigue potenciando el comercio exterior, siempre que desde luego sea debidamente regulado. Como puede el Estado ser más eficaz en la captación de impuestos, sino concede los incentivos para el desarrollo industrial. Generar una industria ligera debería ser uno de los fines primordiales de los gobiernos en conjunción con el sector privado, de tal manera que pudiera llenar las necesidades del pueblo hondureño.
Al haber celebrado este 6 de junio, Día de la Libre Empresa, el COHEP, reitera su compromiso de servir a los mejores intereses de Honduras y de las gremiales que son parte de su estructura.
¡Empresarios somos todos!