El largo camino del idioma español

Por: Carlos Gilberto Sandoval

El camino del idioma español tiene un largo y fulgurante recorrido a través de los tiempos.

Sus remotos orígenes, antes y a principios de los siglos VII y VIII de nuestra era, se pierden en la lejanía, cuando era apenas un balbuceo de remotas palabras dispersas, que se confundían con las frases y dialectos por la diversidad de lenguas.

El idioma español, diríamos, tiene raíces hondas que descienden a lo más recóndito del alma de los pueblos, con ahínco de fraternidad, permanencia y con el afán de una evolución perfecta.

Ya en el siglo X, según el filólogo español Menéndez Pinal, en la prehistoria del recorrido del idioma, este se fue despejando de los vulgarismo románticos, con un romance visigodo anterior al cultivo de la lengua fosilizada en la literatura árabe en el siglo anterior.

Los movimientos del habla vulgar español quedaron enterrados en las ruinas del imperio hispano gótico. Los mozárabes que convivieron con los dominadores, prosiguieron con su propio lenguaje.

“Importante sería reconstruir el idioma primitivo, pero por su decadencia y postración literaria, no nos dejaron en su lengua ni huella de sus escritos”.

En los mozárabes cultos en esa primera época, se imponía el bilingüísmo; en el pueblo dominaba el romance, sobre todo en los poetas populares. El ciego Mocadem de Cabra fue el primer inventor del género lírico español de las canciones en estribillos.

El fuero de Avilés fue el primer documento otorgado por Alfonso VII en el año 1155. En la historia literaria se ha considerado durante mucho tiempo, como el primer fidedigno documento escrito en nuestro primer romance. Así lo consignaron en sus literaturas Ticknor y Amador de los Ríos.

Entre 1043 y 1099 Rodrigo Díaz de Vivar, llamado Cid Campedor o Mio Cid, con su valiente sentido nacional se convirtió en símbolo de la patria, al luchar contra Alfonso VI. Toda su acción política y guerrera y su destierro, lo convirtieron en el héroe nacional por excelencia. Su poesía más que todo contada y vivida, a pesar de su métrica irregular y su lenguaje informal, deja el rastro de su energía inventiva en nobles atributos del alma castellana.

A la formación de madurez de la prosa contribuyeron los estilistas cortesanos y populares del siglo XIX.

El arcipreste de Hita nos habla de una poesía de colorido alegre y punzante, de nimia fidelidad en los episodios pintorescos.

Las versiones italianas y las lecturas de Dante, Petrarca y Boccaccio apartan la atención española a los modos caballerescos de Francia; retienen en nuestro lengaje dentro de las cánones renacentistas de las literaturas alegóricas.

Se trasladan al castellano obras de Homero, Platón, Virgilio y Seneca.

El hombre de letras concibió la evolución del español de una manera culterana por medio de neologismos y adaptaciones sintácticas de la lengua de Lacio. La frase sufre una transformación humanística. Se remeda el hipérbaton latino; se introduce el participio del presente en vez del gerundio. Se adopta la forma latina del infinitivo o el verbo al final de la frase. La prosa se distribuye en cláusulas simétricas. Se acucia el afán de neologismos latinos.

Santillana y Mena son mentoras de esa escuela renovadora.

Entre los años 1474-1525, los reyes católicos protegen la unidad lingüística nacional.

Elio Antonio Martínez de Cala, llamado Antonio de Nebrija se encarga del resurgimiento de la latinidad y filología clásica en las universidades. Su gramática fue la primera impresa en lengua romance. El movimiento renacentista del lenguaje culmina con los trabajos lexicográficos de Alonso de Palencia y el Mecenazgo de Cisneros, fundador de los Estudios Generales de Alcalá.

Entre los siglos XVI y XVII, el renacentismo prosopopeyico y abultado en su verbosidad, da paso al período clásico de perfeccionamiento lingüístico.

Con Garcilaso se inicia la exaltación patriótica del castellano. El lenguaje de estos siglos se perfecciona tanto, que al final de su recorrido cae en la exuberancia artificiosa y barroca. La literatura barroca del siglo XVII se basa en el ornato y artificio.

La frase cervantina fluye en la sintaxis, en humanismo optimista y fecunda en vocabulario. La vivacidad de los coloquios en el Quijote y novelas ejemplares de Cervantes separan siempre la locución culta de la popular, habla rica y sonora regida por la profunda reflexión, tersa sencillez en la que la inteligencia y el asombro son directos como la luz.

Se ha considerado a don Miguel del Cervantes como el principio del idioma español.

La ética y la estética, la epistemología y la pretensión metafísica se combinan con el idioma y la literatura española, así como la concordancia del pensamiento y del conocimiento en todas sus formas externas e internas.