El caso de la embajada

Por: Benjamín Santos

La violación de la inmunidad de la Embajada de Estados Unidos en lo que se refiere a su espacio territorial merece una consideración especial. Hay voces pidiendo que se tenga consideración con los hechores, porque lo hicieron en forma inocente, sin saber lo que hacían. La embajada ha respondido cancelando por un tiempo la extensión de visas a hondureños que quieran viajar a su país. Pero el hecho tiene trascendencia a nivel interno e internacional, aunque de momento no se note.

Honduras como Estado tiene obligaciones internas que se derivan de su derecho interno y externas que nacen del Derecho Internacional. El tema que analizamos, el incendio producido en la entrada de la embajada, se regula en el Convenio sobre Relaciones Diplomáticas, fechado en Viena, Austria, el 18 de abril de 1961. El artículo 22, aplicable en este caso, dice lo siguiente: “1. Los locales de la misión son inviolables. Los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellos sin consentimientos del jefe de la misión. 2. El Estado receptor (en este caso Honduras) tiene la obligación especial de adoptar todas las medidas adecuadas para proteger los locales de la misión contra toda intrusión o daño y evitar que se turbe la tranquilidad de la misión o se atente contra su dignidad. 3. Los locales de la misión, su mobiliario y demás bienes situados en ellos así como los medios de transporte de la misión, no podrán ser objeto de ningún registro, requisa, embargo, requisa o medida de ejecución”.

La cita fue larga, pero vale la pena darse cuenta que Honduras es miembro de la comunidad internacional en la cual tiene derechos que reclamar y obligaciones que cumplir. Alguien ha dicho que la embajada debe investigar lo que pasó en su sede diplomática, y por supuesto que lo ha hecho, pero le corresponde al Estado receptor, es decir a Honduras, pedir las disculpas del caso, deducir la responsabilidad a lo hechores y cómplices con todas las consecuencias del caso. Todo esto sin ocultar el sentimiento que causa ver a jóvenes involucrados en hechos de tal naturaleza. Quiero decir que conozco y fui compañero de trabajo del eminente profesor de música que trabajó en varios colegios y que toca toda clase de instrumentos y de quien creo que el acusado es nieto. Si me equivoco, que me disculpen. Sin embargo en materia como el caso que comentamos no puede uno dejarse llevar por sentimientos de amistad solamente. Dios quiera que salga bien librado y que evite en próximas ocasiones dejarse llevar por gente ideológica y políticamente radical.

En una manifestación pública pasa lo mismo que en una fruta medio podrida que es difícil separar lo sano de la parte que no lo es. En todas las manifestaciones públicas va gente clara y decidida a defender objetivos que tienen relación con la vida o los derechos de un grupo determinado, pero también va gente que solo le interesa sacar algún provecho personal, incluso cometiendo actos delictivos. Cómo evitar esa mezcla de lo bueno con lo malo? Solo se puede hacer con la actuación decidida de la autoridad que debe actuar por la fina línea que separa lo legal de la violación de los derechos humanos ya que algunos de sus defensores no siempre actúan dentro del marco de la ley.

Es y siempre será una lástima que el pueblo sea manipulado para servir a intereses personales o de grupos con propósitos escondidos. Jari Dixon dice que Libre no está detrás de esas movilizaciones, sino al frente. Bueno, a confesión de parte relevo de prueba: Quienes organizaron esas movilizaciones deben responder por las consecuencias. Hubo daño a la economía, a la propiedad pública y privada, a la imagen de Honduras, al orden, a la paz pública. No queremos negar que la oposición pueda tener sus razones para protestar, pero no es correcto que se utilice a los gremios para desahogar odios de carácter político- partidario. Pero no es justo que se lleven de encuentro las necesidades vinculadas a la atención tanto de los educandos como de quienes necesitan atención médica. Los niveles de desarrollo de Honduras están por el suelo. La economía, los servicios públicos, la producción agrícola, la educación, la salud. De todo eso somos responsables hechores y consentidores. ¿O no es así?

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