Por Ángela Marieta Sosa
Especialista en derechos humanos
La educadora en derechos humanos ante la exposición de un caso real de supuestas violaciones a derechos humanos preguntó a una de sus participantes, ¿señora, y usted ya acudió a la Fiscalía de Derechos Humanos del Ministerio Público?, con una mirada incrédula respondió: “Y para qué si nunca dan respuesta a lo que uno está pasando, yo no creo en eso, mejor se lo dejo a Dios…”, nuevamente preguntó: ¿Y para todos ustedes qué son los derechos humanos? En medio de sonrisas sarcásticas mirándose los unos a los otros con una clara complicidad en el sentir, respondieron, “de nada sirven, solo para proteger a los delincuentes es que están…”, luego alguien comentó, “eso es un invento para ganar dinero, en realidad no hacen nada, solo para andar en buenos hoteles y comiendo bien, mientras hay niños muriendo de hambre en los semáforos…”.
Cuando se es una persona educadora en derechos humanos, se debe creer en lo que predicas o enseñas, practicarlos de manera democrática y con tolerancia a lo opuesto, de ser posible en todos los espacios del desarrollo humano, recuerdo que, en una conversación muy amena con uno de mis maestros de especialización, me dijo, ¿sabes lo que significa que comiences una carrera en el área de los derechos humanos? Respondí con entusiasmo ¡creo saberlo!, él me dijo: “Esto es como meterse a monja del ombligo para arriba…” me reí, en ese momento fue gracioso, desde entonces al pasar los años pienso cuánta razón tenía, ¡no por lo del ombligo!, sino por los sacrificios personales que implica posicionarse en esta carrera, cuando la decides desde la conciencia del “para qué ser”.
Conceptualmente para Amnistía Internacional la educación en derechos humanos es un proceso que cualquiera puede emprender, a cualquier edad y en cualquier lugar, para aprender sobre sus derechos humanos –y los de otras personas– y la manera de reclamarlos. Sirve a las personas para desarrollar las habilidades y actitudes necesarias para promover la igualdad, la dignidad y el respeto en sus comunidades y sociedades y en todo el mundo.
Así mismo el artículo 26.2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos recomienda a los estados incluir la educación en derechos humanos: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, debe promover la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y grupos étnicos o religiosos, y debe fomentar las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz”.
Realmente la educación en derechos humanos es una herramienta para lograr cambios sociales. Se trata de un proceso de aprendizaje en el cual se ponen en juego los valores de la persona, teniendo en cuenta el respeto propio y para con el otro. Es una práctica que promueve la autoestima y el enriquecimiento personal mediante valores de paz, tolerancia y respeto. Se trata de una educación que tiene como eje principal la formación de la persona en valores humanistas.
Desde la institucionalidad hondureña, el sistema de prevención en promoción y educación en derechos fundamentales se encuentra activo, y es a través de la Dirección de Educación en Derechos Humanos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, que se diseñan estrategias educativas para el fortalecimiento en la estructura educativa formal e informal.
Sin embargo, es necesario tomar acciones para recuperar y en la mayoría de los casos fomentar la convicción de que los DH existen y que pueden ser realizables progresivamente conforme a la voluntad política y factibilidad presupuestaria que disponga el Estado de Honduras.
Es pertinente proponer que los protagonistas de esta rama de los DH, comiencen a coordinarse entre los diferentes entes directivos de educación en DH pertenecientes al gobierno y a sociedad civil, a fin de diseñar, implementar acciones desde una perspectiva común y/o complementaria que permita eficientar el uso de recursos didácticos y humanos que se dedican a educar, además sugerir que la estrategia educativa se redirija para fortalecer a los garantes del gobierno, ya que mientras en el gobierno no se forme el pensamiento en el enfoque de los derechos humanos no podrán garantizarse los derechos de la ciudadanía, desde la función pública que a cada quien le corresponda.