Para esta edición, traemos un retazo de la obra narrativa de Martín Cálix, más conocido como poeta y ganador del Premio Martín García Ramos en el año 2015, por su libro: El año del armadillo. Este escritor actualmente labora en el medio Contracorriente y es autor de los libros
«Partiendo a la locura» (Ñ Editores, 2011 segunda edición para Casasola Editores, 2012), «45» (Ñ Editores 2013), «Lecciones para monstruos» (90s Plaquettes 2014) y «El año del armadillo» (Difácil 2016), entre otros. Amarillo, ilumina el rostro de un país donde la vida y la salud, son un lujo. Jessica Isla

El suero conectado a su brazo izquierdo. Las almohadas acomodadas y las sábanas cubriendo hasta la mitad de su dorso. El reloj de la enfermera de turno marca las 2 de la mañana, revisa sus signos vitales, consigna los datos, escribe con una caligrafía hermosa como de secretaria y no con la intempestiva fuerza de la muñeca de una enfermera. Por un momento se le queda viendo, parece que despertará pero no lo hace, su respiración pausada y la tranquila brisa de la madrugada son los únicos movimientos que el universo permite. El universo se ve desde la ventana de la habitación del hospital, la oscuridad, el parpadeo de las luces de la ciudad y la inmensa luna llena del 4 de abril son apenas los signos de un nuevo mes. Alguien durante el día ha venido de visita, la enfermera lo nota, hay flores amarillas en la mesa que está a la par de la camilla, revisa las flores. Son solo eso, flores.
Revisa nuevamente su reloj, son las 2:07 de la mañana, afuera en el pasillo se escuchan los pasos de una enfermera y un médico, hacen la ronda, él le cuenta de biutiful, todo parece que la está invitando a ver la película. Los pasos se alejan despacio y desaparecen al final del pasillo. De regreso, una camilla sin sábanas al lado derecho, la entrada a la sala B 305, un traste con un trapeador adentro y un chico que parece tener 20 años con un overol gris tuerce el trapeador, lo coloca sobre el piso de cerámica blanca y trapea de izquierda a derecha. Un extinguidor rojo dentro de una vitrina de vidrio.
Una banca de madera pintada en café oscuro, un café sucio que da la sensación de antigüedad. Un señor como de 58 años lee el periódico, viste de jean azul y chaqueta negra, imitación de cuero, el poco pelo blanco alborotado y sus amplios lentes que casi le cubren por completo el rostro, zapatillas en gris. Hacia el otro lado un botellón de agua sobre un oasis y una chica con un vaso cono de papel blanco toma agua. Se abre la sala hacia la izquierda y la recepción es habitada por 7 personas que no se conocen entre sí, algunos duermen otros ven la televisión en el canal de vida animal, un león muerde por el cuello a un Ñu, pero la voz del narrador del documental no se escucha, la televisión tiene el mute encendido. 2:10 de la mañana. Respira con tanta tranquilidad que lo ve hermoso, que le dan ganas de besarle la frente, que le dan ganas de sentarse y leerle El principito, que le dan ganas de contarle cualquier historia suya aunque una enfermera no tenga grandes historias, seguro eso a él no le va importar…