Por Nery Alexis Gaitán
Insistimos en que la salud y la educación son los pilares fundamentales en que se cimenta la patria. Deben ser la prioridad, tanto de gobernantes como de la ciudadanía en general. La educación despliega una alta calidad existencial; y la salud perpetúa la vida que es el bien más preciado.
Aportar para que estos dos rubros sean desarrollados con eficiencia es responsabilidad de todos; es decir, de la sociedad en su conjunto. No solo le corresponde al gobierno, sino también a cada ciudadano. Los reclamos por una mejor atención médica y por una educación de calidad que eduque en aras de enaltecer la condición humana, son correctos, justos y necesarios.
Pero debe ser una labor conjunta entre los ciudadanos y el gobierno. Cada uno tiene su parte de responsabilidad en que se mejoren las condiciones de vida. Recalcamos, no solo le corresponde a las autoridades.
Estamos completamente de acuerdo en que se deben mejorar urgentemente los servicios brindados en los hospitales públicos. El personal laborante debe hacer su trabajo con eficiencia y en el tiempo preciso; y el gobierno debe proveer todos los insumos necesarios para que se brinde una atención médica de calidad. Pero, los médicos y enfermeras tratan como perros a los pacientes, hay fuga de insumos médicos; y el gobierno no provee los materiales y medicamentos que se necesitan y se llega al absurdo de no ejecutar todo el presupuesto asignado debido a una burocracia inoperante. Al respecto, no se utilizaron 1,200 millones de lempiras. Los hospitales públicos son una calamidad, esa es la terrible verdad.
En el sistema educativo público, los maestros brindan una educación de pésima calidad y han abandonado el apostolado que debe ser educar; y siguen una agenda política que mucho daño le causa a Honduras. El gobierno mantiene casi en el abandono los centros educativos y no brinda los materiales necesarios para que el proceso educativo se desarrolle con efectividad. Es en verdad lamentable, que nuestros niños y jóvenes salen del sistema educativo siendo casi unos analfabetas.
Los reclamos que en estas semanas están haciendo los maestros y doctores son correctos en la medida que luchan por una mejor educación y una atención médica más eficiente. Este movimiento empezó por ser reivindicador de los derechos del pueblo, pero pronto se convirtió en un campo de batalla al mando de la oposición política izquierdista que no descansa en su nefasto afán de crear caos y violencia en el país.
La violencia que este movimiento ha generado es inadmisible desde cualquier punto de vista y se debe rechazar completamente. La destrucción de la propiedad pública y privada es un acto delictivo que absolutamente nada tiene que ver con la mejoría en salud y educación. Y sí con los planes desestabilizadores de la oposición.
El gobierno no ha sido capaz de manejar esta crisis con eficiencia.y ha demostrado una terquedad absurda al no derogar los decretos que son la manzana de la discordia; y le ha permitido a la oposición que despliegue la violencia a la que están habituados. Y cuando los derogó no lo hizo de forma transparente, incluyendo a los principales líderes de la plataforma, ocasionando que la crisis continúe. Aunque los nuevos decretos contiene la respuesta a las exigencias planteadas por estos dos gremios.
La intolerancia al diálogo por parte de los dirigentes de los médicos y los maestros solamente confirma que no desean que se resuelva la crisis y por ende no quieren mejorar los sistemas de salud y educación. No es posible que estos gremios, que dicen pelear por una Honduras mejor, no admitan dialogar. Es obvio que lo que desean es seguir dañando al pueblo pobre que es quien siempre paga por todo.